Historia del buscón llamado don Pablos: la carcajada feroz de Quevedo ante una sociedad sin redención

En síntesis: El Buscón narra el fracaso de Pablos frente a una sociedad obsesionada con el linaje, la apariencia y el honor. La sátira de Quevedo convierte la novela picaresca en una crítica implacable del Siglo de Oro.

Pablos y la sociedad del Siglo de Oro

Hay libros que envejecen y otros que, con el paso de los siglos, parecen adquirir una capacidad aún mayor para incomodar. Historia del buscón llamado don Pablos pertenece sin duda a estos últimos. Escrita por Francisco de Quevedo en las primeras décadas del siglo XVII y publicada por primera vez en Zaragoza en 1626, la novela es una de las cumbres indiscutibles de la literatura picaresca española y, al mismo tiempo, una de las sátiras más despiadadas que produjo el Siglo de Oro.

Quien se acerque al Buscón esperando simplemente una sucesión de aventuras cómicas encontrará mucho más. Bajo el ingenio verbal, la caricatura y el humor grotesco se despliega una visión profundamente amarga de la sociedad. Quevedo no contempla el mundo de don Pablos con indulgencia. Lo observa como si cada personaje, cada oficio, cada aspiración y cada gesto social revelaran una grieta moral más profunda.

Pablos nace marcado por un origen que desea desesperadamente abandonar. Su padre es barbero y ladrón; su madre, personaje de reputación más que dudosa, aparece asociada a prácticas supersticiosas y delictivas. Desde las primeras páginas se impone así uno de los grandes conflictos de la obra: el deseo del protagonista de escapar de la condición que le ha sido asignada por nacimiento.

Pablos quiere ascender. Quiere ser reconocido. Quiere convertirse en alguien distinto de aquello que la sociedad dice que es.

Y fracasa.

Ese fracaso constituye el corazón de la novela.

El itinerario del protagonista puede leerse como una sucesión de intentos frustrados de abandonar la marginalidad. Pablos cambia de ciudad, de compañía, de apariencia e incluso de identidad social, pero siempre termina regresando al lugar del que pretendía huir. El desplazamiento geográfico no produce transformación moral alguna. La huida no conduce a la regeneración.

Quevedo formula esta idea con extraordinaria contundencia al final de la obra, cuando el protagonista decide partir hacia las Indias con la esperanza de mejorar su fortuna. La conclusión desmiente inmediatamente esa esperanza: cambiar de lugar no basta cuando no se cambia de vida y de costumbres.

Es una de las lecciones más severas de toda la literatura picaresca.

Pero el Buscón no es únicamente una historia de fracaso individual. Es también el retrato deformado de una sociedad obsesionada con la apariencia, el linaje, el dinero y el honor.

Los personajes que Pablos encuentra durante su recorrido forman una galería inolvidable de tipos humanos: maestros crueles, estudiantes miserables, hidalgos hambrientos, falsos caballeros, delincuentes, farsantes y aspirantes a una respetabilidad que casi siempre se sostiene sobre el engaño.

Uno de los episodios más célebres es el protagonizado por el licenciado Cabra, maestro de pupilaje cuya avaricia alcanza dimensiones casi monstruosas. La descripción que hace Quevedo de su cuerpo demacrado y de la miseria alimentaria a la que somete a sus alumnos constituye una de las grandes piezas de caricatura literaria del barroco español.

En Quevedo, el cuerpo nunca es simplemente cuerpo. Se convierte en lenguaje.

La extrema delgadez, la suciedad, la deformidad, la enfermedad o el hambre son procedimientos mediante los cuales el escritor convierte la realidad física en una acusación moral. El mundo del Buscón aparece degradado porque la sociedad que representa también lo está.

De ahí la importancia del estilo.

Quevedo fue uno de los grandes maestros del conceptismo, esa tendencia barroca que concentraba el significado mediante asociaciones inesperadas, juegos intelectuales, dobles sentidos, metáforas violentas y extraordinarias condensaciones expresivas.

En el Buscón, prácticamente ninguna descripción es neutral. Cada frase puede contener una exageración, una ironía o un desplazamiento semántico. Las palabras no se limitan a representar el mundo: lo deforman.

La realidad pasa por el lenguaje de Quevedo y sale de él convertida en caricatura.

Por eso leer el Buscón significa también enfrentarse a uno de los experimentos lingüísticos más brillantes de la prosa española. Muchas páginas funcionan simultáneamente como narración, sátira social y ejercicio de virtuosismo verbal.

Pero detrás de esa brillantez existe una cuestión más incómoda.

¿Podemos considerar a Pablos una víctima?

En parte, sí.

Ha nacido dentro de una sociedad extraordinariamente rígida, en la que la honra y el linaje condicionan profundamente las posibilidades de ascenso. El protagonista comprende muy pronto que su origen funciona como una condena social.

Sin embargo, Quevedo se resiste a convertirlo en un héroe injustamente perseguido.

Pablos engaña, roba, miente y manipula. Su deseo de ascender socialmente no suele apoyarse en el esfuerzo o en la transformación moral, sino en la simulación. Quiere parecer aquello que no es.

Esta ambigüedad vuelve extraordinariamente moderna la novela.

El lector puede comprender la violencia de la estructura social que oprime al protagonista y, al mismo tiempo, reconocer su propia responsabilidad en muchas de sus desgracias.

Ahí reside una diferencia decisiva respecto de otras obras de la tradición picaresca.

En Lazarillo de Tormes, el lector suele percibir con claridad cómo la necesidad y el hambre condicionan el comportamiento del protagonista. En el Buscón, Quevedo endurece el mecanismo. La pobreza continúa siendo esencial, pero el relato está impregnado por una mirada moral mucho más severa.

La risa que provoca la novela rara vez es completamente inocente.

Nos reímos de personajes humillados, de cuerpos degradados y de aspiraciones destruidas. La comicidad surge muchas veces de la crueldad.

Ese elemento obliga al lector contemporáneo a abordar la obra con cierta distancia crítica.

El Buscón pertenece a una sociedad profundamente jerarquizada y reproduce muchos de sus prejuicios. Algunas descripciones y determinados personajes incorporan estereotipos propios del contexto histórico y cultural del siglo XVII que hoy exigen una lectura contextualizada.

Pero precisamente ahí reside también el interés de leer los clásicos sin convertirlos en objetos decorativos.

Los clásicos no tienen por qué confirmar nuestras sensibilidades. A veces su función consiste justamente en enfrentarnos a universos morales distintos del nuestro.

Leer hoy a Quevedo significa entrar en una España barroca atravesada por profundas tensiones: decadencia económica, obsesión por la limpieza de sangre, desigualdad social, hambre, honor, religiosidad, violencia y permanente contradicción entre apariencia y realidad.

El mundo de Pablos es inseparable de ese contexto.

España conservaba todavía la imagen exterior de una gran potencia imperial, pero en su interior las dificultades económicas y sociales eran cada vez más evidentes. La literatura del período respondió a esa contradicción mediante una extraordinaria capacidad para mostrar la fragilidad escondida detrás de las apariencias.

Y pocos escritores llevaron esa operación tan lejos como Quevedo.

Su sociedad está llena de personajes que representan algo que no son.

El hidalgo aparenta riqueza mientras pasa hambre.

El delincuente busca respetabilidad.

El pobre intenta parecer caballero.

El ignorante quiere parecer sabio.

El cobarde se presenta como valiente.

El mundo entero parece participar en una representación.

Esta obsesión barroca por la oposición entre ser y parecer atraviesa toda la novela.

Pablos no quiere solamente mejorar su vida. Quiere construir una identidad distinta. Su fracaso revela el límite de esa empresa.

Por eso el Buscón puede resultar sorprendentemente cercano al lector contemporáneo.

Aunque las estructuras sociales hayan cambiado radicalmente, seguimos viviendo en sociedades donde la identidad pública, el prestigio, la apariencia y la representación tienen un enorme valor. Las redes sociales han llevado incluso esa lógica a una intensidad que Quevedo habría observado probablemente con fascinación satírica.

El deseo de parecer más rico, más exitoso, más culto o más poderoso de lo que realmente se es no pertenece exclusivamente al siglo XVII.

Tal vez por eso Pablos continúa resultándonos reconocible.

No porque compartamos su mundo, sino porque conocemos su deseo.

El deseo de escapar de uno mismo.

El deseo de ser aceptado.

El deseo de convertirse en aquello que los demás admiran.

Y también el peligro de creer que basta con cambiar la apariencia para transformar la realidad.

Cuatro siglos después de su publicación, Historia del buscón llamado don Pablos conserva intacta su capacidad para divertir, sorprender e incomodar.

Es una novela breve, vertiginosa y lingüísticamente prodigiosa. Pero es también una obra mucho más oscura de lo que puede sugerir inicialmente su fama humorística.

Detrás de cada burla aparece una sociedad que excluye.

Detrás de cada aventura, un intento de ascenso frustrado.

Detrás de cada máscara, la imposibilidad de escapar completamente del propio origen.

Y detrás de todo ello permanece la voz de Francisco de Quevedo, una de las inteligencias literarias más afiladas de nuestra lengua, observando el mundo con una mezcla irrepetible de lucidez, erudición, humor y ferocidad.

Leer el Buscón no significa solamente regresar a uno de los grandes clásicos de la literatura española.

Significa entrar en una sociedad que ha desaparecido y descubrir, con cierta inquietud, que algunas de sus vanidades siguen siendo las nuestras.

La arquitectura del crimen

En síntesis: la novela negra distribuye indicios, silencios y puntos de vista para regular lo que saben el detective y el lector. Este artículo examina esa arquitectura narrativa.

Cómo se construye el conocimiento criminal

Todo crimen narrativo es también un problema de construcción. Antes de que aparezca un cadáver, una investigación o un culpable, el novelista ya ha comenzado a decidir qué podrá saber el lector, desde qué conciencia observará los hechos, en qué orden recibirá la información y qué significado adquirirá cada silencio. La novela negra nace de esa arquitectura invisible.

La arquitectura del crimen. Narratología y técnicas de composición en la novela negra del siglo XXI es una extensa obra de referencia dedicada a estudiar cómo los autores más destacados de la narrativa criminal contemporánea han utilizado, transformado y llevado hasta sus últimas consecuencias los recursos de la moderna narratología.

Alba Longa examina las estrategias compositivas que permiten convertir una investigación en una experiencia intelectual, emocional y moral. La focalización, el punto de vista, el narrador no fiable, la manipulación del tiempo, la administración de las pistas, la elipsis, el suspense, la sorpresa, el giro argumental, la construcción de personajes, el diálogo, el subtexto y la configuración del espacio son analizados como piezas de un sistema narrativo en el que cada decisión modifica la experiencia del lector.

La reflexión teórica se apoya en las aportaciones fundamentales de Gérard Genette, Mijaíl Bajtín, Paul Ricoeur, Tzvetan Todorov y otros estudiosos de la narración, así como en los desarrollos de la narratología cognitiva. Sin embargo, el libro no se limita a exponer conceptos abstractos. Los pone a prueba mediante el análisis de obras concretas de Tana French, Pierre Lemaitre, Leonardo Padura, Fred Vargas, Gillian Flynn, Michael Connelly, Don Winslow, Keigo Higashino y numerosos representantes de las distintas tradiciones internacionales de la novela negra.

Este recorrido permite comprender cómo el género ha evolucionado durante el siglo XXI. El detective ya no es necesariamente el centro indiscutible del relato; la víctima recupera voz y memoria; la ciudad deja de funcionar como simple escenario para convertirse en fuerza narrativa; la investigación criminal se entrelaza con los conflictos de clase, género, identidad, corrupción, poder y memoria histórica. La verdad deja de ser una respuesta única y pasa a manifestarse como una realidad fragmentaria, disputada y, en ocasiones, imposible de restituir por completo.

La obra concede una atención especial a las relaciones entre autor, texto y lector. Una novela negra eficaz no es aquella que oculta arbitrariamente su solución, sino la que dirige la interpretación sin anularla. El lector participa en la investigación, evalúa testimonios, establece conexiones y revisa sus propias hipótesis. De ese modo, el suspense no depende solamente de lo que ocurrirá, sino de lo que cada nueva revelación obliga a reinterpretar.

Concebido tanto para escritores como para lectores, críticos, docentes y estudiantes, este volumen combina profundidad teórica, claridad expositiva y aplicación práctica. Sus apéndices, esquemas de análisis, herramientas de composición, glosario, cronología, atlas, bibliografía e índices especializados permiten utilizarlo como manual de consulta durante todas las etapas de la escritura: desde la concepción inicial hasta la revisión del manuscrito.

La arquitectura del crimen no ofrece fórmulas destinadas a producir novelas idénticas. Su propósito es más ambicioso: mostrar las posibilidades que se abren cuando el escritor comprende el funcionamiento profundo de una narración criminal. Porque conocer la técnica no elimina el misterio de la creación; permite construirlo con mayor libertad, precisión y potencia.

Una guía exhaustiva para descubrir cómo se diseña el crimen sobre la página, cómo se convierte la información en tensión y cómo puede una novela conducir al lector hasta la verdad sin dejar de enfrentarlo a sus zonas más oscuras.

El día que la literatura española prefirió el amor terrenal a la falsa santidad

En síntesis: Pepita Jiménez enfrenta la vocación religiosa de Luis de Vargas con el deseo amoroso y emplea la ironía para cuestionar la falsa santidad.

Pepita Jiménez entre deseo y vocación

A finales del siglo XIX, la novela española parecía dividida entre la denuncia social, el debate ideológico y esa fascinación casi anatómica por la miseria que traía el naturalismo francés. Sin embargo, en 1874, un diplomático cultísimo, esteta e irónico llamado Juan Valera decidió publicar una obra que rompía alegremente con la pesadumbre del momento. Su título era Pepita Jiménez, y su propuesta, algo profundamente revolucionario para la época: defender que la vida, la belleza y la felicidad terrenal no son enemigos de la virtud, sino su forma más plena.

Para construir esta provocación elegante, Valera no necesitó grandes escándalos ni escenarios estrambóticos. Le bastó la calma luminosa de un pueblo andaluz y un triángulo afectivo fascinante. La historia arranca con el regreso a casa de Don Luis de Vargas, un joven seminarista a punto de ordenarse sacerdote que ha sido educado lejos del mundo, alimentado de lecturas místicas y de una fe ciega en su propio destino sagrado. Luis vuelve para pasar una temporada con su padre, Don Pedro, un próspero hidalgo maduro que se encuentra en pleno cortejo de la mujer más deseada del lugar: Pepita Jiménez, una viuda de apenas veinte años, tan virtuosa como independiente y atractiva.

Lo que parecía una visita rutinaria se convierte de inmediato en un auténtico campo de batalla psicológico. Al entrar en contacto con el día a día del campo, con las conversaciones reposadas y con la presencia serena de Pepita, la coraza espiritual de Don Luis empieza a agrietarse.

El gran acierto de Valera radica en cómo retrata el autoengaño del seminarista. A través de las cartas que el joven envía a su tío, un deán de la Iglesia que ha sido su mentor, el lector asiste en tiempo real a una prodigiosa comedia del disimulo inconsciente. Luis insiste una y otra vez en que Pepita solo le inspira un afecto piadoso, una compasión fraterna o un interés estético; asegura que rezará por ella y que su vocación hacia el sacerdocio es inamovible. Sin embargo, entre línea y línea, la prosa delatadora de Valera deja ver cómo el muchacho analiza cada gesto de la joven, cómo repara en la pulcritud de sus manos, en la intensidad de sus miradas y en el perfume que deja al pasar.

Detrás de la aparente vocación mística de Luis no hay solo fe, sino también una buena dosis de soberbia intelectual. El joven se ha enamorado de la idea de ser un santo, un héroe de la Iglesia admirado por todos, elevado por encima de las debilidades del resto de los mortales. Pepita Jiménez representa la fuerza de la realidad: la naturaleza viva que se rebela contra las construcciones teóricas y las ambiciones ególatras vestidas de piedad.

La arquitectura narrativa de la novela refleja magistralmente esta transformación. La primera parte, puramente epistolar, nos encierra en la mente analítica y evasiva de Luis. Pero cuando los sentimientos desbordan la contención del papel y la tensión entre los dos jóvenes se vuelve insostenible, la novela abandona las cartas y adopta un narrador en tercera persona. La palabra debe dar paso a los hechos, culminando en un encuentro a oscuras donde el diálogo sincero y el contacto físico destruyen para siempre las ilusiones de santidad del seminarista.

A diferencia de otros grandes autores de su tiempo, como Benito Pérez Galdós o Emilia Pardo Bazán, Juan Valera rechazó de pleno la idea de que el arte debiera servir para moralizar de forma rígida o para retratar únicamente los aspectos oscuros y deterministas de la sociedad. Valera era un firme defensor del «arte por el arte» y del realismo idealizado: creía que la literatura tenía como misión principal proporcionar gozo estético, elegancia y consuelo. Por eso, en Pepita Jiménez no hay villanos repulsivos ni desenlaces trágicos. El propio padre de Luis, lejos de actuar como un rival celoso o despótico al descubrir lo que ocurre entre su hijo y la mujer que él pretendía, reacciona con una generosidad y una lucidez desarmantes, celebrando que el muchacho elija la vida real en lugar de un sacerdocio frustrado.

Releer hoy Pepita Jiménez en formato de artículo o ensayo es redescubrir una de las defensas más ingeniosas del vitalismo en la historia de la literatura en español. Valera no escribió una obra anticlerical ni una sátira vulgar; escribió una lección de madurez. Nos recuerda que no hay mayor peligro moral que el orgullo disfrazado de virtud y que, a menudo, la verdadera sabiduría consiste en desmontar nuestras propias fantasías de grandeza para atrevernos a abrazar, sin culpa, la felicidad simple y terrenal que nos ofrece el mundo.

Lazarillo de Tormes: el nacimiento de una voz moderna

En síntesis: Lazarillo de Tormes inaugura una voz autobiográfica moderna y convierte el hambre, el aprendizaje y la hipocresía social en los motores de la novela picaresca.

La voz de Lázaro y la novela picaresca

Hay libros cuya importancia procede de la perfección con la que culminan una tradición y otros cuya grandeza nace de haber abierto un camino que antes parecía inconcebible. La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades pertenece a esta segunda categoría. Su aparición anónima en 1554 introdujo en la literatura española una voz desconocida hasta entonces: la de un muchacho pobre que no aspiraba a conquistar reinos, defender una dama o restaurar un linaje, sino simplemente a comer, resistir y encontrar un lugar soportable dentro de una sociedad adversa.

El gesto literario resultaba radical. Frente a los caballeros de ascendencia ilustre, las aventuras extraordinarias y los mundos idealizados, Lázaro ofrece la historia menuda de una existencia condicionada por la necesidad. Su nacimiento junto al río Tormes no anuncia un destino heroico, sino una identidad humilde y casi fortuita. Su padre muere después de haber sido castigado por pequeños hurtos; su madre, empujada por la pobreza, lo entrega a un ciego; y el niño comienza así un aprendizaje en el que cada amo representa una nueva forma de violencia, simulación o desengaño.

El hambre constituye la experiencia fundamental de los primeros tratados. No es un simple motivo argumental, sino una fuerza que modela la inteligencia del protagonista. Lázaro aprende a observar, calcular, fingir y robar porque la necesidad le impone su propia moral. Con el ciego descubre que la inocencia es incompatible con la supervivencia. El golpe recibido contra el toro de piedra inaugura brutalmente su educación: el niño comprende que se encuentra solo y que deberá servirse de su ingenio para defenderse. A partir de ese momento, cada episodio se convierte en una pequeña batalla entre la astucia del amo y la del criado.

El clérigo de Maqueda agrava la experiencia. Si el ciego era avaro, el clérigo encarna una contradicción aún más perturbadora: administra los bienes espirituales y predica la caridad, pero mantiene a su servidor al borde de la muerte. El arca donde guarda el pan adquiere entonces las dimensiones de una fortaleza asediada. Las llaves, los agujeros y las supuestas incursiones de ratones y culebras transforman el hambre en una compleja guerra de interpretación. El episodio es cómico, pero su comicidad no atenúa la crueldad; al contrario, la vuelve más visible.

Con el escudero, la obra introduce uno de sus motivos centrales: la tiranía de la apariencia. Lázaro cree haber encontrado por fin un amo digno y acomodado. Pronto descubre que el hidalgo no posee comida, recursos ni capacidad para sostener la vida que pretende representar. Su honra depende de gestos, posturas y silencios. Prefiere pasar hambre antes que reconocer públicamente su pobreza. La inversión es magistral: el criado debe alimentar al amo, mientras el amo conserva una superioridad puramente ceremonial. La honra deja así de ser una virtud interior y se convierte en una máscara social que exige sacrificios absurdos.

Los amos posteriores amplían este inventario moral. El fraile, el buldero, el capellán y el alguacil vinculan la vida del protagonista con diferentes instituciones y oficios. Especial importancia posee el buldero, cuya habilidad para fabricar milagros y administrar la credulidad revela una sociedad en la que la verdad puede ser escenificada con eficacia comercial. Lázaro ya no contempla estos engaños con la sorpresa del niño recién entregado al ciego. Su mirada se ha acostumbrado progresivamente al fraude y comienza a integrarlo como parte ordinaria del mundo.

Esta evolución explica la extraordinaria complejidad del desenlace. Lázaro alcanza finalmente cierta estabilidad como pregonero de Toledo y contrae matrimonio con una criada del arcipreste de San Salvador. Sin embargo, sobre esa prosperidad circulan rumores acerca de la relación entre su mujer y el clérigo. Lázaro decide no escuchar las murmuraciones y declara encontrarse en la cumbre de toda buena fortuna. La expresión puede entenderse como una afirmación sincera, una defensa interesada o una ironía que el propio narrador no domina enteramente.

Ahí reside una de las mayores innovaciones del libro. Lázaro no es únicamente el personaje que vivió los acontecimientos; es también el adulto que los selecciona, ordena y explica. Entre ambos existe una distancia que el lector debe interpretar. El narrador pretende justificar su situación presente, pero los episodios que cuenta pueden revelar más de lo que él desea admitir. Su relato se convierte así en un ejercicio de autodefensa y, al mismo tiempo, en el testimonio involuntario de una degradación. El niño que robaba pan para no morir termina aceptando determinadas apariencias para conservar la seguridad alcanzada.

La anonimia de la obra ha alimentado durante siglos innumerables hipótesis. Se han propuesto autores pertenecientes a ámbitos cortesanos, humanistas, religiosos y reformistas, pero ninguna atribución ha logrado imponerse de manera definitiva. Este silencio del nombre parece, en cierto modo, adecuado a la naturaleza del libro. Lazarillo de Tormes no se presenta bajo la autoridad pública de un autor prestigioso, sino mediante la voz subalterna de alguien que pide ser escuchado porque su versión de los hechos ha permanecido fuera del relato oficial.

La obra fue además objeto de censura. Su tratamiento de determinadas figuras eclesiásticas, su sátira institucional y la ambigüedad de su perspectiva hicieron que fuera incluida en el índice inquisitorial. Posteriormente circuló una versión expurgada. Sin embargo, ni la censura ni las continuaciones apócrifas pudieron reducir la fuerza del texto original. Su influencia se extendió por la narrativa europea y contribuyó decisivamente a la formación de aquello que más tarde sería denominado novela picaresca.

Pero la grandeza del Lazarillo excede cualquier clasificación escolar. No se limita a inaugurar un género ni a ofrecer un documento sobre la sociedad del siglo XVI. Su verdadera permanencia procede de la precisión con la que representa ciertos conflictos humanos: la lucha por la subsistencia, el peso de las jerarquías, la necesidad de aparentar, la capacidad de justificar las propias renuncias y la frontera incierta entre adaptación y complicidad.

La presente edición filológica de lectura se propone devolver al lector toda esa riqueza sin convertir la obra en una pieza arqueológica. Los siete tratados aparecen completos y acompañados de un estudio introductorio, cronología, criterios editoriales, ochenta y una notas a pie de página, las adiciones de la edición de Alcalá, un glosario histórico y una bibliografía selecta. La regularización gráfica facilita la lectura contemporánea, mientras que las notas restituyen el contexto lingüístico, social e institucional necesario para comprender los matices del relato.

Leer hoy Lazarillo de Tormes significa asistir al nacimiento de una conciencia narrativa extraordinariamente moderna. Lázaro habla para explicar su vida, pero al hacerlo revela un mundo entero. Su voz parece humilde y, sin embargo, desmantela las pretensiones de quienes se consideran superiores. Parece resignada, aunque conserva una ironía corrosiva. Parece transparente, pero obliga al lector a desconfiar de cada justificación. En esa tensión entre lo dicho y lo insinuado, entre la risa y la crueldad, entre la fortuna proclamada y la adversidad todavía visible, permanece intacta la inagotable vitalidad de esta obra.

De vuelta al punto, novela de la memoria, la disidencia y la forma

   En un panorama literario saturado de relatos de fácil consumo, De vuelta al punto, de José Alemany Puig, irrumpe como una obra exigente, lúcida y hondamente moral. Tercer volumen del ciclo Crónicas de Sajará, esta novela confirma que todavía es posible narrar la memoria colectiva desde la inteligencia formal y la intensidad ética. Con un estilo que remite a los grandes exploradores del lenguaje narrativo —Rafael Chirbes, Juan Benet o Almudena Grandes—, Alemany construye una ficción donde la verdad no se proclama: se indaga.

   La novela alterna tres registros narrativos: los cuadernos manuscritos del padre y del abuelo Colliure, y una voz externa que, desde la distancia justa, organiza los fragmentos. Este juego polifónico no busca alardes estructurales, sino poner a prueba las distintas versiones de la historia. En De vuelta al punto, cada testimonio se confronta con otro, y cada memoria privada se mide con la colectiva. Así, la verdad se convierte en un proceso, no en un dogma.

   La trama se sitúa en una pequeña ciudad de provincias, donde José Colliure vuelve a ganarse la vida como taxista tras rechazar los favores del régimen franquista. En los cafés y casinos locales, su oposición pública lo enfrenta a viejos amigos, a la sospecha y, finalmente, al aislamiento. Su resistencia no es heroica ni panfletaria: es civil, cotidiana, articulada en gestos y silencios. En esa mirada moral sin retórica reside gran parte de la fuerza de la novela.

   Sobre esa base realista se superpone una trama de intriga. El asesinato de Rosendo Palacios y las pesquisas del sargento Calatayud introducen una dimensión de novela negra que funciona como motor ético: cada crimen es una pregunta sobre la responsabilidad. La investigación desplaza continuamente las hipótesis —¿venganza política o pasión amorosa? — y, con ello, desnuda los mecanismos de la verdad manipulada. Lo que parece un “caso resuelto” se revela como una escenificación calculada por Santiago Palau, hijo del antiguo alcalde republicano ajusticiado: un hombre que, en su afán de justicia, termina construyendo un teatro del engaño.

   En el fragmento final, el lector asiste al desenlace de esta maquinaria narrativa: los cuerpos, las cartas, los informes, las lluvias y los silencios se encadenan con una precisión casi forense. Cuando la verdad por fin emerge, lo hace demasiado tarde. La claridad llega con el cese de la lluvia, bajo un cielo estrellado que más que iluminar, sentencia.

   Nada en la escritura de Alemany es accesorio. Su prosa, densa pero respirable, está hecha de frases largas, minuciosas, que combinan la elegancia con la exactitud. Los espacios —el casino “La Linterna”, el marjal, las calles encharcadas— actúan como testigos de la conciencia. La lluvia persistente, que empapa el relato de principio a fin, es metáfora de una España que aún no ha secado sus heridas. La novela demuestra que el estilo puede ser una forma de ética: escribir con precisión es también resistir a la mentira.

   De vuelta al punto es, además, una novela de herencias cruzadas. Tres generaciones —abuelo, padre e hijo— narran, recuerdan y corrigen el pasado. Esa estructura coral transforma la saga familiar en espejo de la historia del país: cada voz reescribe la anterior, y en esa relectura se articula la posibilidad de una verdad compartida. La memoria, aquí, no es una acumulación de recuerdos, sino un acto de responsabilidad.

   Lejos de las reconstrucciones nostálgicas o de los discursos de revancha, Alemany propone una literatura que observa y razona. La presencia de diarios, cartas y confesiones no es un recurso estético, sino una declaración de principios: si la sociedad se edifica sobre silencios, la literatura debe ser el lugar donde esos silencios se rompen. Como señala Paul Ricœur, recordar es también interpretar; y esta novela se mueve justo en ese territorio donde la memoria se vuelve conocimiento.

   En tiempos de polarización y de relatos fáciles, De vuelta al punto defiende que la memoria sigue siendo un espacio de inteligencia. Releer la posguerra no implica abrir viejas heridas, sino aprender a mirarlas sin temor. Alemany Puig convierte la narrativa en un laboratorio moral: un lugar donde la verdad se busca con el rigor del historiador, la sensibilidad del poeta y la paciencia del juez.

   En definitiva, De vuelta al punto no solo continúa una saga literaria; reivindica una tradición: la de los escritores que entienden que narrar no es adoctrinar, sino pensar. Y en esa apuesta por la memoria como forma de lucidez, José Alemany Puig firma una de las novelas más sólidas y necesarias del presente panorama español.

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El confabulador de Ginebra: la novela que revela lo que nadie se atreve a contar

¿Hasta dónde estarías dispuesto a llegar para descubrir la verdad? El confabulador de Ginebra no es sólo una novela: es un viaje al corazón mismo de las conspiraciones que marcaron la historia reciente de Francia. los casos Clearstream, elf, las fragatas de Taiwán o rhodia dejaron tras de sí un rastro de intrigas políticas, maniobras financieras y escándalos que aún hoy siguen resonando en los tribunales y en los titulares.

Inspirándose en ese magma real, la novela construye un thriller implacable en el que banqueros, ministros y ejecutivos juegan una partida sin reglas. Paul Reitzenstein, heredero de una dinastía financiera, se convierte en el epicentro de una lucha feroz donde nada es lo que parece y cada alianza encubre una traición. Reuniones secretas a medianoche, expedientes desaparecidos, fortunas que cambian de manos en cuestión de horas: el lector avanza página tras página con la sensación de asistir a un secreto prohibido.

Lo que diferencia a El confabulador de Ginebra de otras novelas del género es su estilo. Con imágenes poderosas y un ritmo que combina la tensión del thriller con la densidad literaria, el autor logra que el lago de Ginebra, los despachos alfombrados y las mansiones vigiladas se conviertan en personajes por derecho propio. No es sólo una historia de poder: es una experiencia sensorial que envuelve al lector en un ambiente de sospecha constante.

Si disfrutas de novelas donde el suspense político se mezcla con el retrato psicológico de personajes complejos, El confabulador de Ginebra es tu próxima lectura imprescindible. Una obra que nos recuerda que, en la frontera entre la verdad y la mentira, siempre hay alguien dispuesto a mover los hilos.

¿Estás preparado para adentrarte en la conspiración?

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LAS MÁSCARAS SIEMPRE HABLAN CON ACENTO INGLÉS

   Clara Bardés, nieta de un famoso pintor ya fallecido, ha sido contratada para restaurar una serie de cuadros, datando algunos de ellos de la Edad Media, que se conservan en la catedral Notre-Dame de París. Durante una visita que efectúa en solitario a la parte alta del edificio, cuando ya los turistas se han marchado, advierte allí la deforme silueta de Ergaster, un perverso torturador al que creía muerto y de quien hubiera podido ser una víctima más, junto con el profesor Alba Longa, a no ser porque, en el último instante, intervino el comisario Tynianov. La catedral se cerró tras ella y el criminal, que al parecer no la había visto, quedó dentro. Ya en su apartamento, aterrorizada, llamó a Alba Longa y éste se puso en contacto con Tynianov. Entre los tres, tirando del hilo de la presencia en la catedral de este asesino, especialista en la llamada “muerte de los mil cortes,” descubren una terrible conspiración, cuyas funestas consecuencias se prevén para los próximos días.

I

   Año segundo del reinado de Macron. Tal como habíamos previsto en el libro anterior, Francia se halla bajo el signo del caos y la desolación. Por veinteavo sábado consecutivo, las calles de París y de las principales ciudades de la nación son el escenario de un enfrentamiento, violento y sin concesiones, entre un pueblo y una policía que se ha puesto incondicionalmente a las órdenes de una élite; la cual, mediante un procedimiento antidemocrático y corruptor de un sistema político, ya de por sí defectuoso, ha copado ilegítimamente todos los órganos de poder y no está dispuesta a ceder un ápice ante las masivas protestas de un entero cuerpo social, cuyo nivel de vida ha sido peligrosamente degradado por los distintos gobiernos anteriores,  en los que ella ya dominaba, aunque no con la arrogancia, con la prepotencia, con el desprecio absoluto y sin fisuras que ahora, completamente desinhibida de todo sentimiento humanitario, manifiesta en relación con quienes no tienen más remedio que vivir de un trabajo asalariado.

   La confianza de un pueblo hacia sus instituciones se ha roto irremisiblemente y, en el mejor de los casos, tardará decenios, tal vez generaciones, en recomponerse. La realidad que, hace tan sólo unos meses, las masas no veían, o no querían ver, actualmente aparece con unos contornos tan nítidos y tan deslumbrantes que hieren la vista del contemplador y sólo con una dosis desmesurada, desaforada, de hipocresía y desvergüenza, los medios de comunicación, también bajo la férula de dicha élite que los financia y los posee, creen poder paliar los efectos de tan percuciente, poderosa, revelación; pero con ello no consiguen sino alargar y profundizar el foso que separa al grueso de las masas populares de las fuentes oficiales de información, de toda modalidad de discurso que emane del poder establecido, excepto del que propagan, más o menos libremente, los nuevos instrumentos de comunicación, a través de Internet y la tecnología de última hornada. Por esta razón, muchos periodistas son expulsados violentamente de las manifestaciones.

   Cada sábado, el corazón de las grandes metrópolis francesas, incluida París, se envuelve con el velo de los gases lacrimógenos, del humo de coches y edificios ardiendo; resuenan con el estallido de granadas de dispersión, disparos de LBD, proclamas, consignas, insultos, desafíos, provocaciones; se adorna con los variopintos colores de las más diversas y opuestas banderas, de las garabateadas pancartas y del amarillo colza que, una vez, esas mismas élites, tuvieron la desgracia de imponer, según la astuta patente de corso consistente en efectuar un exhaustivo catálogo de buenas intenciones, con objeto de explotarlas industrialmente y hacer un lucrativo y privativo negocio con ellas. Hoy en día, todo el mundo posee uno de esos chalecos amarillos, por obligación, “per opus”, por necesidad. Y pintan las ciudades de una primavera ácida, color limón o amarillo colza.

   La policía antidisturbios ha recibido la orden de apuntar a la cara de los manifestantes, con el objetivo evidente de sembrar el terror, de acabar con las protestas mediante el arma del espanto y del horror. Ya se contabilizan una veintena de tuertos, a causa de esas balas de goma, varios pies y manos arrancados, por explosión de las granadas lacrimógenas. Y los mandos policiales llevarán ante la historia la inconmensurable responsabilidad de haber acatado semejantes órdenes provenientes de una exigua minoría dirigente que, para salvar sus privilegios, no duda en deshonrar la Nación ante el mundo, en mutilar, en golpear, en humillar a los mismos ciudadanos que tiene la obligación de proteger y gobernar. Infinidad de testimonios gráficos muestran a policías apuntando, sin necesidad alguna, hacia lo alto, hacia la cara de quienes se encuentran allí, en la calle que es de todos, para defender el pan y el futuro de sus hijos.

   Tras los antidisturbios se concentran las hordas de la BAC, dispuestas a la razzia por sorpresa, a la fulgurante embestida que golpea con las porras, con las manos, que empuja y derriba con sus cuerpos acorazados por todo tipo de protecciones, que elige a una víctima, sea varón, hembra o adolescente, para echarla al suelo de cualquier manera, con tirón, con zancadilla, de los pelos si se trata de una mujer y ofrece ahí mejor presa, y acto seguido la arrastran por el suelo, la cubren, la esconden de los ojos y los objetivos de los curiosos, le golpean la cabeza contra el suelo, la sujetan con la rodilla, con todo el peso de sus cuerpos, en plural. Finalmente, rodean a los núcleos de manifestantes, los cercan y lanzan las granadas lacrimógenas en medio de ellos.

   Pero hoy en día, una dictadura no puede durar mucho tiempo, aunque se vista con los solemnes ropajes de una pseudodemocracia, de un grosero sucedáneo de democracia, aunque se dote de un formidable y todopoderoso aparato de propaganda, porque existe Internet y unos teléfonos móviles que filman y difunden, en el acto, las escenas que captan, a la ciudad y al mundo.

   La oligarquía, que había creído en el fin de la historia, razón por la cual dejó caer progresivamente una parte de la máscara, algún que otro velo pío que disimulaba su fealdad moral, se ve ahora amenazada en su corazón, en su médula, en el entero templo donde se venera el dios de la falsedad, la propaganda, el mito huero y el egoísmo, de modo que, ante la emergencia, no le importa dejar caer el resto de la careta y hacer un uso abierto y sin tapujos de la violencia mientras conserve el dominio de la fuerza.

   Sin embargo, la culpa de todo ese desacato, de todo ese desorden superlativo, no puede tenerla un solo hombre. Si bien ese hombre, Macron, ha contribuido, con una eficacia temible, mediante fórmulas discursivas absolutamente delirantes, formidables en su irresponsabilidad, mediante una actitud gratuitamente provocadora cuya arrogancia desmesurada sólo puede ser comparada, según declara un periódico británico, con su incompetencia, a echar, no aceite sobre el fuego, por emplear una expresión francesa, sino gasolina, queroseno, sobre una entera sociedad en llamas, sobre una nación que arde por sus cuatro costados, sobre un pueblo inflamado por una razón altamente combustible, precisamente a causa de su elevado grado de verdad y de justicia en sus reivindicaciones.

   No, no basta con un solo hombre para generar tal dimensión en el caos, en la exasperación generalizada, en el enfrentamiento de todos los cuerpos y capas de la sociedad e incluso de sus instituciones. Era menester, además, que estuviera rodeado, como diría un gran escritor latino, de la más espectacular cáfila de mampolones que imaginarse pueda. Jamás en la vida del mundo se ha visto semejante hato de incompetentes acaparar por completo todos los puestos de responsabilidad de una de las grandes naciones del planeta. Se diría que, en razón a la ausencia de un verdadero partido político de solera tras este gobierno, la absoluta totalidad de las altas funciones del Estado, incluidas los ministerios, ha sido acordada a los escolares que, durante las últimas elecciones presidenciales, llamaban a las puertas de las casas para hacer la propaganda electoral por su candidato. De ese candidato que rehusó participar en las primarias de un partido en que jamás había militado y en el que jamás había creído, pero que era útil para medrar y también para enredar. Todo ese pelotón de imberbes, bisoños en política, niñatos malcriados por una cuna de privilegiado, se encontraron, de la noche a la mañana, sin comérselo ni bebérselo, ministros con tal o cual cartera, subsecretarios de esto o de lo otro, consejeros de lo de más allá. Y entre todos han creado, en cuestión de unos meses, la mayor de las crisis que ha estallado en el mundo occidental después de la Segunda Guerra Mundial.

   Lo peor de todo es que están ellos a primera fila para solucionar lo que un hombre de las tripas de un De Gaulle o un Mitterrand quizá no hubiera bastado.

   Cuando esto acabe, ¿cómo no pedir responsabilidades, no ya a este hato de colegiales, sino a las altas instancias de las finanzas y de los medios de comunicación que hicieron posible, a fuerza de millones y de propaganda, que esto llegara a suceder?

   Paralelamente, en las instancias de la Unión Europea, jamás los vientos adversos habían soplado con tanta furia y las elecciones previstas para el 26 de mayo amenazan con desencadenar una tormenta sin precedentes. Los británicos no han podido salir todavía. Se hallan con un pie dentro y otro fuera, en una incómoda situación transitoria que genera una frustración cuyo contorno desborda el de las islas y se propaga al continente. Sin embargo, peor sería que consiguieran al cabo irse y no pasara absolutamente nada. Si bien, la verdadera puñalada trapera, la auténtica catástrofe disgregadora, la constituiría el hecho de que, no solamente no pasara nada, sino que, por el contrario, les fuera bien. Y no digamos si acaso les fuera mejor.

   Los países del Este europeo no toleran ya la inmigración salvaje. Las clases medias del Sur están hartas de pagar impuestos, de no ver los beneficios de los mismos y de empobrecerse a ojos vista. Sólo le va bien a Alemania, a Holanda, Dinamarca y a los países que se han reconvertido en paraísos fiscales. Pero un hombre es un voto y las melopeas, letanías y demás cantinelas de lo políticamente correcto no son tan eficaces como lo fueron antaño, antes de la Revolución del 2018.

   La situación es grave.

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Un cadáver en Sajará: literatura, misterio y crítica social en una novela singular

En el pequeño y ficticio municipio de Sajará, próximo al Mediterráneo, se abre un relato que se mueve entre la novela policíaca, la reflexión literaria y la crítica social. La historia comienza con un hallazgo inquietante: un escritor, especialista autodidacta en literatura del siglo XVIII, aparece muerto en su despacho. Es la empleada de la limpieza quien descubre el cadáver.

El inspector Néstor Páramo se hace cargo de la investigación. Todo apunta, según el equipo forense, a un suicidio. Sin embargo, la rutina del protocolo policial exige que no se dé nada por sentado. A través de Páramo, el lector conocerá poco a poco tanto al escritor fallecido como a una joven rusa de extraordinaria belleza, encargada de la limpieza, cuya figura se convertirá en clave del relato.

Una vida entre la erudición y el aislamiento

El difunto no era un académico al uso. Nunca asistió a la universidad, ni concedió entrevistas, ni participó en congresos. Fue un autodidacta radical y solitario, que, desde la clausura de un vetusto caserón familiar, se abrió paso hasta convertirse en una referencia internacional en el estudio de la Ilustración hispánica. Su misantropía y su reclusión extrema lo hicieron un personaje enigmático, casi fantasmal.

En los capítulos centrales, un flashback devuelve la voz al propio escritor. El lector descubre entonces una existencia marcada por dos cargas: una deformidad física visible y, más inquietante todavía, la convicción —sostenida por hechos perturbadores— de ser portador de un “mal de ojo” fulminante, que golpea con la muerte a quienes lo hieren o lo rechazan. Para un hombre culto, racionalista y conocedor de la Ilustración, admitir semejante superstición es inaceptable; pero la acumulación de sucesos parece apuntar a lo contrario.

El choque con la belleza

El equilibrio precario de su mundo interior se rompe con la llegada inesperada de Lizavetta, una joven rusa que sustituye temporalmente a la vieja ama de llaves enferma. La muchacha, dotada de una belleza excepcional, encarna para él tanto la amenaza como la atracción.

El escritor sabe que, si ella llegara a manifestar el menor gesto de repugnancia hacia su figura, podría ser su sentencia de muerte. De ahí nace un dilema obsesivo: protegerla significa ocultarse a toda costa. El relato se convierte entonces en un juego de luz y sombra dentro del caserón, donde cada encuentro frustrado incrementa la tensión narrativa.

Una ciudad, un caserón, una atmósfera

La casa familiar en ruinas, descrita como un buque varado en la sombra, se convierte en un escenario cargado de simbolismo. Es un espacio dual: por un lado, oscuro, lúgubre y clausurado; por otro, atravesado fugazmente por destellos de luz que encarnan la posibilidad de redención.

El pueblo de Sajará, con sus supersticiones, su jerarquía social basada en la tierra y un trasfondo ideológico todavía arcaico se erige como un microcosmos crítico de la provincia profunda española, donde persisten estructuras de poder y mentalidades tradicionales.

El regreso del inspector

El último capítulo devuelve al lector al presente de la investigación. El inspector Páramo, siempre atento a las apariencias, alberga dudas sobre Lizavetta. Sin embargo, la irrupción de un notario cambia el rumbo del caso. No obstante, el verdadero desenlace se halla unas líneas más abajo, en un final abierto que interpela directamente al lector.

La obra no cierra con respuestas definitivas, sino con la exigencia de que el propio receptor se convierta en juez, completando el sentido del relato.

Una novela para leer con calma

Esta novela no es únicamente una intriga policíaca. Es también una exploración psicológica y social, una meditación sobre la soledad, la deformidad, el poder devastador de la superstición y la violencia latente en comunidades cerradas.

Su estilo privilegia el mostrar antes que contar, con abundancia de diálogos tensos y escenas cargadas de atmósfera. La narración alterna perspectivas —el inspector, el escritor, la joven rusa— para ofrecer al lector un mosaico rico y sugestivo.

Por qué leerla

  • Porque combina lo mejor de la novela negra con la introspección literaria.
  • Porque cuestiona la frontera entre razón ilustrada y superstición ancestral.
  • Porque presenta personajes profundamente humanos, contradictorios y memorables.
  • Porque, al cerrar el libro, el lector se queda con la pregunta final, obligado a reflexionar y reconstruir la trama en su mente.

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Si buscas una lectura intensa, que una el misterio policial, la crítica social y la literatura de ideas, esta obra es para ti.

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La sombra de Notre Dame

Clara Bardés, nieta de un pintor célebre pero ya desaparecido, se encontró recientemente ante una tarea que podría cambiar no sólo el rumbo de su carrera, sino también su propia vida. Había asumido, con pasión y entrega, la restauración de una serie de cuadros conservados en la majestuosa catedral de Notre-Dame de París, algunos de los cuales se remontaban a la Edad Media.

Una tarde, cuando los turistas ya habían partido y las moles de piedra del templo quedaban encerradas en su silencio, Clara se atrevió a subir a los niveles superiores del edificio. Allí, entre los arcos góticos y las enigmáticas gárgolas, distinguió una silueta deformada. Era Ergaster, el sádico torturador que todos creían muerto; el mismo que estuvo a punto de hacerla víctima suya, junto con el profesor Alba Longa, de no haber intervenido en el último instante el comisario Tynianov.

La puerta de la catedral se había cerrado tras ella. El criminal permaneció dentro, sin haber percibido, al parecer, su presencia. Aún temblando de miedo, Clara regresó a su apartamento y de inmediato llamó al profesor. Longa se puso en contacto con Tynianov y así los tres comenzaron a desenredar la madeja de un asunto que desbordaba toda lógica.

Ergaster, especialista en la llamada “muerte de los mil cortes”, no era simplemente un asesino superviviente. Su presencia en Notre-Dame constituía una señal de una conspiración más amplia. Los hilos llevaban a una hermandad secreta, a reuniones sombrías en torno a mesas circulares, bajo pesados candelabros y máscaras venecianas de oro y diamantes.

Clara sentía que pisaba un terreno donde el pasado y el presente se enfrentaban. Los frescos y cuadros que había asumido salvar, testigos de siglos, parecían susurrarle advertencias. La catedral ya no era un simple lugar de culto o de historia; se había convertido en un teatro de una inminente catástrofe.

Los días siguientes se preveían decisivos. El trío, unido ya por el miedo pero también por el deber, debía desvelar la conspiración antes de que estallara con consecuencias incalculables. En las piedras de Notre-Dame no resonaban sólo salmos e himnos, sino también el eco de una amenaza que se acercaba metódicamente, como un trueno lejano que anuncia la tormenta.

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«EL MISTERIOSO CANDOR DE LOS TRENES» (lectura recomendada)

   En una suntuosa mansión colgada de un acantilado, sobre el mar Mediterráneo, aparecen dos cadáveres. Son marido y mujer. Están sentados ante una mesa espléndida, con mantel y servilletas de un blanco impecable, sin que falten los candelabros, los más delicados manjares, vinos y champán. Se habían vestido de punta en blanco para lo que tenía todo el aspecto de una cena romántica. Sin embargo, se habían envenenado el uno al otro. ¿Por qué no de común acuerdo o mediante la intervención de un tercero? Pues porque en ambos casos lo más lógico habría sido utilizar un solo veneno para los dos. Y allí se habían utilizado dos tósigos distintos y dificilísimos de obtener, tanto el uno como el otro. Pero ello planteaba una dificultad: la coincidencia temporal en el paso al acto. ¿Cómo, sin previo acuerdo, se les ocurrió a los dos hacer lo mismo, en el mismo momento? Al inspector Páramo sólo se le ocurría una pista: la noche anterior se había producido el fenómeno conocido como luna roja.

   Interviene un flashback y un cambio de espacio radical. Nos trasladamos a Buenos Aires donde un joven detective da sus primeros pasos en la investigación criminal bajo la tutela del inspector Esteban Mendoza, el cual, por primera vez en su vida, se halla en un callejón sin salida pues, con toda su ciencia y experiencia, no es capaz de echar el guante a un asesino en serie que suele actuar en los alrededores de la Estación de Retiro. Este asesino parece pasar por debajo de todos los radares. Y hay otra cosa que desconcierta particularmente a Mendoza. Las víctimas son atrozmente mutiladas en lugares donde mucha gente debía haber escuchado sus gritos y no fue así.

   Paralelamente, se desarrolla otra acción. Una abuela de la Plaza de Mayo investiga todavía sobre el paradero de sus hijos, los padres de Donato, el nieto que la policía le permitió conservar. La compañera de Donato se obsesiona porque cree conocer la identidad del asesino de Retiro. Según ella, es su vecino de arriba, Mario Aventino.

   Todo va a concluir en la lujosa mansión del principio, habitada ahora por otra pareja.

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Desentrañando la Novela Negra en el Laberinto Postmoderno Literario.

La novela negra, género literario que se sumerge en los misterios oscuros y las tramas intrincadas, ha encontrado un terreno fértil en el complejo paisaje del postmodernismo. En este artículo, exploraremos la fusión única de elementos de suspense, crimen y metaficción que caracteriza a la novela negra dentro del contexto postmoderno.

El postmodernismo, con sus raíces en la segunda mitad del siglo XX, desafía las convenciones narrativas establecidas y cuestiona la naturaleza misma de la realidad. En este contexto, la novela negra no sólo adopta los elementos clásicos de detectives y crímenes, sino que también juega con la naturaleza misma de la narrativa y la verdad.

Así pues, asistimos durante este período a un intento de deconstrucción del género y a la introducción del fenómeno de la metaficción en la novela negra. Uno de los aspectos más intrigantes de la novela negra postmoderna es su tendencia a desmantelar las expectativas del lector. Autores como Paul Auster en «La Trilogía de Nueva York» o Jorge Luis Borges con sus relatos detectivescos experimentan con narradores poco confiables, tramas entrelazadas y la noción de que la verdad es subjetiva. Cabe mencionar otros ejemplos significativos, los cuales comparten, por cierto, un rasgo común, el caos en la ciudad o en la comunidad en que transcurre la acción del relato:

1. «El nombre de la rosa» de Umberto Eco

Esta obra maestra postmoderna combina elementos de novela histórica, thriller y misterio. Eco teje una trama detectivesca en un monasterio medieval, desafiando no solo las normas del género sino también explorando conceptos filosóficos profundos.

2. «El Gran Vidrio» de Sergio Pitol

Pitol, maestro del relato corto y la novela negra, incorpora elementos de la cultura popular y la crítica literaria en su obra. «El Gran Vidrio» es una amalgama de misterio, cultura pop y experimentación narrativa.

3. «Blanco Nocturno» de Ricardo Piglia

Piglia, en su novela «Blanco Nocturno», desdibuja las líneas entre el género policial y la reflexión posmoderna. La historia de un crimen en una pequeña ciudad argentina se convierte en una exploración de las capas de la historia y la memoria.

La novela negra, dentro del paradigma postmoderno, se convierte así en un fascinante laberinto literario. Los autores desafían las normas, juegan con las expectativas del lector y exploran las complejidades de la verdad. En este cruce de géneros y realidades, la novela negra postmoderna ofrece una experiencia única que invita a los lectores a cuestionar no sólo quién cometió el crimen, sino también la naturaleza misma de la realidad en la que se comete. En este sentido no podemos dejar de mencionar el caso de “Crónica de una muerte anunciada”, de Gabriel García Márquez en el que sabemos desde el principio quiénes son los asesinos y cómo cometieron el crimen, ahora bien, el interés de la novela se halla justamente en el análisis de la realidad en que se comete el asesinato, lo que no impide que constituya una obra maestra del género negro y que se devore con fruición.

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El Enfrentamiento Secreto entre la Iglesia y la Masonería: Un Velado Conflicto a lo Largo de la Historia.

El enfrentamiento histórico entre la Iglesia y la Masonería ha sido un tema oculto bajo capas de misterio y especulación. A medida que exploramos este enfrentamiento secreto, nos adentramos en un mundo donde las sombras danzan entre las piedras antiguas de catedrales y los salones de logias masónicas.

Los masones se consideran los Guardianes de la Luz o Arquitectos del Secreto. La Masonería, una sociedad fraternal que se remonta a los gremios de constructores de la Edad Media, ha sido envuelta en misterio y teorías de conspiración. Sus rituales secretos y símbolos enigmáticos han alimentado las sospechas de la Iglesia a lo largo del tiempo.

Desde los primeros días de la Masonería, la Iglesia expresó desconfianza. Las ideas ilustradas y el deseo de libertad individual promovidos por la Masonería entraron en conflicto con la autoridad eclesiástica. El caso de los Illuminati en el siglo XVIII avivó las llamas de la paranoia, llevando a la Iglesia a condenar a la Masonería.

A lo largo de la historia, la Iglesia emitió edictos y bulas papales contra la Masonería. En 1738, el Papa Clemente XII emitió la primera condena formal. La Inquisición también desempeñó un papel, persiguiendo a aquellos que eran sospechosos de tener vínculos masónicos.

Durante la Revolución Francesa, la Masonería fue vista como una fuerza impulsora detrás de los cambios sociales y políticos. La Iglesia condenó estos movimientos, considerándolos amenazas a su poder e influencia.

En el siglo XX, algunos líderes eclesiásticos adoptaron posturas más conciliatorias. El Concilio Vaticano II (1962-1965) expresó una actitud más abierta hacia otras religiones y organizaciones, incluida la Masonería. Sin embargo, la desconfianza persistió entre algunos sectores conservadores de la Iglesia.

Enfrentamiento Actual entre la Iglesia Católica y la Masonería: Entre Dogmas y Secretos

El enfrentamiento entre la Iglesia Católica y la Masonería ha evolucionado a lo largo de la historia, y en el contexto actual, ciertos sectores de la Iglesia mantienen una postura de desconfianza hacia la Masonería. Este enfrentamiento no solo está arraigado en las diferencias históricas, sino que también se nutre de percepciones contemporáneas y de la tensión entre dogmas religiosos y secretos masónicos.

En el siglo XXI, la Masonería sigue siendo vista por algunos sectores de la Iglesia como una entidad incompatible con la ortodoxia católica. La divergencia en términos filosóficos y dogmáticos sigue siendo un punto de conflicto. La promoción de la libertad individual y la búsqueda de la verdad por parte de la Masonería choca con la autoridad doctrinal y dogmática de la Iglesia.

A pesar de ciertos esfuerzos de reconciliación, algunos sectores conservadores de la Iglesia continúan emitiendo declaraciones oficiales desaconsejando la participación de católicos en la Masonería. La excomunión automática de los católicos que se unen a logias masónicas sigue siendo una realidad en algunos lugares.

En la Iglesia, las posturas conservadoras a menudo consideran a la Masonería como una fuerza secular que promueve valores contrarios a la fe católica. La falta de transparencia en las ceremonias masónicas y la percepción de secretismo alimentan la desconfianza.

La Iglesia católica busca preservar y promover su doctrina, manteniendo la fidelidad a los dogmas y ejerciendo influencia moral en la sociedad. Cualquier entidad que represente una amenaza perceptible contra estos objetivos es vista con sospecha.

La Masonería, por otro lado, aboga por principios de fraternidad, igualdad y libertad individual. Su enfoque en la iluminación personal y el pensamiento crítico choca a veces con la estructura doctrinal y la autoridad de la Iglesia. Sin embargo, su impermeabilidad, su elitismo, su secretismo, la posible pérdida de la independencia individual una vez se ha entrado en ella, la vasta red de influencias que utiliza, en cierto modo, como si fuera una mafia más y que le permite manejar la práctica totalidad de las instituciones, así como su compromiso político con la plutocracia, que ésta utiliza para afianzar su omnímodo poder, despiertan una desconfianza generalizada entre quienes todavía creen en la democracia y en la igualdad de oportunidades de todos los ciudadanos, sin distinción de medios y de clase social.

En un mundo que ha experimentado cambios significativos en términos de valores y percepciones, este enfrentamiento sigue siendo un recordatorio de las tensiones entre las instituciones que buscan preservar tradiciones centenarias y aquellas que abrazan ideales más contemporáneos.

El enfrentamiento actual entre ciertos sectores de la Iglesia Católica y la Masonería refleja las complejidades de reconciliar la fe arraigada en tradiciones con un mundo que abraza la diversidad de pensamiento y la exploración personal. A medida que ambos campos buscan avanzar sus objetivos, el choque de filosofías y valores persiste, dejando este enfrentamiento en constante evolución en el tejido de la historia religiosa y social.

Si bien la relación permanece tensa en el siglo XXI, lo cierto es que se han producido ciertos intentos de diálogo. La relación entre la Iglesia y la Masonería sigue siendo complicada. La excomunión automática de los católicos que se unen a logias masónicas no se derogó hasta 1983.

El enfrentamiento entre la Iglesia y la Masonería es tan antiguo como complejo. A medida que avanzamos en el siglo XXI, estas instituciones siguen siendo guardianes de sus respectivas tradiciones y secretos, las sombras del pasado perduran, y la naturaleza exacta de su relación permanece envuelta en misterio.

Este enfrentamiento secreto, una danza entre la luz y la oscuridad, continúa dejando su marca en la historia, recordándonos que incluso en el mundo de lo sagrado, las intrigas y los secretos pueden florecer.

“Las máscaras siempre hablan con acento inglés” es una obra de ficción que desarrolla este tema en el ámbito de la novela negra. Puede adquirirla pulsando este lazo:

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El Laberinto de la Falsificación en el Arte Contemporáneo: Entre la Creatividad y el Engaño.

El mundo del arte contemporáneo, fascinante y en constante evolución, se encuentra a menudo enredado en el intrincado laberinto de la falsificación. Este fenómeno, que se ha intensificado con la creciente valorización de obras maestras modernas, plantea preguntas críticas sobre la autenticidad, la originalidad y los límites de la creatividad.

En el arte contemporáneo, la pintura, en particular, se ha convertido en una frontera difusa entre la autenticidad y la imitación. Pintores sutiles, pero menos conocidos a menudo caen en el juego de imitar a los grandes maestros, mientras que los estafadores aprovechan esta oportunidad para crear falsificaciones hábilmente elaboradas.

Con los avances tecnológicos, la falsificación en el arte ha alcanzado nuevas alturas. Desde la replicación exacta de pinceladas hasta la imitación de texturas y papeles específicos, los falsificadores contemporáneos utilizan herramientas avanzadas para crear copias que desafían incluso a los ojos más agudos.

La línea entre el artista menos conocido y el estafador virtuoso a menudo se desvanece. Algunos artistas menos destacados recurren a la falsificación como un medio para obtener reconocimiento, mientras que los estafadores hábiles se sumergen en el mundo del arte, estudiando estilos y técnicas para engañar incluso a los expertos más avezados.

El mercado del arte contemporáneo, con su voracidad por las obras maestras, a veces se convierte en cómplice de este juego peligroso. La alta demanda y los precios exorbitantes pueden cegar a los compradores y a los mismos intermediarios, permitiendo que obras falsificadas entren en colecciones prestigiosas.

La autenticación de obras de arte contemporáneo se ha convertido en una tarea monumental para los museos y expertos. Los desafíos radican en la sofisticación de las falsificaciones y la presión constante para adquirir nuevas piezas. El debate sobre qué es más importante, la autenticidad o el valor artístico, sigue siendo un tema candente.

El arte contemporáneo, con su enfoque en la innovación y la experimentación, se enfrenta a un desafío significativo en el creciente problema de la falsificación. Navegar por el laberinto de la falsificación no solo requiere vigilancia por parte de los compradores y expertos, sino también una reflexión más profunda sobre los valores que impulsan el mercado del arte contemporáneo. ¿Es la autenticidad la única medida del valor artístico, o debemos reconsiderar nuestra definición de lo auténtico en este apasionante mundo creativo?

He aquí un tratamiento ficticio del tema:

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«El Libro del Buen Amor» del Arcipreste de Hita: Un Viaje Irreverente a la Edad Media

En el vasto universo de la literatura española, «El Libro del Buen Amor» del Arcipreste de Hita se erige como un monumento literario que desafía las convenciones de su época y nos transporta a un mundo donde la sátira, el humor y la irreverencia se entrelazan en una danza literaria única.

Esta obra, escrita en el siglo XIV, es un compendio de historias y poemas que giran en torno al tema del amor, pero que abarcan mucho más. Su título, «Libro del Buen Amor», podría llevar a engaño, ya que su contenido está lejos de ser una guía tradicional sobre el amor cortés. Más bien es una exploración profunda y a menudo humorística de las complejidades del amor y la vida en la Edad Media.

El Arcipreste de Hita, cuyo nombre real es Juan Ruiz, utiliza un estilo narrativo ingenioso y desenfadado para llevarnos de la mano a través de sus experiencias y observaciones sobre el amor y la sociedad de su tiempo. Su obra es una mezcla ecléctica de anécdotas, diálogos ingeniosos, poemas líricos y consejos amorosos, todo ello impregnado de un tono satírico que cuestiona las normas sociales y religiosas de la época.

Una de las características más notables de «El Libro del Buen Amor» es la diversidad de personajes que pueblan sus páginas. Desde el propio Arcipreste, quien se presenta como un amante torpe y un pecador redimido, hasta La Mojigata, personaje que encarna la hipocresía religiosa, cada figura representa un aspecto diferente de la sociedad medieval. Estos personajes, a menudo exagerados en sus peculiaridades, ofrecen una visión lúcida y crítica de la moralidad de la época.

El tema del amor en la obra de Juan Ruiz es multifacético. Aunque el Arcipreste aborda el amor cortés, lo hace de manera irónica, destacando las contradicciones entre las expectativas idealizadas y la realidad humana. También explora el amor carnal y el deseo, a menudo de manera humorística, pero sin caer en la vulgaridad. A través de sus historias, el autor nos recuerda que el amor es un sentimiento complejo y que puede manifestarse de muchas formas.

La sátira y la irreverencia son dos elementos clave de «El Libro del Buen Amor». El Arcipreste de Hita no teme cuestionar las normas sociales, religiosas y morales de su tiempo. Su humor agudo y su actitud provocadora desafían las convenciones, y a menudo utiliza el sarcasmo para señalar la hipocresía y la doble moral que observa en la sociedad medieval.

A pesar de su irreverencia, «El Libro del Buen Amor» también contiene una crítica implícita a la corrupción y a la falta de valores morales de la época. El Arcipreste aboga por una vida basada en la honestidad y la sinceridad, y utiliza la sátira como una herramienta para señalar las debilidades humanas y los defectos de la sociedad.

En resumen, «El Libro del Buen Amor» del Arcipreste de Hita es una obra literaria que desafía las normas y las expectativas de su época, ofreciendo una mirada irreverente y humorística a la sociedad medieval y al tema del amor. Su estilo narrativo ingenioso y su crítica satírica lo convierten en una obra maestra de la literatura española que sigue siendo relevante y fascinante en la actualidad.

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Torquemada en la hoguera: La Llama de la Conciencia que Ilumina las Sombras.

  

   Benito Pérez Galdós nos entrega en «Torquemada en la hoguera», una obra magistral que nos sumerge en los oscuros recovecos de la conciencia humana, una novela que arde como una llama en nuestras mentes, iluminando las sombras de la sociedad y planteando preguntas fundamentales sobre el poder, la moral y la lucha por la justicia.

   En esta obra fascinante, Galdós nos adentra en la vida de José María Buenaventura Torquemada, un hombre de negocios y especulador implacable que se enfrenta a un juicio moral en el que su pasado y sus acciones se convierten en el combustible de la hoguera en la que arde su conciencia. A través de su prosa penetrante y su capacidad para crear personajes complejos, el autor nos sumerge en la lucha interna de Torquemada, enfrentando el peso de sus decisiones y el conflicto entre sus ambiciones y la búsqueda de redención.

   La trama se despliega con maestría, llevándonos a través de los laberintos de la ambición y la codicia. Galdós nos presenta un abanico de personajes, desde los empresarios despiadados hasta los artistas y pensadores que representan la conciencia crítica de la sociedad. Cada página nos sumerge en un torbellino de emociones y nos confronta con nuestras propias contradicciones y dilemas éticos.

   La grandeza de «Torquemada en la hoguera» radica en la capacidad de Galdós para explorar las profundidades de la condición humana. A través de su mirada perspicaz, nos invita a cuestionar los cimientos morales de nuestra sociedad y a examinar las motivaciones que nos impulsan en la búsqueda del poder y la riqueza.

   El autor nos desafía a reflexionar sobre los límites de la moralidad y la fragilidad de nuestras convicciones. A medida que seguimos los pasos de Torquemada en su viaje hacia la introspección y la posible redención, somos confrontados con las contradicciones inherentes a nuestra existencia y nos obliga a cuestionar nuestras propias acciones y responsabilidades en la construcción de un mundo más justo.

   «Torquemada en la hoguera» es un llamado a la reflexión y a la búsqueda de la verdad. Galdós nos muestra que la verdadera grandeza literaria reside en la capacidad de confrontarnos con nuestras propias sombras y despertar nuestra conciencia, recordándonos que el poder y la riqueza son efímeros, pero la conciencia y la búsqueda de la justicia trascienden el tiempo y el espacio.

   Esta obra trasciende, en efecto, su tiempo y lugar, resonando en cada rincón del mundo donde el poder y la moral se entrelazan en una danza eterna. Es un recordatorio de que el camino hacia la redención y la justicia es un viaje personal y colectivo, y que nuestras acciones individuales tienen el poder de transformar el mundo que habitamos. Así pues, se erige como una obra literaria perdurable y atemporal, que nos invita a cuestionar nuestras propias convicciones y a luchar por un mundo más justo y equitativo. Benito Pérez Galdós nos muestra que, aunque la hoguera de la conciencia pueda arder intensamente, es a través del fuego que encontramos la claridad y el camino hacia la redención.

En definitiva, esta obra de Galdós nos sumerge en un viaje introspectivo y emocional a través de la lucha interna de un hombre atrapado en sus propias contradicciones. Galdós nos invita a enfrentar nuestras propias sombras y a luchar por la justicia y la verdad en un mundo lleno de ambiciones y desafíos morales.

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Peñas arriba: La Evocación de un Mundo Rural Olvidado

  

   «Peñas arriba» es una novela de José María de Pereda que nos trasporta a los paisajes y las tradiciones de la Cantabria del siglo XIX, despertando nuestra nostalgia y evocando un pasado perdido.

   En esta obra, Pereda nos lleva a través de sus páginas a la vida cotidiana de los habitantes de los valles cántabros. A través de su pluma sensible y su prosa evocadora, el autor nos presenta un retrato detallado de los paisajes, las costumbres y las gentes que conforman el tejido de esta tierra.

   La trama se desarrolla con delicadeza y autenticidad, llevándonos a conocer a los personajes inolvidables que habitan este mundo rural. Pereda nos muestra sus alegrías y sus penas, sus luchas y sus anhelos, enmarcados por un paisaje imponente y lleno de vida.

   La grandeza de «Peñas arriba» radica en la capacidad de Pereda para transmitirnos la esencia misma de este mundo rural. A través de sus descripciones minuciosas y su atención a los detalles, nos sumerge en la atmósfera de la vida rural, nos hace sentir el aroma de las montañas, escuchar el susurro de los ríos y vivir las emociones de sus personajes con una intensidad palpable.

   A medida que avanzamos en la historia, nos encontramos con los conflictos y desafíos que enfrentan los personajes, desde las tensiones sociales hasta los dilemas morales y las luchas internas. Pereda nos invita a reflexionar sobre los valores y tradiciones que conforman la identidad de una comunidad, y nos muestra cómo el choque entre la modernidad y las costumbres arraigadas puede generar tensiones y conflictos profundos.

   «Peñas arriba» es más que una simple novela, es una ventana hacia un pasado que se desvanece lentamente en la memoria colectiva. Pereda nos invita a reflexionar sobre la importancia de preservar nuestras raíces y tradiciones, y nos muestra la belleza y la riqueza de una cultura que está en peligro de desaparecer.

   Esta obra trasciende su tiempo y lugar, resonando en cada rincón del mundo donde las tradiciones y el legado cultural se ven amenazados. Es un llamado a preservar nuestra identidad y a honrar nuestras raíces, recordándonos que las historias locales tienen un valor universal y nos conectan con lo más profundo de nuestra humanidad, erigiéndose como una obra literaria conmovedora y perdurable, que nos invita a apreciar y valorar los tesoros de nuestro pasado. José María de Pereda nos muestra que el alma de una comunidad se encuentra en sus tradiciones y en el amor que sus habitantes sienten por su tierra.

   Para concluir, «Peñas arriba» nos sumerge en un viaje melancólico y poético a través de un mundo rural olvidado, invitándonos a reflexionar sobre la importancia de nuestras raíces y a recordar que la verdadera grandeza reside en la preservación de nuestra identidad cultural. Esta obra maestra perdura en el tiempo como un testimonio del legado literario de Pereda y como un recordatorio de que el pasado sigue vivo en nuestras historias y tradiciones.

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La Vida de Marco Bruto: Un Retrato Profundo del Alma Trágica

  

   «Vida de Marco Bruto», es una biografía ficticia que nos sumerge en la psicología trágica de uno de los personajes más emblemáticos de la historia romana.

   En esta obra, Quevedo nos transporta a la antigua Roma, donde conocemos la vida de Marco Bruto, el eterno antagonista de Julio César. A través de su estilo conceptista, el autor nos sumerge en las luchas internas y las motivaciones profundas de este personaje trágico.

   La trama se desarrolla con maestría, llevándonos desde la juventud de Bruto hasta su participación en la conspiración que culminó con el asesinato de César. A través de este viaje, Quevedo nos muestra la complejidad moral de Bruto, quien se debate entre el amor por su país y su lealtad hacia un amigo y líder carismático.

   La grandeza de esta obra radica en la habilidad de Quevedo para penetrar en los recovecos del alma humana. A través del personaje de Bruto, nos adentramos en las dudas existenciales, las luchas éticas y los dilemas morales que afligen al ser humano. Quevedo nos invita a reflexionar sobre la naturaleza de la lealtad, el sacrificio y la traición, arrojando luz sobre las paradojas y contradicciones inherentes a la condición humana.

   «Vida de Marco Bruto» es un retrato profundo y emotivo de un personaje trágico, cuyas acciones y motivaciones resuenan en los confines de la historia. Quevedo nos muestra cómo las pasiones y los ideales pueden llevar a la destrucción y la tragedia, pero también nos recuerda la fuerza y el coraje que pueden emerger de las almas atormentadas.

   A través de su prosa magistral y su perspectiva aguda, Quevedo nos sumerge en los dilemas morales y las emociones humanas que trascienden el tiempo. Su habilidad para explorar la dualidad de la naturaleza humana y plasmarla en palabras nos deja fascinados y nos invita a reflexionar sobre nuestras propias batallas internas.

   La presente obra se erige como un testimonio perdurable de la maestría literaria de Quevedo y su capacidad para capturar la complejidad y la grandeza de la condición humana. Es un llamado a adentrarnos en los abismos de nuestra propia existencia, a enfrentar nuestros propios demonios y a reflexionar sobre las decisiones que moldean nuestras vidas. En definitiva, nos sumerge en un viaje emocional y filosófico a través de los recovecos del alma trágica; mostrándonos, al propio tiempo, la belleza y la desventura que yacen en lo más profundo de nuestro ser, recordándonos que la grandeza literaria reside en la capacidad de explorar la complejidad humana y despertar en nosotros la búsqueda de la verdad y la comprensión de nosotros mismos.

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EL SECRETO DEL «HIEROS GAMOS» ENCERRADO EN UNA NOVELA QUE NADIE LEE.

     

      Hace algún tiempo publiqué en este blog una reseña del primer volumen de “El cáliz y la espada” que llevaba como título “De repente esa luz” en la cual manifesté mi perplejidad ante ciertos aspectos curiosos de esta novela. Más tarde surgió el segundo volumen titulado “Aunque camine por el valle de sombra de muerte” en referencia al salmo 23 en que figura este versículo: “Aunque camine por el valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estás conmigo; tu vara y tu cayado me infunden aliento.” En esta segunda parte continúa haciéndose referencia a la llamada “Mesa de Salomón”, conocida también con los nombres de Tabla o Espejo de Salomón–, una leyenda que cuenta cómo el rey Salomón escribió todo el conocimiento del Universo, la fórmula de la creación y el nombre verdadero de Dios: el Shem ha-meforash, que no puede escribirse jamás y sólo debe pronunciarse para provocar el acto de crear, supuestamente depositada en el segundo templo de Jerusalén, trasladada luego a Roma cuando Tito lo destruyó en el año 70 y guardada primero en el templo de Júpiter Capitolino y después en los palacios imperiales. Cuando los godos saquearon Roma en el año 410, fue llevada a Carcasona, como parte del «Tesoro Antiguo», y luego a Rávena, para salvarla de los ataques francos. En 526 la reclamó el rey Amalarico, y Teodorico, rey de los ostrogodos, se la devuelve. Cuando Alarico II tuvo que abandonar Tolosa, la capital de los visigodos, en el año 507, perseguido por los francos, para refugiarse en España, la llevó consigo. Se supone que, tras el asesinato del rey en Barcelona, la Mesa fue trasladada con el resto del tesoro, que se instaló en Toledo (nueva capital), concretamente en las llamadas Cuevas de Hércules. Parece lógico suponer que, ante la posibilidad de que cayera en manos de los conquistadores musulmanes, sus custodios le hicieran emprender un viaje hacia el norte, hacia Oviedo, en un primer momento, y quizá más tarde hacia Francia o cualquier otro reino cristiano, al abrigo de tal amenaza. Este tema de la Mesa ha sido frecuentemente puesto en relación con las leyendas del Santo Grial y con las del ciclo artúrico, en las que, como es de dominio público, se menciona la Tabla redonda, que podría no ser como se la suele imaginar.

   Éste sería, en apariencia, el tema principal de la novela pues, de hecho, los personajes de la obra, representantes de las principales facciones políticas de la época, se enfrentan, bajo la atenta mirada de Carlomagno, para apoderarse de tan importante objeto. Sin embargo, tras el tema de la Mesa, se oculta otro no menos misterioso y cargado de connotaciones e implicaciones místicas: el del “hieros gamos”, del griego antiguo hieros, sagrado, y gamos, unión o relación sexual, designando en la mitología una unión sagrada entre dos divinidades, o entre un dios y un ser humano. La hierogamia se sitúa en un cuadro simbólico, a menudo ritual, que asigna a la actividad sexual un significado místico, la unión sexual de los dos principios divinos, el masculino y el femenino. Trazas de tal visión se encuentran en la mitología celta y germánica, así como en el gnosticismo que atribuye a la reunión del principio masculino y el femenino uno de los más altos fines de la existencia espiritual del ser humano. En el Evangelio según Tomás, apócrifo cristiano surgido de la biblioteca de Nag Hammadi, leemos (logión número 7): “¿Iremos nosotros al Reino? Jesús les dice: Cuando hagáis el dos Uno… a fin de hacer el macho y la hembra en uno solo.”

   Carl Gustav Jung, en su obra “Cuatro arquetipos”, cuando habla de los aspectos positivos del complejo de la madre, escribe lo siguiente: “No hay conciencia sin discriminación de los opósitos… Nada puede existir sin su opuesto; los dos fueron uno en el principio y serán uno de nuevo al final… Conflicto engendra fuego, el fuego de los afectos y emociones, el cual, como cualquier otro fuego, tiene dos aspectos, el de la combustión y el de la creación de luz. Por una parte, la emoción es el fuego alquímico cuyo calor trae todo a la existencia y cuyo ardor quema lo superfluo y lo convierte en cenizas. Pero por otra parte, emoción es el momento en que el acero se encuentra con la piedra y surge la chispa, por eso la emoción es la principal fuente de la conciencia. No hay cambio de la oscuridad a la luz, o de la inercia al movimiento, sin emoción… Lo que parece una convulsión sin sentido se convierte en proceso de purificación… La conciencia la transforma (a la mujer) en liberadora y redentora.”

   He aquí el verdadero tema, secreto, o más bien sepultado por palabras, de la novela. Cuantos tratan de pronunciar el nombre de la divinidad inscrito en la Mesa, fracasan y mueren. Sin embargo, los iniciados en el misterio, recogen los beneficios, pues lo pronuncian a dos y son un hombre y una mujer.

   Tal vez el misterioso autor-narrador quiera sugerirnos que toda plegaria, toda fórmula mágica, debe ser pronunciada de este modo para que haya verdadera creación. Aunque, después de todo, sólo se trata de una novela, es decir, una obra de ficción, que, si acicateado por la curiosidad desea leer, puede encontrarla aquí:

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Y en audiolibro.

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LOS PROCEDIMIENTOS DE INVESTIGACIÓN POLICIAL

En síntesis: los procedimientos de investigación policial aportan verosimilitud a la novela negra cuando se integran en la trama sin convertir la ficción en un manual técnico.

Cómo integrar la investigación policial en la ficción

Los procedimientos de investigación policial son una serie de técnicas y métodos utilizados por la policía para resolver crímenes y esclarecer la verdad. Estos procedimientos son esenciales para garantizar una investigación justa, rigurosa y ética, y para asegurar que los derechos de los sospechosos y las víctimas se respeten.

Los procedimientos de investigación policial incluyen una variedad de tareas, como el análisis de la escena del crimen, la recopilación de pruebas y evidencias, entrevistas e interrogatorios, así como análisis forense y técnico. Además, los investigadores policiales a menudo trabajan en equipo con otros agentes de ley y agencias gubernamentales para compartir información y coordinar su investigación.

Sin embargo, a pesar de su importancia, los procedimientos de investigación policial se enfrentan con frecuencia a desafíos y controversias. Por ejemplo, los derechos humanos y la legalidad son aspectos críticos que deben ser considerados en todas las investigaciones policiales. La policía también debe garantizar la privacidad y la protección de la información confidencial, especialmente en una era en que la tecnología y la digitalización están cambiando la forma en que se llevan a cabo las investigaciones.

La diversidad y la inclusión también son temas clave en los procedimientos de investigación policial. Es importante garantizar que los investigadores reflejen la diversidad de la comunidad y que trabajen de manera justa y equitativa con todos los individuos implicados en la indagación, independientemente de su raza, género, orientación sexual o cualquier otra identidad.

Además, la inteligencia artificial y la automatización están cambiando la forma en que la policía investiga los crímenes. Aunque estas tecnologías pueden ayudar a la policía a realizar pesquisas más eficientes y precisas, también plantean preocupaciones sobre la privacidad y la protección de datos, así como sobre la posible discriminación y el uso injusto de la tecnología.

En conclusión, los procedimientos de investigación policial son esenciales para garantizar una averiguación justa y rigurosa, y para proteger los derechos de todas las personas involucradas. A medida que la tecnología y la sociedad continúan evolucionando, es importante seguir desarrollando y mejorando los procedimientos de investigación policial para garantizar que lo sigan siendo al tiempo que se adaptan al progreso.

La historia de los procedimientos de investigación policial se remonta a siglos atrás, a una época en la que la policía no existía y los delitos eran investigados por la población local. Con el tiempo, los países comenzaron a crear fuerzas policiales oficiales y a desarrollar métodos más formales para investigar crímenes.

En el siglo XIX, en el Reino Unido, la policía de Londres se convirtió en una de las primeras fuerzas policiales organizadas en el mundo. La policía londinense desarrolló una serie de técnicas para investigar crímenes, incluyendo la recopilación de información sobre sospechosos y la realización de entrevistas e interrogatorios. Con el tiempo, estos métodos se extendieron a otras partes del mundo y se convirtieron en los procedimientos de investigación policial estándar.

En los Estados Unidos, los procedimientos de investigación policial evolucionaron con la creación de la primera fuerza policial profesional en 1845 en Nueva York. La policía de Nueva York desarrolló métodos innovadores para investigar crímenes, incluyendo el uso de detectives y la creación de un sistema de archivos de criminales conocidos.

A lo largo del siglo XX, la tecnología y la ciencia avanzaron, y los procedimientos de investigación policial evolucionaron para adaptarse a estos cambios. La introducción de la fotografía y la huella dactilar permitieron a la policía recopilar pruebas de una manera más precisa y rigurosa. La creación de departamentos de criminología y la incorporación de técnicas de análisis forense también mejoraron la eficacia de las investigaciones policiales.

En la actualidad, los procedimientos de investigación policial continúan evolucionando para adaptarse a los desafíos y los avances tecnológicos. La policía utiliza cada vez más la tecnología, como la inteligencia artificial y la automatización, para mejorar la eficiencia y la precisión de las investigaciones.

En suma, la historia de los procedimientos de investigación policial es una historia de evolución y adaptación a los cambios en la tecnología y la sociedad. A medida que la tecnología y la ciencia continúan avanzando, es probable que los procedimientos de investigación policial sigan evolucionando para mantenerse al día con los cambios y mejorar la eficacia de las investigaciones.

Los procedimientos de investigación policial constituyen una parte crucial de la justicia criminal. Son el medio a través del cual la policía recopila y analiza información para resolver crímenes y hacer justicia a las víctimas. La importancia de estos procedimientos radica en que aseguran una investigación justa y rigurosa que ayuda a garantizar una solución equitativa para los crímenes cometidos.

  1. Protección de los derechos de los sospechosos: Los procedimientos de investigación policial protegen los derechos de los sospechosos al asegurar que se les investigue de manera justa y equitativa. Esto incluye la recopilación de pruebas adecuadas, la realización de entrevistas e interrogatorios justos y la protección contra la detención ilegal y la confesión forzada.
  2. Mejora de la eficacia de la investigación: Los procedimientos de investigación policial rigurosos y sistemáticos permiten una investigación más efectiva y precisa. Esto ayuda a la policía a recopilar información relevante y a analizar las pruebas adecuadamente para llegar a una solución justa para el crimen.
  3. Reducción de errores: Al seguir procedimientos de investigación estrictos, se minimizan los errores y las injusticias en la investigación. Esto reduce el riesgo de condenar a una persona inocente y ayuda a garantizar una solución justa para los crímenes cometidos.
  4. Mejora de la confianza en la justicia criminal: La aplicación de procedimientos de investigación rigurosos y justos mejora la confianza de la sociedad en la justicia criminal. Esto asegura que la policía actúe de manera responsable y ética en la investigación de los crímenes y en la protección de los derechos de los ciudadanos.

En conclusión, son esenciales para asegurar una investigación justa y rigurosa, protegen los derechos de los sospechosos, mejoran la eficacia de la investigación, reducen los errores y mejoran la confianza en la justicia criminal. Es importante que se sigan y apliquen estrictamente para garantizar una solución justa para los crímenes cometidos.

He aquí algunos de los principales hitos y desarrollos en la investigación policial.

  1. Creación de fuerzas policiales: La creación de las primeras fuerzas policiales organizadas en el Reino Unido y los Estados Unidos en el siglo XIX fue uno de los primeros hitos en la investigación policial.
  2. Desarrollo de técnicas de investigación: La policía londinense y la policía de Nueva York desarrollaron algunas de las primeras técnicas de investigación policial, incluyendo la recopilación de información sobre sospechosos y la realización de entrevistas e interrogatorios. Estos métodos se convirtieron en los estándares para la investigación policial.
  3. Fotografía y huella dactilar: La introducción de la fotografía y la huella dactilar en el siglo XIX permitió a la policía recopilar pruebas de una manera más precisa y rigurosa. Estos avances fueron esenciales para mejorar la eficacia de la investigación policial.
  4. Análisis forense: La creación de departamentos de criminología y la incorporación de técnicas de análisis forense en el siglo XX permitieron a la policía recopilar y analizar pruebas de una manera más efectiva y rigurosa. Estos avances revolucionaron la investigación policial.
  5. Tecnología: La tecnología ha tenido un impacto enorme en la investigación policial. La utilización de inteligencia artificial y automatización en la investigación policial es cada vez más común y permite una exploración más eficiente y precisa.
  6. Reformas legales: Las reformas legales han tenido igualmente un impacto importante en la investigación policial. Las leyes que protegen los derechos de los acusados, como la exclusionary rule y el Miranda rule, han mejorado la justicia en la investigación policial.

La policía utiliza una variedad de métodos y técnicas para recopilar y analizar información a fin de llegar a una solución justa para el crimen. Aquí describimos algunos de los métodos y técnicas más comunes utilizados en la investigación policial.

  1. Entrevistas e interrogatorios: La policía realiza entrevistas e interrogatorios para obtener información de testigos, sospechosos y víctimas. Estas entrevistas pueden ser formales o informales y deben realizarse de manera justa y equitativa para proteger los derechos de los sospechosos.
  2. Análisis de pruebas: La policía analiza una variedad de pruebas, incluyendo pruebas de ADN, huellas digitales, rastros de pisadas y otros tipos de pruebas físicas. Estas pruebas son analizadas en laboratorios especializados para determinar su relación con el crimen y ayudar a identificar al sospechoso.
  3. Reconstrucción del crimen: La policía puede reconstruir el crimen para entender cómo sucedió e identificar al sospechoso. Esto puede incluir la recreación de la escena del crimen, la inspección de la evidencia y la entrevista a testigos y sospechosos.
  4. Investigación de antecedentes: La policía puede realizar investigaciones de antecedentes para obtener información sobre los sospechosos y determinar si tienen antecedentes criminales previos.
  5. Análisis de patrones: Se trata de analizar patrones de crimen para identificar tendencias y determinar si el crimen se ha producido en el pasado. Esto puede ayudar a identificar a un sospechoso o a prevenir futuros crímenes.
  6. Interrogatorios psicológicos: Puede igualmente realizar interrogatorios psicológicos para obtener información de los sospechosos. Estos interrogatorios han de ser realizados por psicólogos o expertos en conducta humana y deben realizarse de manera justa y equitativa.

Estos son solo algunos de los métodos y técnicas más comunes utilizados en la investigación policial. Cada investigación es, sin embargo, única y puede requerir la utilización de métodos y técnicas específicos para llegar a una solución justa del crimen.

El análisis de la escena del crimen constituye una parte crucial de la investigación policial. Es el proceso de examinar, documentar y recopilar pruebas en el lugar donde un crimen ha ocurrido. Esta información es vital para ayudar a identificar al sospechoso y resolver el crimen.

El análisis de la escena del crimen comienza con la identificación y marcación de las áreas críticas. Esto incluye la marcación de las pruebas físicas, como armas, huellas digitales y otros objetos relacionados con el crimen. La policía también puede fotografiar y grabar la escena para preservar su apariencia original.

Después de marcar las áreas críticas, la policía comienza a recopilar pruebas. Esto incluye la recolección de muestras de ADN, huellas digitales, cabello y otros materiales relacionados con el crimen. También pueden recopilar pruebas de la ropa de la víctima y del sospechoso, así como de la escena en sí.

Una vez que se han recopilado las pruebas, se llevan al laboratorio para su análisis. En él, los expertos utilizan una variedad de técnicas para analizar las pruebas y determinar su relación con el crimen. Esto incluye el análisis de huellas digitales, pruebas de ADN y otros materiales relacionados con el crimen.

El análisis de la escena del crimen es un proceso complejo y requiere una gran cantidad de experiencia y conocimiento. La policía debe seguir procedimientos estrictos para asegurar que la información y las pruebas recopiladas sean precisas y confiables.

El análisis de la escena del crimen es, por consiguiente, una parte esencial de la investigación policial. Es un proceso detallado y riguroso que ayuda considerablemente a identificar al sospechoso y resolver el crimen.

Las entrevistas e interrogatorios son igualmente técnicas fundamentales utilizadas en los procedimientos de investigación policial. Estas técnicas se utilizan para obtener información y pruebas de los sospechosos, testigos y víctimas. Las entrevistas e interrogatorios son una parte importante de la investigación policial y deben ser llevados a cabo de manera cuidadosa y profesional para asegurar la precisión y fiabilidad de la información obtenida.

Una entrevista es una conversación informal entre la policía y una persona susceptible de poseer información relevante para una investigación. La policía puede llevar a cabo una entrevista para obtener información sobre el crimen, el sospechoso o cualquier otro aspecto relacionado con el caso. La entrevista debe ser una conversación libre y no forzada para asegurar que la información sea precisa y veraz.

Un interrogatorio es una conversación más formal y estructurada entre la policía y un sospechoso. Durante un interrogatorio, la policía puede hacer preguntas específicas y detalladas sobre el crimen y el sospechoso. El objetivo de un interrogatorio es obtener una confesión o información relevante para la investigación.

Es importante que la policía siga procedimientos adecuados durante las entrevistas e interrogatorios. Particularmente debe respetar los derechos de la persona que está siendo entrevistada o interrogada y asegurarse de que la información obtenida sea precisa y confiable. Además, la policía debe asegurarse de que cualquier confesión o información obtenida durante un interrogatorio sea alcanzada de manera voluntaria y no sea resultado de una presión o intimidación indebida.

El análisis forense y técnico es una herramienta esencial, ya que proporciona una gran cantidad de información valiosa y objetiva sobre los hechos investigados.

El análisis forense consiste en el uso de la ciencia y la tecnología para recopilar y analizar evidencias en un escenario del crimen o en una investigación criminal. Esto incluye la recopilación de pruebas físicas, como huellas dactilares, ADN, balística, entre otras, así como la investigación de la información digital, como correos electrónicos, archivos de computadora y registros de dispositivos móviles.

El análisis técnico, por su parte, es una herramienta que se utiliza para analizar la información recogida a través de la tecnología, incluyendo el monitoreo de llamadas telefónicas, la localización de dispositivos GPS y la recuperación de información borrada de dispositivos electrónicos.

La importancia del análisis forense y técnico en los procedimientos de investigación policial radica en que brinda una perspectiva objetiva y confiable sobre los hechos investigados. Estas pruebas son admisibles en un juicio y pueden ayudar a establecer la culpabilidad o inocencia de un sospechoso. Además, el análisis forense y técnico puede ser utilizado para resolver casos que de otra manera serían difíciles de solucionar, brindando a los investigadores una visión completa de los hechos y ayudando a esclarecer la verdad.

Así pues, el análisis forense y técnico constituye una parte crucial de los procedimientos de investigación policial, ya que proporciona información valiosa y objetiva que puede ser utilizada para resolver casos y obtener justicia para las víctimas y sus familias. La tecnología continúa avanzando y es importante que los investigadores estén capacitados en el uso de estas herramientas para lograr investigaciones más efectivas y eficientes.

La recopilación de pruebas y evidencias es otro aspecto crucial en cualquier investigación policial. La importancia de esta fase radica en que permite establecer una línea de investigación sólida y concluyente, y proporciona información valiosa para la resolución de un caso.

Una recopilación eficiente de pruebas y evidencias aumenta las posibilidades de éxito en una investigación policial, ya que permite identificar y relacionar elementos clave para el caso. Además, estas pruebas pueden ser utilizadas en el proceso judicial como evidencia contra un sospechoso o para refutar la culpabilidad de un acusado.

Es importante destacar que la recopilación de pruebas y evidencias debe ser llevada a cabo de manera cuidadosa y siguiendo rigurosos protocolos, para garantizar su integridad y validez en un futuro proceso judicial. Esto incluye la documentación detallada de cómo y cuándo se recopilaron las pruebas, y su almacenamiento adecuado para preservar su integridad.

Además, es fundamental que la recopilación de pruebas y evidencias sea realizada por un equipo especializado, formado por expertos en investigaciones y en técnicas de recopilación de pruebas. Estos profesionales están capacitados para identificar, recopilar y analizar pruebas de manera objetiva y precisa.

El trabajo en equipo y la colaboración con otras agencias pueden ser igualmente factores clave. La combinación de esfuerzos y recursos de diferentes entidades permite a la policía resolver de manera más efectiva y eficiente los casos y lograr resultados más positivos.

La colaboración con otras agencias, como el FBI, la DEA o el departamento de bomberos, puede proporcionar información adicional y recursos técnicos que pueden ser de gran ayuda. Por ejemplo, la DEA puede proporcionar información sobre tráfico de drogas, mientras que el departamento de bomberos puede ofrecer información sobre incendios o explosivos.

Además, el trabajo en equipo entre diferentes unidades policiales, como la investigación criminal, la unidad de delitos violentos y la unidad de inteligencia, puede ayudar a identificar patrones y relaciones que pueden ser clave en una investigación. La combinación de habilidades y perspectivas únicas de cada unidad puede resultar en una investigación más exhaustiva y completa.

Es importante destacar que la colaboración y el trabajo en equipo pueden revelarse esenciales en la solución de casos a nivel internacional. Así pues, tiende a colaborar con agencias como Interpol, cuando se trata de resolver casos que tienen ramificaciones que van más allá del ámbito de una nación concreta. De este modo, la combinación de esfuerzos, recursos y habilidades únicas de diferentes entidades puede resultar en investigaciones más exhaustivas y efectivas, y en una mayor probabilidad de resolución de casos. La colaboración es sobre todo importante en casos internacionales, donde puede ser necesario combinar los recursos y habilidades de diferentes agencias para resolver de manera efectiva un caso.

Por otra parte, la inteligencia artificial (IA) y la automatización están revolucionando la investigación policial en muchos aspectos. Desde la recopilación y análisis de datos hasta la identificación de patrones y la solución de casos, estas tecnologías están mejorando la eficiencia y efectividad de la investigación policial.

La IA posee la capacidad de analizar grandes cantidades de datos en cuestión de segundos, lo que significa que los investigadores pueden tener acceso a información valiosa mucho más rápido que antes. Por ejemplo, un sistema de IA es capaz de analizar las llamadas telefónicas, los mensajes de texto y las redes sociales relacionados con un caso para identificar patrones y pistas importantes.

Además, la automatización también está ayudando a los investigadores a recopilar y categorizar pruebas de manera más eficiente. Por ejemplo, los sistemas de automatización pueden escanear imágenes y vídeos de cámaras de seguridad en busca de patrones y evidencias, lo que significa que libera a los investigadores de ciertos trabajos mecánicos para concentrarse en tareas más complejas.

La IA también está ayudando a la policía a solucionar casos más rápidamente. Por ejemplo, los sistemas de reconocimiento facial pueden comparar ciertas imágenes disponibles con bases de datos de criminales conocidos para identificar a posibles sospechosos.

Sin embargo, es importante destacar que la IA y la automatización no reemplazan completamente a los investigadores humanos. La IA puede proporcionar información valiosa y pistas, pero los investigadores humanos son responsables de interpretar y verificar esa información para asegurarse de que es precisa y relevante.

En conclusión, la IA y la automatización están teniendo un impacto significativo en la investigación policial. Desde la recopilación y análisis de datos hasta la identificación de patrones y la solución de casos, estas tecnologías están mejorando la eficiencia y efectividad de la investigación policial. Sin embargo, es importante recordar que la IA y la automatización son herramientas valiosas para los investigadores humanos, pero no los reemplazan completamente.

La investigación policial es un proceso crítico para resolver delitos y hacer justicia. Cada caso es único y requiere un enfoque individual, pero los procedimientos de investigación policial se aplican en una variedad de situaciones. Aquí hay algunos ejemplos de casos reales y cómo se aplicaron los procedimientos de investigación policial.

  1. Caso de asesinato: En este tipo de caso, los investigadores recopilan y analizan pruebas, interrogatorios a testigos y sospechosos, y buscan patrones y conexiones. Por ejemplo, en el caso de la muerte de Nicole Brown Simpson, los investigadores recopilaron pruebas forenses y realizaron interrogatorios a testigos y sospechosos, incluido su ex esposo, O.J. Simpson.
  2. Caso de robo: En un caso de robo, los investigadores trabajan para recuperar el objeto robado e identificar al ladrón. Por ejemplo, en el caso de un robo de joyas valiosas, los investigadores pueden rastrear las transacciones financieras y examinar las imágenes de cámaras de seguridad para identificar al ladrón.
  3. Caso de fraude: En un caso de fraude, los investigadores buscan pruebas que respalden la acusación de fraude y determinan cómo se llevó a cabo el engaño. Por ejemplo, en un caso de fraude de seguros, los investigadores pueden examinar las declaraciones de seguros y las transacciones financieras para determinar si se presentaron reclamaciones fraudulentas.
  4. Caso de secuestro: En un caso de secuestro, los investigadores trabajan para localizar a la persona secuestrada y asegurarse de su seguridad. Por ejemplo, en el caso del secuestro de Jaycee Dugard, los investigadores utilizaron pruebas forenses y la colaboración con la comunidad para encontrar a Dugard y arrestar a sus secuestradores.

En cada uno de estos casos, los procedimientos de investigación policial incluyen la recopilación y análisis de pruebas, el interrogatorio a testigos y sospechosos, y la colaboración con otras agencias y la comunidad. La importancia de una investigación exhaustiva y cuidadosa no puede ser subestimada, ya que es esencial para garantizar que la justicia se haga. Se trata pues de un trabajo colectivo, pero que no excluye todavía la intuición genial de un individuo a la hora de interpretar una cantidad ingente de datos.

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LA NOVELA NEGRA NORTEAMERICANA

En síntesis: la novela negra norteamericana nace del hard-boiled y convierte la ciudad, la corrupción y el detective vulnerable en elementos centrales.

El hard-boiled y la tradición norteamericana

La novela negra es un género literario que ha tenido un gran impacto en la literatura norteamericana. Se caracteriza por su enfoque en el crimen, la investigación y la justicia, y ha sido una fuente de inspiración para escritores de dicha nacionalidad desde hace más de un siglo.

La novela negra se originó en Estados Unidos en la década de 1920 con la publicación de «The Maltese Falcon» de Dashiell Hammett. Este libro estableció las bases del género al presentar al detective privado Sam Spade como el héroe que lucha contra el crimen en la ciudad de San Francisco. A medida que el género evolucionó, se desarrollaron nuevos subgéneros, como la novela negra psicológica y la novela negra urbana.

La novela negra ha sido importante en la literatura norteamericana por varias razones. En primer lugar, ha proporcionado una visión crítica de la sociedad estadounidense, mostrando los aspectos oscuros y desconocidos de la vida en las ciudades. En segundo lugar, ha proporcionado una forma de escapismo para los lectores, permitiéndoles sumergirse en un mundo lleno de intriga y suspense. En tercer lugar, ha inspirado a muchos escritores jóvenes a seguir adelante con sus propias carreras literarias.

La novela negra también ha tenido un impacto significativo en el cine y la televisión, con muchas películas y programas de televisión basados en libros de este género. Además, muchos de los escritores de novela negra más famosos, como Raymond Chandler, Dashiell Hammett y Ross McDonald, han sido adaptados para la pantalla grande y pequeña.

En la década de 1930, la novela negra experimentó un gran aumento de popularidad con la publicación de libros como «The Thin Man» de Dashiell Hammett y «The Big Sleep» de Raymond Chandler. Estos libros presentaron a los detectives privados como héroes sofisticados que luchaban contra el crimen en las ciudades de Estados Unidos.

En la década de 1940 y 1950, la novela negra continuó evolucionando con la introducción de nuevos subgéneros, como la novela negra de hard-boiled y la novela negra de procedimiento. Estos subgéneros presentaron a los detectives como héroes duros y cínicos que utilizaban métodos poco ortodoxos para resolver crímenes.

En la década de 1960, la novela negra experimentó un cambio significativo con la introducción de la novela negra de protesta. Estos libros presentaron a los detectives como héroes que luchaban contra la injusticia en la sociedad estadounidense. Además, en este periodo se destacaron escritores afroamericanos como Chester Himes o Walter Mosley, que aportaron una perspectiva diferente y una representación más diversa en el género.

En la década de 1970, la novela negra experimentó un cambio hacia un enfoque más realista y menos melodramático. En esta década se destacaron escritores como Michael Connelly, George Pelecanos, y Dennis Lehane, que aportaron una nueva perspectiva al género y continuaron desarrollando sus subgéneros.

Hasta la actualidad, la novela negra sigue siendo un género popular y en constante evolución.

La novela negra norteamericana ha sido influenciada por una serie de escritores clásicos que han establecido las bases del género y han dejado su marca en la literatura. A continuación, se presenta una lista de algunos de los autores clásicos más destacados de la novela negra norteamericana y una breve descripción de su obra.

  1. Dashiell Hammett: considerado el padre de la novela negra moderna, Hammett es conocido por su serie de libros protagonizados por el detective privado Sam Spade, incluyendo «The Maltese Falcon» (1930) y «The Thin Man» (1934). Sus historias son famosas por su realismo y su enfoque en la investigación y la justicia.
  2. Raymond Chandler: otro gran nombre en la novela negra norteamericana, Chandler es conocido por su serie de libros protagonizados por el detective privado Philip Marlowe, incluyendo «The Big Sleep» (1939) y «Farewell, My Lovely» (1940). Sus historias son famosas por su estilo marcadamente literario y su enfoque en el ambiente urbano.
  3. James M. Cain: autor de «The Postman Always Rings Twice» (1934), «Double Indemnity» (1936) y «Mildred Pierce» (1941), Cain es conocido por su estilo escéptico y su enfoque pasional del crimen. Sus historias son famosas por su realismo y su focalización en el lado oscuro de la humanidad.
  4. Ross Macdonald: autor de la serie de libros protagonizados por el detective privado Lew Archer, incluyendo «The Moving Target» (1949) y «The Drowning Pool» (1950), Macdonald es conocido por su enfoque en la psicología y la investigación. Sus historias son famosas por su realismo y su análisis de la vertiente oscura de la sociedad estadounidense.
  5. Chester Himes: autor de «For Love of Imabelle» (1957) y «Cotton Comes to Harlem» (1965), Himes es conocido por su orientación hacia la experiencia de los afroamericanos en Estados Unidos y su representación de personajes afroamericanos en la novela negra. Sus historias son famosas por su realismo y su hincapié en la justicia social.

Estos autores son sólo algunos de los más destacados de la novela negra norteamericana, y sus obras siguen siendo leídas y estudiadas en la actualidad. Han establecido las bases del género y han dejado una marca duradera en la literatura.

La novela negra norteamericana sigue siendo un género popular y relevante en la actualidad. A pesar de haber surgido a principios del siglo XX, todavía atrae a una gran cantidad de lectores y escritores, y se considera una de las formas más importantes de la literatura contemporánea.

Una de las principales razones por las que la novela negra norteamericana sigue siendo popular es por su capacidad para adaptarse a los cambios sociales y culturales. Los escritores de novela negra contemporáneos abordan temas actuales como la tecnología, la inmigración, el racismo y el feminismo, y ofrecen una perspectiva única y perspicaz sobre estos temas.

Además, la novela negra contemporánea también se ha expandido más allá del género tradicional, incorporando elementos de otros géneros como el suspense, la ciencia ficción y la fantasía. Esto ha llevado a una mayor variedad de historias y personajes, y ha atraído a una audiencia más amplia.

Algunos de los escritores de novela negra contemporáneos más destacados incluyen a Tana French, Karin Slaughter, Michael Connelly, Gillian Flynn y Paula Hawkins. Estos autores han ganado varios premios y han sido bestsellers internacionales, y sus obras han sido traducidas a varios idiomas.

La novela negra también ha encontrado una gran audiencia en formatos televisivos y cinematográficos, muchas series y películas basadas en libros de novela negra, han acaparado muchos éxitos en el último tiempo, como «Mindhunter», «The Killing» y «The Wire», y han ayudado a dar a conocer el género a una audiencia aún más amplia.

Los escritores contemporáneos están adaptando pues el género a los cambios sociales y culturales, ofreciendo una perspectiva única y perspicaz sobre los temas contemporáneos, y esto ha ayudado a mantener el interés en el género.

En cuanto a la factura, la novela negra norteamericana es conocida por su estilo narrativo único, que se caracteriza por una combinación de suspense, tensión y una fuerte atmósfera de misterio. Estas técnicas narrativas ayudan a atrapar al lector y a mantener su interés en la historia hasta el desenlace final.

Una de las técnicas narrativas más comunes en la novela negra norteamericana es el uso del narrador omnisciente. Este tipo de narrador es capaz de conocer los pensamientos y sentimientos de todos los personajes y, por lo tanto, puede proporcionar una visión completa de la historia. Esto ayuda a crear una sensación de misterio y suspense, ya que el lector sabe más que los personajes y puede anticipar los acontecimientos futuros.

Otra técnica narrativa común en la novela negra norteamericana es el uso de flashbacks. Los flashbacks son escenas que se sitúan en un momento anterior al de la historia principal y pueden proporcionar información crucial sobre el desarrollo de la trama y los personajes. Estos flashbacks son utilizados para proporcionar contexto y para ayudar al lector a comprender mejor la historia.

La novela negra también utiliza una técnica narrativa conocida como «no-linealidad», en la que la historia no se cuenta en orden cronológico, sino que se salta de un momento a otro, proporcionando pistas y detalles que ayudan al lector a construir el rompecabezas del caso detectivesco en cuestión.

Otra técnica narrativa importante en la novela negra norteamericana es el uso de un lenguaje preciso y detallado. Los escritores de novela negra utilizan este tipo de lenguaje para crear una sensación de realismo y para ayudar al lector a sumergirse en la historia. Además, el lenguaje minucioso ayuda a crear una atmósfera de misterio y tensión, y aumenta la sensación de suspense.

Los personajes en la novela negra norteamericana son un elemento esencial para crear una historia emocionante y atractiva. Estos personajes son a menudo complejos y llenos de matices, y juegan un papel importante en la creación de la tensión y el suspense que caracterizan este género literario.

El personaje principal en la novela negra suele ser el detective o el investigador. Este personaje es el encargado de resolver el crimen o el misterio en el centro de la historia. A menudo, el detective es un personaje solitario, con un pasado complicado y una personalidad difícil. Es un tipo inteligente, astuto y con un gran sentido de la justicia, pero también puede ser cínico, desconfiado y a veces incluso violento.

El sospechoso o el asesino es otro personaje clave en la novela negra. Es el responsable del crimen o el misterio, y su papel es mantener al lector adicto a la historia mientras se desvela su verdadera identidad. El sospechoso o el asesino puede ser cualquiera, desde un vecino hasta un amigo cercano, y suele tener una personalidad compleja y retorcida.

Los personajes secundarios también son fundamentales en la novela negra. Estos personajes pueden ser víctimas, testigos, familiares o amigos del detective, y pueden proporcionar información crucial sobre el crimen o el misterio, pueden tener un papel importante en la trama y ayudar a desarrollar la historia.

Además, en la novela negra norteamericana, los personajes femeninos son cada vez más comunes y diversos, ya que se están rompiendo estereotipos y se está mostrando a mujeres fuertes, independientes y capaces de tomar decisiones importantes.

Estamos hablando de un género literario con una larga historia y un gran legado, y su futuro parece prometedor. En los últimos años ha experimentado un resurgimiento en popularidad, y se espera que esta tendencia continúe.

Una de las razones del resurgimiento de la novela negra es el aumento del interés en las historias de crimen y misterio. Los programas de televisión y las películas de género negro han sido muy populares en los últimos años, y esto ha llevado a un aumento en la demanda de novelas negras. Además, los escritores de novela negra están empezando a explorar nuevos temas, como la inmigración, el racismo y la corrupción, lo que atrae a un público cada vez más diverso.

Otra tendencia en el futuro de la novela negra norteamericana es la incorporación de elementos de otros géneros literarios. Los escritores están combinando elementos de la ciencia ficción, la fantasía y el terror con la tradicional novela negra, creando historias únicas e intrigantes.

También hay una creciente diversidad en los escritores de novela negra. Los escritores de color, las mujeres y los escritores LGBT+ están ganando cada vez más terreno en el mundo de la novela negra y están aportando una perspectiva fresca y diversa al género.

En cuanto a las tecnologías emergentes, las novelas negras están aprovechando las ventajas de la tecnología para ampliar el alcance de su público y mejorar la experiencia de lectura. El aumento de la disponibilidad de libros electrónicos y la popularidad de las aplicaciones de lectura, están permitiendo a los escritores llegar a un público más amplio y a los lectores acceder a una mayor variedad de títulos.

En resumen, el futuro de la novela negra norteamericana parece prometedor. Con un aumento en la popularidad del género, una mayor diversidad en los escritores y una incorporación de elementos de otros géneros literarios, así como el uso de tecnología para mejorar la experiencia del lector, la novela negra seguirá siendo una forma atractiva, vigorosa y emocionante de contar historias.

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NOVELA NEGRA, DEFINICIÓN

En síntesis: la novela negra es una narrativa criminal centrada no solo en la resolución de un delito, sino también en la violencia, la corrupción, el poder y los conflictos sociales que lo rodean.

Definición y rasgos de la novela negra

La novela negra es un género literario que se caracteriza por su contenido oscuro y tramas criminales. A menudo se centra en temas como el asesinato, la corrupción y la venganza, y suele tener una atmósfera tensa y sombría.

Una de las características más distintivas de la novela negra es su protagonista, el detective o investigador privado, que a menudo es un personaje cínico y cargado de problemas personales, pero a la vez es una persona inteligente y perspicaz, capaz de resolver los crímenes más complejos.

Otra peculiaridad importante es la ambientación, que suele ser urbana y se desarrolla en un entorno hostil y peligroso, donde la violencia y la delincuencia son constantes. La novela negra suele ser un reflejo de la sociedad en la que se escribe, y por ello, suele incluir temas sociales y políticos.

En cuanto al lenguaje, la novela negra se caracteriza por su estilo directo y conciso, que busca mantener al lector en tensión y emocionado hasta el final.

En resumen, la novela negra es un género literario que se caracteriza por sus tramas criminales, su protagonista detective, su ambientación urbana y hostil, y su estilo directo y conciso. Es un género que ha tenido un gran impacto en la literatura y en la cultura popular.

Tiene sus raíces en la literatura popular del siglo XIX, con escritores como Edgar Allan Poe y Arthur Conan Doyle. Sin embargo, fue en la década de 1920 cuando el género comenzó a desarrollarse de manera independiente, con la aparición de autores como Dashiell Hammett y Raymond Chandler.

En la década de 1930 y 1940, la novela negra se convirtió en un fenómeno de masas, y en la década de 1950 y 1960, se expandió a Europa, con la aparición de escritores como Georges Simenon y Agatha Christie.

En las décadas siguientes, el género ha evolucionado y se ha diversificado, incluyendo subgéneros como la novela negra histórica, la novela negra de suspense psicológico, y la novela negra de procedimiento.

En definitiva, la novela negra debe reunir las siguientes características:

  • Ambiente oscuro y cargado de suspense: La novela negra se caracteriza por un ambiente oscuro y misterioso que crea una sensación de suspenso y tensión en el lector.
  • Personajes complejos: Los personajes en una novela negra suelen ser complejos y tener motivaciones ocultas. El personaje principal a menudo es un detective o investigador que intenta resolver el crimen.
  • Descripciones detalladas: La novela negra es un género muy descriptivo, por lo que es importante incluir descripciones detalladas de los personajes, lugares y eventos.
  • Final inesperado: Uno de los elementos clave de la novela negra es el giro inesperado en la trama, que puede cambiar radicalmente la dirección de la historia.
  • Lenguaje y estilo: El lenguaje y el estilo de la novela negra suelen ser precisos, con una gran atención a los detalles.
  • Contexto social o político: Muchas novelas negras se desarrollan en un contexto social o político específico, como el aumento de la delincuencia en una ciudad o la corrupción en una institución.
  • Temas morales y éticos: La novela negra se caracteriza por tratar temas morales y éticos complejos, como la justicia, la culpabilidad y la moralidad.
  • Establecer una trama intrigante: Una trama intrigante es esencial para mantener al lector interesado en la historia. Debe haber un misterio o un crimen que el personaje principal debe resolver.
  • Conclusión satisfactoria: Es importante que la historia tenga una conclusión satisfactoria, donde se resuelve el misterio o se atrapa al criminal.

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NOVELA NEGRA INGLESA

En síntesis: la novela negra inglesa combina la tradición del enigma con formas más sombrías de investigación, crítica social y violencia criminal.

De la novela de enigma al noir británico

La novela negra, también conocida como «detective fiction», ha sido un género literario popular en Inglaterra desde la década de 1890. Con raíces en las historias de Sherlock Holmes de Arthur Conan Doyle y las novelas de Agatha Christie, la novela negra inglesa se ha desarrollado en una variedad de subgéneros y ha dado lugar a algunos de los escritores más icónicos de la literatura inglesa.

Una de las principales razones por las que la novela negra es tan valorada en la literatura inglesa es por su capacidad para reflejar la sociedad en la que se escribe. Muchas de las novelas negras clásicas de la década de 1920 y 1930, por ejemplo, reflejaban la clase alta británica y las tensiones sociales de la época. En la actualidad, las novelas negras contemporáneas a menudo abordan temas como la inmigración, la desigualdad económica y la violencia urbana.

Además de reflejar la sociedad, la novela negra también ha sido valorada por su capacidad para ofrecer una forma de escapismo. Los lectores se sumergen en un mundo de intriga y misterio, lo que les permite escapar de la realidad por un tiempo. Sin embargo, la novela negra también se caracteriza por su capacidad para plantear preguntas éticas y morales que pueden llevar a los lectores a reflexionar sobre su propia vida y el mundo en el que viven.

Otra razón por la que la novela negra es tan valiosa en la literatura inglesa es por la variedad de subgéneros que existen dentro del mismo. Desde historias de asesinato tradicionales hasta thrillers psicológicos y novelas de investigación, hay una gran variedad de estilos y temas para los lectores de todos los gustos.

La novela negra es pues un género literario valioso en la literatura inglesa debido a su capacidad para reflejar la sociedad, ofrecer una forma de escapismo y ofrecer una variedad de subgéneros. A través de sus personajes complejos, tramas intrigantes y reflexiones éticas, las novelas negras han atrapado la imaginación de lectores de todo el mundo durante más de un siglo.

La novela negra inglesa, también conocida como «detective fiction», tiene sus raíces en la década de 1890 con la publicación de las historias de Sherlock Holmes de Arthur Conan Doyle. Estas historias presentaban al famoso detective privado Sherlock Holmes y su ayudante, el Dr. John Watson, resolviendo misterios criminales en la ciudad de Londres. A medida que las historias de Holmes se volvieron cada vez más populares, otros escritores comenzaron a crear sus propios personajes detectives y tramas criminales.

Una de las primeras escritoras de novela negra inglesa fue Agatha Christie. Su personaje más famoso, el detective belga Hercule Poirot, apareció por primera vez en 1920 en la novela «The Mysterious Affair at Styles». Christie también creó al detective Miss Marple, quien apareció por primera vez en 1930 en la novela «The Murder at the Vicarage». Otros escritores de la época, como Dorothy L. Sayers y Ngaio Marsh, también crearon personajes detectives femeninos y tramas criminales intrigantes.

La década de 1920 y 1930 se conoce como la «era dorada» de la novela negra inglesa. Durante este tiempo, las historias de detectives privados y asesinatos se convirtieron en una forma popular de entretenimiento en Inglaterra y en otros lugares del mundo. Sin embargo, con el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, el género de la novela negra comenzó a cambiar. Los escritores comenzaron a incluir temas más oscuros y menos romantizados en sus tramas, reflejando los cambios en la sociedad y el mundo en general.

En la década de 1950 y 1960, la novela negra inglesa continuó evolucionando con la creación de subgéneros como el «thriller psicológico» y el «policial de procedimiento». Escritores como Patricia Highsmith y Ruth Rendell introdujeron personajes más complejos y tramas más oscuras en sus novelas, y se comenzó a ver una mayor representación de personajes femeninos y de personajes de minorías en el género.

En la actualidad, la novela negra inglesa continúa evolucionando con autores contemporáneos como Ian Rankin, Val McDermid y Martina Cole. Estos escritores abordan temas contemporáneos como la inmigración, la desigualdad económica y la violencia urbana en sus tramas, y utilizan técnicas narrativas modernas para contar sus historias. A pesar de los cambios en el género a lo largo de los años, la novela negra inglesa sigue siendo una forma popular y valorada de entretenimiento y reflexión.

La novela inglesa ha experimentado una gran evolución en los últimos años. La literatura contemporánea en Inglaterra ha visto una diversificación en cuanto a los temas, géneros y estilos de escritura, lo que ha dado lugar a una mayor representación de voces y perspectivas diversas en la literatura.

En primer lugar, se ha producido un aumento en la representación de autores y personajes de minorías en la literatura inglesa contemporánea. Los escritores de color, los escritores LGBTQ + y las escritoras han logrado ganar un lugar en el panorama literario inglés, lo que ha llevado a una mayor diversidad en los temas y en las perspectivas presentadas en las novelas.

Además, los temas sociales y políticos han cobrado una gran importancia en la literatura contemporánea inglesa. Los escritores se han inspirado en temas como la inmigración, la desigualdad económica, el cambio climático, y el feminismo para crear tramas y personajes complejos y desafiantes.

La narrativa también ha experimentado un cambio significativo en la literatura inglesa contemporánea. Los escritores están experimentando con estilos narrativos no lineales, estructuras narrativas múltiples y técnicas de escritura innovadoras para contar sus historias de manera más efectiva.

En cuanto a los géneros, se ha producido una fusión entre los géneros tradicionales como la novela histórica, la novela de aventuras y la ciencia ficción, lo que ha llevado a una mayor variedad en los temas y estilos de escritura.

En definitiva, la literatura inglesa contemporánea ha experimentado una gran evolución en los últimos años. La diversificación en cuanto a los temas, géneros y estilos de escritura ha llevado a una mayor representación de voces y perspectivas diversas en la literatura, y ha permitido que los escritores aborden temas sociales y políticos de manera más significativa y desafiante.

La novela negra británica ha utilizado una variedad de técnicas narrativas a lo largo de su historia. Estas técnicas han ayudado a los escritores a crear tramas intrigantes y personajes complejos, y han contribuido a hacer de la novela negra un género popular y duradero.

Una de las técnicas narrativas más comunes en la novela negra inglesa es el narrador en primera persona. Esta técnica permite al lector entrar en la mente del personaje principal y experimentar las emociones y pensamientos del personaje de manera íntima. Esto es especialmente efectivo en las novelas de investigación, donde el narrador es a menudo el detective o el personaje que está tratando de resolver el crimen.

La novela negra también ha utilizado con frecuencia la técnica del narrador omnisciente. Este narrador conoce todo lo que sucede en la historia, y puede entrar en los pensamientos y sentimientos de todos los personajes. Esta técnica permite al escritor revelar información importante sobre la trama y los personajes de manera efectiva.

La técnica de la retrospectiva también ha sido utilizada en la novela negra inglesa. La retrospectiva permite al escritor contar una historia desde el final hacia el principio, lo que ayuda a crear una sensación de tensión y suspense. La retrospectiva también permite al escritor revelar información importante sobre la trama y los personajes de manera gradual, lo que aumenta la intriga y el interés del lector.

La técnica del flash-back también es común en la novela negra inglesa. Es un recurso narrativo que permite al escritor mostrar escenas o eventos pasados ​​que son relevantes para la trama o para el desarrollo de los personajes. Esto ayuda a dar un contexto más amplio a la historia y a los personajes, y aumenta la comprensión del lector sobre lo que está sucediendo en la trama.

De este modo, la novela negra inglesa ha utilizado una variedad de técnicas narrativas a lo largo de su historia. El narrador en primera persona, el narrador omnisciente, la retrospectiva y el flash-back son solo algunas de las técnicas que los escritores han utilizado para crear tramas intrigantes y personajes complejos.

La novela negra inglesa ha dado vida a una amplia variedad de personajes, desde detectives privados hasta asesinos en serie, pasando por personajes más complejos como los detectives de la policía.

Uno de los personajes más icónicos de la novela negra inglesa es el detective privado. Este personaje, que suele ser el narrador de la historia, es el encargado de investigar el crimen y resolver el misterio. Estos detectives suelen ser caracterizados por su inteligencia, astucia y dedicación a su trabajo. Ejemplos icónicos de detectives privados en la novela negra inglesa son Sherlock Holmes, Hercule Poirot, y Philip Marlowe.

Otro personaje común en la novela negra inglesa es el asesino en serie. Este personaje es responsable de una serie de asesinatos y suele ser presentado como una figura enigmática y aterradora. A menudo, el asesino en serie es retratado como un personaje frío y calculador, capaz de cometer crímenes horribles con una aparente falta de remordimientos.

La novela negra también ha dado vida a personajes más gregarios, con una dimensión profesional, es decir, con un dominio del oficio, como son los detectives de la policía. Estos personajes suelen ser miembros de un equipo de investigación y tienen que trabajar juntos para resolver el crimen. Estos personajes suelen tener personalidades distintas y, a menudo, tienen conflictos internos que los hacen más interesantes y complejos.

Además de los personajes principales, la novela negra inglesa también ha presentado una variedad de personajes secundarios que son fundamentales para la trama. Estos personajes incluyen a las víctimas, a los sospechosos y a los testigos, cada uno con su propia historia y personalidad. Los escritores utilizan estos personajes secundarios para dar contexto a la historia y aumentar la intriga y el suspense.

Según ello, los personajes de la novela negra inglesa son fundamentales para el desarrollo de la trama y han ayudado a hacer de la novela negra un género plebiscitado por el público lector.

La novela negra inglesa es, asimismo, un género que ha evolucionado a lo largo del tiempo y que ha visto un gran aumento en popularidad en las últimas décadas. A medida que la sociedad cambia, es importante considerar cómo se desarrollará el género en el futuro.

En primer lugar, es probable que veamos un aumento en la diversidad de autores y personajes en la novela negra inglesa. En el pasado, el género ha sido dominado por autores blancos y personajes masculinos, pero cada vez son más los autores y personajes de diferentes orígenes étnicos, géneros y orientaciones sexuales en el mercado. Esto aumentará la representación y permitirá a una audiencia más amplia verse reflejada en las historias.

Además, es probable que veamos un aumento en la inclusión de temas sociales y políticos en la novela negra inglesa. Los escritores están tomando cada vez más en cuenta los problemas contemporáneos en sus obras, desde el cambio climático hasta la desigualdad económica. Estos temas se han incluido con una finalidad más reflexiva y crítica, permitiendo a los lectores especular sobre problemas actuales.

La tecnología también tendrá un papel importante en el futuro de la novela negra inglesa. La popularidad de los libros electrónicos y los audiolibros está en aumento, lo que permite a los lectores acceder a las historias de una manera más conveniente. Además, la inteligencia artificial y la realidad virtual están siendo utilizadas para crear experiencias de lectura únicas e interactivas.

En cuanto a las técnicas narrativas, es probable que veamos una mayor experimentación en la novela negra inglesa. Los escritores están explorando nuevas formas de contar historias y están rompiendo las normas tradicionales del género. Esto permite a los escritores crear historias más innovadoras y emocionantes.

En resumen, el futuro de la novela negra inglesa se anuncia prometedor. Con una mayor diversidad de autores y personajes, una mayor inclusión de temas sociales y políticos, y una mayor experimentación con las técnicas narrativas, se espera que el género continúe siendo popular y relevante. Además, la tecnología tendrá un papel cada vez más importante en la forma en que accedemos a las historias, lo que permitirá a los lectores experimentar con nuevas formas de lectura.

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EL TRASFONDO POLÍTICO Y SOCIAL DE LA SERIE ALBA LONGA.

   Las Antillas francesas se inflaman. Las imágenes que nos llegan son estremecedoras: coches y edificios ardiendo, piquetes filtrando la circulación en las redondas y disparando con balas reales a la policía, vehículos blindados patrullando por las calles, los molinetes de los helicópteros zumbando en el cielo nocturno y el gobierno que envía fuerzas especiales y unidades antiterroristas para cercenar, según el modo de hacer para el que están entrenados, la rebelión.

   En la metrópoli, periodistas, comentadores, polemistas y demás agentes de la autoridad se precipitan, cortándose los unos a los otros la palabra, para declarar que la situación de esos departamentos ultramarinos no corre el riesgo de transmitirse a la Francia metropolitana. ¿No? ¿Acaso no hemos visto durante tres años consecutivos imágenes similares en esta orilla del Atlántico? ¿No se han inflamado, sábado tras sábado, los Campos Elíseos? ¿No han inflamado de coches y motos ardiendo las avenidas principales de todas las ciudades francesas de cierta importancia? ¿No han dejado tales acontecimientos una triste secuela de tuertos y mancos, como consecuencia de las órdenes terribles que los dos gobiernos de Macron han dado a la policía encargada de la represión?

   ¿Han desaparecido las razones que empujaban a la gente a echarse a la calle? Ni mucho menos. La inflación de los últimos meses, el aumento de los precios del gas, la electricidad, la leña, el pan, por no decir que lo que ha aumentado es todo menos los sueldos, constituyen elementos que nos permiten suputar que la cólera social no solamente no va a disminuir, sino que irá en progresivo aumento, dado que el gobierno no ha hecho absolutamente nada para paliar la situación precaria de la mayoría. Con la excepción de dar marcha atrás en la nefasta reforma de las pensiones, aunque no ocultan en absoluto que se trata únicamente de un aplazamiento, que no renuncian de ninguna manera a ella y que, en cuanto Macron sea reelegido, la implantarán sin el menor remilgo, porque en realidad ya estaba aprobada y tan sólo la llegada de la pandemia paró in extremis el hacha ya levantada por la mano del verdugo.

   La crisis sanitaria atenuó la manifestación del malestar social, pero no lo hizo desaparecer. A pesar de las restricciones y los obstáculos al libre movimiento de las personas, en ningún momento cesaron los tumultos y demostraciones de agravio contra ese poder altivo e hipócrita, manipulador y despreciativo, lobo disfrazado de cordero para mejor sorprender y devorar al pueblo llano, que, por cierto, fue él junto con sus predecesores del mismo palo, quien cortó las asignaciones al hospital público hasta dejarlo exangüe.  

   Dicha crisis sanitaria es, ciertamente, con razón o sin ella, una excusa más para lanzar la máquina del descontento contra la otra máquina de la tiranía, que se sustenta con la propaganda y las armas, sofisticadas, de la policía antidisturbios. Pero no sólo eso, y es que ¿cómo confiar en quienes han perdido todo vestigio de vergüenza y sentido de la honradez, justicia y lealtad? La gente imagina cosas y, a estas alturas, ¿cómo se les puede reprochar que lo hagan?

   En el análisis que hicimos del contexto político francés actual en la serie Alba Longa, particularmente en sus dos últimas entregas, La mansión de enfrente y Las máscaras siempre hablan con acento inglés, creemos no habernos equivocado en el diagnóstico, que, por cierto, no cesa de confirmarse. Macron fue elegido por la élite financiera (Francia entera fue empapelada con la publicidad de ese individuo y ello, ni se hizo gratis, ni constituyó una gratia gratis data), para que hiciera, contra viento y marea, la política ad hominem que los partidos tradicionales, representantes de los derechos de dicha élite oligárquica, se habían revelado incapaces de llevar a cabo. El riesgo era la explosión social en un depósito de gasolina. Y no les tembló el pulso para hacerlo. Ahora bien, las consecuencias podrían ser imprevisibles. Lo que sucede en las Antillas, ni es ciertamente el principio, ni probablemente constituya el final.

   La única solución, a mi entender, es que vuelva el rostro, como el sabio, y mire lo que hizo su predecesor al final de su mandato.

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GABINETE RESERVADO

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DILEMA

   Mauricio de Sully fue, solo, la noche del lunes, a verificar si Fabrice había vuelto. Aun así, incumpliendo la palabra dada a John Temple Graves, no llamó a la policía. Bastantes escándalos envolvían, durante los últimos tiempos, a la Iglesia como para cometer un error por una precipitación no del todo justificada y en relación con un simple sacristán. Si le ha pasado algo al pelagatos este, merecido se lo tiene, porque en el fondo no es más que un capullo. Con tanto tiempo que ha tenido desde que está aquí para hacernos la astracanada de marras y se le ocurre llevarla a cabo justamente en este momento crucial e incluso osaría decir que dramático. Menuda chacota que nos ha preparado el pelafustán. Días antes de lo que va a ocurrir en esta misma catedral, que pondrá al mundo patas arriba, y he aquí que nos manda a la policía, nada menos, a la policía, para que meta las narices en todos los rincones del edificio buscando a este pelaire que Dios confunda. No, si hay gente que tiene definitivamente el don de la oportunidad.

   Irritado, el arcipreste rector se retiró a sus aposentos y, a pesar de todo, durmió sobre las dos orejas.

   Al día siguiente se levantó renovado y sin pensar en lo más mínimo en el asunto. Tras lavarse la complicada cara que era de su propiedad, fue al comedor en busca del desayuno y de los periódicos de la mañana. Como de costumbre, todo estaba ya dispuesto. Se sirvió hasta los mismos bordes un vaso de zumo de naranja recién exprimido y lo bebió de un solo trago. Lo volvió a llenar, pero esta vez, antes de dar buena cuenta de él, como solía, con celeridad y determinación, alargó la mano y echó un vistazo a los titulares del primer periódico. Se quedó blanco. Los globos oculares parecían querer salírsele de sus cuencas y caer, como pelotas de pingpong, sobre la mesa. Todos los diarios llevaban los mismos titulares o parecidos. “Ola de desapariciones en París intramuros. Se han registrado no menos de media docena en veinticuatro horas y la policía sospecha que habrá más.” Luego leyó los detalles: “Según medios oficiales, las desapariciones se han producido todas dentro del radio de acción indicado, aunque en los escenarios más heterogéneos, la calle, el metro, un cine e incluso el interior de una casa particular. Jamás en la historia del crimen se ha registrado una actividad semejante. Toda la policía de París se halla en estado de alerta máxima y se recomienda encarecidamente la mayor precaución, evitando, por ejemplo, desplazarse solo, por lugares apartados y solitarios. Las víctimas no tienen un perfil preciso. Cualquiera puede considerarse en peligro.”

   Monseñor de Sully se quedó anonadado. No por ello dejó de beberse de un trago, como siempre, el vaso de zumo y ponerse entre pecho y espalda el entero desayuno, sin desperdiciar una sola miga.

   Seguidamente fue a buscar la llave del apartamento sacristanesco y efectuar una última verificación.

   Como se lo temía, se hallaba vacío y la cama tan hecha como el día anterior. No ha vuelto, el grandísimo cabrón. Como me haga llamar a la policía y luego no le haya pasado nada, le voy a pegar uno de esos puros… Un puro que ni Fidel Castro habría podido soñar que le fabricaran en el mismísimo país de los puros. Un habano que no lo va a poder sostener con las dos manos el danzante de sacristán que nos ha tocado. Se va a pasar un año tocando las campanas de la catedral, manualmente, a la antigua.

   Regresó al comedor y se puso el móvil delante, sobre el blanco mantel. Negro sobre blanco. Así estaba él de escindido. Si llamo, pongo en peligro algo muy gordo, una operación inaudita y corro incluso el riesgo de atraerme la ira del Inveterado Enemigo, quien podría acusarme de traición. Por otra parte, el plan de la Verdadera Iglesia podría venirse abajo. Y todo por un sacristán. No, si la cosa tiene huevos. Vaya que los tiene.

   En el otro platillo de la balanza está que, si no llamo, dadas las circunstancias, podría incluso verme en el banquillo de los acusados por no prestar auxilio a persona en peligro. Más aún, si el plan, a pesar de todo, sigue su curso y llega a culminarse, tal actitud podría levantar las sospechas de la policía, la que llevaría el caso desde el campo y la perspectiva oficial.

   Mal si ando y mal si no ando. ¿Qué hacer? Porque, cualquiera que sean las circunstancias, siempre hay que actuar, máxime cuando alguien detenta algún tipo de autoridad. Autoridad es responsabilidad. Y ¿a dónde irá el buey que no are?

   Alargó la mano izquierda hacia el móvil. Se iluminó la pantalla y marcó el código de acceso al aparato. A la policía sí, habrá que llamar, pero no a cualquiera. Buscó en su repertorio a la persona adecuada. Dejó caer con cuidado la ancha yema de su dedo índice que podría llamar, si eso fuera posible, a tres contactos contiguos a la vez. El nombre correcto apareció en la pantalla y, a la tercera señal, emergió una voz de bajo profundo.

-Comisario Esteban de Velasco, a sus órdenes, Monseñor.

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FRAGMENTO DE «LAS MÁSCARAS HABLAN SIEMPRE CON ACENTO INGLÉS.»

VIII

   A Bemoz y sus lugartenientes, así como a su equipo operacional y demás miembros de su séquito, se les había asignado como domicilio un palacete en las afueras de París, mientras duraran las operaciones en esa capital.

   Sentado solo, en el porche de su residencia temporal, ante una mesa pantagruélica recubierta de un mantel cegador de tan blanco, devoraba el almuerzo que su cocinero personal, quien le acompañaba en todos sus desplazamientos por los cinco continentes, le había preparado ese domingo. Los camareros acudían periódicamente a retirar los platos vacíos, así como las montañas de espinas y huesos, absolutamente mondos, que el coloso iba dejando a un lado.

   En el perfecto silencio de la mansión, sólo se toleraba la orquesta canora de los alados pobladores de la espesa selva constituida por el jardín que rodeaba el edificio principal.

   De tanto en tanto, se acercaba un criado en librea y rellenaba la copa que nunca debía mostrarse vacía. Entre viaje y viaje, el sirviente se ocupaba en descorchar las diferentes botellas, de vino blanco o tinto, siempre de los mejores y más costosos caldos, en función del programa establecido. Para terminar, una botella de champagne, cuyo valor superaba el salario mensual de un obrero, se enfriaba en la nevera, esperando ser abierta en el momento justo del sofisticado postre.

   Mientras las potentes mandíbulas de Bemoz masticaban los distintos manjares con el poderío y la suficiencia de una máquina hidráulica, su cerebro rumiaba los últimos acontecimientos.

   La idea de aprovechar la aversión notoria del arcipreste rector, Mauricio de Sully, por Viollet-le-Duc se había revelado genial. El resultado producido era algo insólito, impensable, en apariencia contradictorio, y altamente rentable. Los inveterados y enconados enemigos colaborando en una causa común. Eso sí, de manera puntual y transitoria, absolutamente excepcional.

   El arcipreste se había mostrado un negociador intransigente, había regateado en corto, tanto respecto al compromiso formal del Estado para reconstruir con arreglo a un plan preciso, como con relación a la reacción posterior de la Iglesia, colaborativa, sí, pero sólo hasta cierto punto y con limitación en el tiempo. Lo esencial, sin embargo, había sido conseguido, a saber, que no pusiera el grito en el cielo y no llamara, en caliente, a una cruzada. De todos modos, la cabeza principal de la bestia, aunque no la única, la controlamos. Si decidieran incumplir parte de las condiciones, no irían muy lejos.

   Ahora todo está dispuesto. Hacía falta un combustible especial para hacer arder esas vigas milenarias, casi fosilizadas. Agni dispone ya en su tabuco de uno hecho a base de oxígeno líquido y sabe cómo utilizarlo. En pocos minutos, el techo arderá como una tea, iluminando el cielo de París al atardecer. Las estatuas de Viollet-le-Duc han sido retiradas con la doble excusa de ser restauradas y limpiadas, para el vulgo, y la de evitar que causen, con su peso, males mayores al desplomarse, para el arcipreste. Ha hecho falta prometer que no serán repuestas jamás.  

   Los símbolos, no solamente de París, sino de Francia entera, son la Tour Eiffel y Notre-Dame. Cuando los franceses vean esta última envuelta en llamas, se producirá una conmoción nacional equivalente a una declaración de guerra. El país entero se quedará sin respiración y todas las demás preocupaciones y desavenencias pasarán a un segundo plano. El cuerpo social quedará unido como una piña esperando las consignas del jefe de Estado. Adiós al hebdomadario carnaval de los chalecos amarillos. La revuelta será arrancada de raíz, pues nadie sale a berrear por las calles cuando se tiene la respiración cortada. El resto dependerá de la habilidad de los políticos, los cuales, por cierto, recibirán instrucciones sobre la manera de comportarse en su debido momento.

   Asfixiada la revolución en Francia, se extinguirá de inmediato en el resto del mundo. De una vez por todas, sus Amos deberán reconocer lo mucho que vale, lo merecido que se tiene el pan que le dan de comer y los pocos, aunque costosos, caprichos que le conceden.  

   Era la primera vez que Bemoz iba a utilizar su nuevo juguete y, dadas las especiales características de su bautismo de fuego, le había atribuido el nombre de Agni. Y Agni se le quedará para siempre, decidió. Hay algo inefable en el indio que inspira, incluso a él, la bestia surgida de la tierra, un terror sagrado. Desde el principio había intuido que le sería de una gran utilidad. Bajo su férula, no le faltarán las misiones. Habría sido un intolerable desperdicio que se perdiera un individuo así.

   Una vez cumplida su misión, se escapará por las alcantarillas como la rata inmunda y gigantesca que es, sin que nadie lo vea salir de la catedral. Posteriormente, un equipo lo recuperará y lo traerá aquí, donde lo pondré en su funda hasta la nueva operación. Ahora bien, habrá que darle, de vez en cuando, el alimento que necesita, sin lo cual, no se podrá disponer de su lealtad. Para ello existen lugares mucho más apartados que éste y enemigos merecedores de sus cuidados y atención.

   Tras rebañar el hueso de la última pata de cordero, lo chupó ruidosamente y lo dejó sobre el mantel, como si fuera un cuchillo más, un desaforado cuchillo de matarife, agarró una servilleta y la desplegó, secándose con ella primero la boca y la barbilla, alcanzando hasta parte de las mejillas, todo lo cual había acumulado enorme cantidad de grasa y relucía como si la piel estuviera iluminada desde el interior, luego las manos, igualmente pringosas. Tras ello, agarró la copa, que semejaba un cáliz de misa y la vació de un trago.

   Inmediatamente acudió el camarero con las bandejas de los pasteles y el escanciador con el champagne. Bemoz los engullía enteros y bebía más que un saludador. Tras ese camarero vino otro y luego otro y finalmente uno más, hasta que un eructo formidable, atronador, digno del gigante Gargantúa, puso un repentino fin a todo ese ballet de libreas y bandejas y cubiertos de plata y de oro, cesando el ajetreo hasta la noche.    Todos sabían que el ogro se iría a dormir la siesta durante horas y que entonces podrían desabrocharse los últimos botones de las camisas y respirar a pleno pulmón. Mientras el entero cuerpo del edificio temblara con sus ronquidos, podrían disfrutar de un lapso de serenidad. Después todo debía recomenzar para la cena.

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PRIMER CAPÍTULO DE «LAS MÁSCARAS SIEMPRE HABLAN CON ACENTO INGLÉS.» (UNA IMAGEN DE LA FRANCIA DE AHORA MISMO).

I

   Año segundo del reinado de Macron. Tal como habíamos previsto en el libro anterior, Francia se halla bajo el signo del caos y la desolación. Por veinteavo sábado consecutivo, las calles de París y de las principales ciudades de la nación son el escenario de un enfrentamiento, violento y sin concesiones, entre un pueblo y una policía que se ha puesto incondicionalmente a las órdenes de una élite; la cual, mediante un procedimiento antidemocrático y corruptor de un sistema político, ya de por sí defectuoso, ha copado ilegítimamente todos los órganos de poder y no está dispuesta a ceder un ápice ante las masivas protestas de un entero cuerpo social, cuyo nivel de vida ha sido peligrosamente degradado por los distintos gobiernos anteriores,  en los que ella ya dominaba, aunque no con la arrogancia, con la prepotencia, con el desprecio absoluto y sin fisuras que ahora, completamente desinhibida de todo sentimiento humanitario, manifiesta en relación con quienes no tienen más remedio que vivir de un trabajo asalariado.

   La confianza de un pueblo hacia sus instituciones se ha roto irremisiblemente y, en el mejor de los casos, tardará decenios, tal vez generaciones, en recomponerse. La realidad que, hace tan sólo unos meses, las masas no veían, o no querían ver, actualmente aparece con unos contornos tan nítidos y tan deslumbrantes que hieren la vista del contemplador y sólo con una dosis desmesurada, desaforada, de hipocresía y desvergüenza, los medios de comunicación, también bajo la férula de dicha élite que los financia y los posee, creen poder paliar los efectos de tan percuciente, poderosa, revelación; pero con ello no consiguen sino alargar y profundizar el foso que separa al grueso de las masas populares de las fuentes oficiales de información, de toda modalidad de discurso que emane del poder establecido, excepto del que propagan, más o menos libremente, los nuevos instrumentos de comunicación, a través de Internet y la tecnología de última hornada. Por esta razón, muchos periodistas son expulsados violentamente de las manifestaciones.

   Cada sábado, el corazón de las grandes metrópolis francesas, incluida París, se envuelve con el velo de los gases lacrimógenos, del humo de coches y edificios ardiendo; resuenan con el estallido de granadas de dispersión, disparos de LBD, proclamas, consignas, insultos, desafíos, provocaciones; se adorna con los variopintos colores de las más diversas y opuestas banderas, de las garabateadas pancartas y del amarillo colza que, una vez, esas mismas élites, tuvieron la desgracia de imponer, según la astuta patente de corso consistente en efectuar un exhaustivo catálogo de buenas intenciones, con objeto de explotarlas industrialmente y hacer un lucrativo y privativo negocio con ellas. Hoy en día, todo el mundo posee uno de esos chalecos amarillos, por obligación, “per opus”, por necesidad. Y pintan las ciudades de una primavera ácida, color limón o amarillo colza.

   La policía antidisturbios ha recibido la orden de apuntar a la cara de los manifestantes, con el objetivo evidente de sembrar el terror, de acabar con las protestas mediante el arma del espanto y del horror. Ya se contabilizan una veintena de tuertos, a causa de esas balas de goma, varios pies y manos arrancados, por explosión de las granadas lacrimógenas. Y los mandos policiales llevarán ante la historia la inconmensurable responsabilidad de haber acatado semejantes órdenes provenientes de una exigua minoría dirigente que, para salvar sus privilegios, no duda en deshonrar la Nación ante el mundo, en mutilar, en golpear, en humillar a los mismos ciudadanos que tiene la obligación de proteger y gobernar. Infinidad de testimonios gráficos muestran a policías apuntando, sin necesidad alguna, hacia lo alto, hacia la cara de quienes se encuentran allí, en la calle que es de todos, para defender el pan y el futuro de sus hijos.

   Tras los antidisturbios se concentran las hordas de la BAC, dispuestas a la razzia por sorpresa, a la fulgurante embestida que golpea con las porras, con las manos, que empuja y derriba con sus cuerpos acorazados por todo tipo de protecciones, que elige a una víctima, sea varón, hembra o adolescente, para echarla al suelo de cualquier manera, con tirón, con zancadilla, de los pelos si se trata de una mujer y ofrece ahí mejor presa, y acto seguido la arrastran por el suelo, la cubren, la esconden de los ojos y los objetivos de los curiosos, le golpean la cabeza contra el suelo, la sujetan con la rodilla, con todo el peso de sus cuerpos, en plural. Finalmente, rodean a los núcleos de manifestantes, los cercan y lanzan las granadas lacrimógenas en medio de ellos.

   Pero hoy en día, una dictadura no puede durar mucho tiempo, aunque se vista con los solemnes ropajes de una pseudodemocracia, de un grosero sucedáneo de democracia, aunque se dote de un formidable y todopoderoso aparato de propaganda, porque existe Internet y unos teléfonos móviles que filman y difunden, en el acto, las escenas que captan, a la ciudad y al mundo.

   La oligarquía, que había creído en el fin de la historia, razón por la cual dejó caer progresivamente una parte de la máscara, algún que otro velo pío que disimulaba su fealdad moral, se ve ahora amenazada en su corazón, en su médula, en el entero templo donde se venera el dios de la falsedad, la propaganda, el mito huero y el egoísmo, de modo que, ante la emergencia, no le importa dejar caer el resto de la careta y hacer un uso abierto y sin tapujos de la violencia mientras conserve el dominio de la fuerza.

   Sin embargo, la culpa de todo ese desacato, de todo ese desorden superlativo, no puede tenerla un solo hombre. Si bien ese hombre, Macron, ha contribuido, con una eficacia temible, mediante fórmulas discursivas absolutamente delirantes, formidables en su irresponsabilidad, mediante una actitud gratuitamente provocadora cuya arrogancia desmesurada sólo puede ser comparada, según declara un periódico británico, con su incompetencia, a echar, no aceite sobre el fuego, por emplear una expresión francesa, sino gasolina, queroseno, sobre una entera sociedad en llamas, sobre una nación que arde por sus cuatro costados, sobre un pueblo inflamado por una razón altamente combustible, precisamente a causa de su elevado grado de verdad y de justicia en sus reivindicaciones.

   No, no basta con un solo hombre para generar tal dimensión en el caos, en la exasperación generalizada, en el enfrentamiento de todos los cuerpos y capas de la sociedad e incluso de sus instituciones. Era menester, además, que estuviera rodeado, como diría un gran escritor latino, de la más espectacular cáfila de mampolones que imaginarse pueda. Jamás en la vida del mundo se ha visto semejante hato de incompetentes acaparar por completo todos los puestos de responsabilidad de una de las grandes naciones del planeta. Se diría que, en razón a la ausencia de un verdadero partido político de solera tras este gobierno, la absoluta totalidad de las altas funciones del Estado, incluidas los ministerios, ha sido acordada a los escolares que, durante las últimas elecciones presidenciales, llamaban a las puertas de las casas para hacer la propaganda electoral por su candidato. De ese candidato que rehusó participar en las primarias de un partido en que jamás había militado y en el que jamás había creído, pero que era útil para medrar y también para enredar. Todo ese pelotón de imberbes, bisoños en política, niñatos malcriados por una cuna de privilegiado, se encontraron, de la noche a la mañana, sin comérselo ni bebérselo, ministros con tal o cual cartera, subsecretarios de esto o de lo otro, consejeros de lo de más allá. Y entre todos han creado, en cuestión de unos meses, la mayor de las crisis que ha estallado en el mundo occidental después de la Segunda Guerra Mundial.

   Lo peor de todo es que están ellos a primera fila para solucionar lo que un hombre de las tripas de un De Gaulle o un Mitterrand quizá no hubiera bastado.

   Cuando esto acabe, ¿cómo no pedir responsabilidades, no ya a este hato de colegiales, sino a las altas instancias de las finanzas y de los medios de comunicación que hicieron posible, a fuerza de millones y de propaganda, que esto llegara a suceder?

   Paralelamente, en las instancias de la Unión Europea, jamás los vientos adversos habían soplado con tanta furia y las elecciones previstas para el 26 de mayo amenazan con desencadenar una tormenta sin precedentes. Los británicos no han podido salir todavía. Se hallan con un pie dentro y otro fuera, en una incómoda situación transitoria que genera una frustración cuyo contorno desborda el de las islas y se propaga al continente. Sin embargo, peor sería que consiguieran al cabo irse y no pasara absolutamente nada. Si bien, la verdadera puñalada trapera, la auténtica catástrofe disgregadora, la constituiría el hecho de que, no solamente no pasara nada, sino que, por el contrario, les fuera bien. Y no digamos si acaso les fuera mejor.

   Los países del Este europeo no toleran ya la inmigración salvaje. Las clases medias del Sur están hartas de pagar impuestos, de no ver los beneficios de los mismos y de empobrecerse a ojos vista. Sólo le va bien a Alemania, a Holanda, Dinamarca y a los países que se han reconvertido en paraísos fiscales. Pero un hombre es un voto y las melopeas, letanías y demás cantinelas de lo políticamente correcto no son tan eficaces como lo fueron antaño, antes de la Revolución del 2018.

La situación es grave.

 

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LAS MÁSCARAS SIEMPRE HABLAN CON ACENTO INGLÉS

PRESENTACIÓN

   Clara Bardés, nieta de un famoso pintor ya fallecido, ha sido contratada para restaurar una serie de cuadros, datando algunos de ellos de la Edad Media, que se conservan en la catedral Notre-Dame de París. Durante una visita que efectúa en solitario a la parte alta del edificio, cuando ya los turistas se han marchado, advierte allí la deforme silueta de Ergaster, un perverso torturador al que creía muerto y de quien hubiera podido ser una víctima más, junto con el profesor Alba Longa, a no ser porque, en el último instante, intervino el comisario Tynianov. La catedral se cerró tras ella y el criminal, que al parecer no la había visto, quedó dentro. Ya en su apartamento, aterrorizada, llamó a Alba Longa y éste se puso en contacto con Tynianov. Entre los tres, tirando del hilo de la presencia en la catedral de este asesino, especialista en la llamada “muerte de los mil cortes,” descubren una terrible conspiración, cuyas funestas consecuencias se prevén para los próximos días.

FRAGMENTO

   El Gran Batracio había comenzado a comprender de qué pasta estaba hecho el huésped que tenía alojado bajo su propio techo. Lleno de cólera, había tomado el teléfono para dar parte a Bemoz de la extrema contrariedad que tales sucesos le habían procurado. Ambos sabían que sus teléfonos no se hallaban intervenidos. Y si por ventura lo estaban, ello no cambiaba en nada la situación. De modo que podían hablarse con toda franqueza e incluso cantarse las cuarenta, si lo consideraban oportuno.

   Bemoz repuso que lo ocurrido no entraba en sus planes y que, en efecto, Agni se les había ido un poco de las manos, había cedido a sus pulsiones a pesar de sus reiterados juramentos de que no lo haría. Sin embargo, la situación se hallaba ahora bajo control. Él personalmente había puesto remedio, de tal manera, que tenía plena convicción de que semejante comportamiento no se volvería a reproducir ni una sola vez. En ese aspecto podía dormir sobre sus dos orejas.

   Por otra parte, no convenía detener el proyecto, tan provechoso para ambas partes, por una cuestión de detalle. Sobre todo, teniendo en cuenta el estado avanzado en que se encontraba. Concretamente en su fase final. Máxime, cuando la dicha cuestión de detalle ya no tiene remedio. Lo único que podía hacerse era atajarla y ya estaba hecho.

   -¿No cree?

   Monseñor Batracio no pudo sino admitir que ello era así.

   -¿Entonces adelante con los faroles -inquirió Bemoz-?

   -Adelante – confirmó el prelado y colgó el teléfono. –

   Sin embargo, su irritación no disminuía. ¿Qué clase de esbirros emplea esta gente? Su Leviatán maneja el garrote, el puñal y el veneno mejor que nadie, pero nunca gratuitamente. Para que él mueva el dedo meñique, tiene que haber una razón y ésta ser pesada con una balanza de precisión. Aparte de que sólo actúa obedeciendo órdenes. Y jamás, que yo sepa, movido por la venganza o acicateado por una provocación. Se trata de un profesional como la copa de un pino. A pesar de su fuerza hercúlea, telúrica diría yo, dudo que sea un animal de sangre caliente. El fluido que corre por sus venas debe ser más frío que el de un caimán.

   Por una vez que se hace una operación conjunta, se ha rozado la catástrofe. Afortunadamente, de Velasco estaba ahí para parar el golpe. Si lo único que hay que lamentar es la muerte de Fabrice, todavía podremos levantar el dedo.

   Después de todo, la pérdida no ha sido muy grande. No era mala persona, pero hay que reconocer que era también un bendito. Por el mismo precio y unas botas, tendremos otro. No hace falta ser una lumbrera para desempeñar ese oficio. Eso sí, es preciso que sea discreto. No importa, al nuevo candidato se le pone a prueba durante tres meses y ya está. Aquí paz y allá gloria.

   Lo que importa es que la causa de la Iglesia avance. Y, ¿por qué no decirlo? La causa de quienes la sirven con devoción y buen sentido. Ni qué decir tiene que el ejemplo idóneo de tal raza de hombres era él, sin ir más lejos.

   Por lo pronto tendrá que pensar en escoger a un cardenal, entre los cardenales adictos a la causa, y bastante entrado en años, para que se siente en el solio de Pedro por un tiempo no muy largo, sólo hasta que este cura, se dijo con toda campechanía, se halle en condiciones de poner sus propias posaderas en él, cosa que, una vez cumplimentado esa especie de golpe de Estado que planea, no tardará en suceder. Al artífice de semejante golpe de timón, que devolverá el poder a sus partidarios, los verdaderos hombres de Iglesia, no le será difícil obtener, en un primer momento, la púrpura cardenalicia y, en un segundo movimiento, la tiara papal. Con Leviatán y la organización que dirige a mi lado, será un juego de niños. Habrá, eso sí, víctimas colaterales, es inevitable, pero París bien vale una misa. En fin, Roma. Aunque sea negra, rio el Batracio con ganas.

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FRAGMENTO DE «LA MANSIÓN DE ENFRENTE»

La mansión de Bardés estaba, con creces, a la altura de lo que había imaginado. La joven Clara salió a abrirle la puerta que daba acceso a la propiedad.
-Pase usted, comandante. Tenga la bondad de seguirme.
Clara lo condujo a una vasta galería acristalada situada en el extremo opuesto del edificio, donde lo aguardaban Bardés y Alba Longa, sentados en confortables sillones. Había dos más alrededor de una mesilla, sobre la cual una bandeja de plata presentaba varias botellas de diferentes licores. Schluter se preguntó qué papel desempeñaría ese señor Longa en la familia cuando se hallaba, a hora tan temprana, en el hogar. A pesar de su innegable apostura, descartó, por cuestiones de edad, que fuera la pareja de Clara. No tenía constancia que ésta se hubiera asociado con nadie. ¿Por qué iba a hacerlo, teniendo el formidable apoyo financiero de su abuelo? Además, ayer parecía entrar por primera vez en la galería de Villefranche. Acaso sea un experto en quien la familia confía, a pesar de que Bardés no es precisamente bisoño en el oficio y la nieta ha demostrado poseer una competencia notable, cualidad tanto más meritoria cuando se tiene en cuenta su juventud.
-Si lo desea, puede entregarme su impermeable –sugirió Clara.-
El pintor y su acompañante se levantaron para cumplimentar a Schluter. Clara hizo las presentaciones:
-Mi abuelo, Jacobo Bardés, y el profesor Alba Longa, que ya conoce.
-Encantado.
-Pero tome asiento, comandante. ¿Desea beber algo?
-No gracias.
-¿Acaso un café?
-Si no es molestia…
-Por supuesto que no.
Jacobo Bardés en persona se puso a verter el contenido de una cafetera previamente preparada en unas tacitas de porcelana de Sèvres.
-Presumo –rompió la primera lanza Jacobo Bardés- que el renovado interés de la policía por los bocetos de Brik arranca de los luctuosos acontecimientos sobrevenidos en la persona del jardinero Vergari.
-La O.C.B.C. viene ocupándose desde hace muchos años de una vasta operación de falsificación de obras de arte que tiene su epicentro en Francia y que pone en circulación apócrifos de una extraordinaria perfección. Tanto es así que los más prestigiosos expertos no dudan en validarlos. Evidentemente el caso Vergari atrajo nuestra atención sobre estos bocetos que surgieron, convendrá conmigo, en circunstancias, cuanto menos, curiosas. Se trata de tener el espíritu tranquilo en lo que se refiere a su autenticidad. Dado que, tras la venta del lote, el suyo es el que más cerca queda, hemos considerado conveniente, si usted nos lo permite, comenzar por el análisis del mismo.
-Por supuesto. Aunque, como usted comprenderá, no hicimos una compra de esa envergadura a la ligera. Por lo que a mí se refiere, he hecho mi persona en la pintura y, modestia aparte, considero que algo entiendo en la materia. Aun así, solicitamos confirmación a varios de entre los mejores especialistas a nivel internacional. Con lo cual quiero decirle tan sólo que abordo este peritaje con serenidad.
Schluter adoptó una actitud grave y con ella se concentró en terminar el café mediante un par de sorbos. Hecho lo cual, se levantó de su asiento.
-Permítanme que les muestre algo.
El comandante se afanó poniendo la maleta plana en el suelo, descorriendo la cremallera y eligiendo algo en su interior. Finalmente extrajo un curioso cilindro negro, al que quitó la tapa y, con sumo cuidado, sacó a la luz una tela.
-Supongo que la reconoce, señor Bardés.
-Por supuesto, se trata del “Baño de Quirón”. Lo pinté hará unos cinco años.
-¿Tendría la bondad de estudiarlo detenidamente y decirnos si lo admite como suyo?
Bardés se volvió hacia su nieta.
-Clara, ¿podrías traerme un caballete y la lupa, por favor?
Cuando tuvo la tela bien montada sobre el armatoste de madera, lupa en ristre, el pintor se puso a efectuar la tarea que le habían solicitado. Primero prestando atención a cada detalle, en todas las zonas del cuadro. Luego, bajando el instrumento óptico, tomó campo, juzgó la luminosidad, el efecto de los colores, el impacto de la pieza. El examen había durado un buen momento, pero al cabo Bardés parecía satisfecho.
-No hay duda, es el “Baño de Quirón”.
Schluter sonrió.
-Ahora hágame el favor de examinar este otro.
El comandante sacó otro tubo negro y de él un cuadro exactamente igual al primero. Un nuevo “Baño de Quirón”.
Bardés lo contempló intensamente, antes de pedir a Clara un nuevo caballete, que colocó enfrente del primero. El pintor realizó en primer lugar una inspección similar a la anterior. Luego, armado de su lupa de gran aumento, iba de un cuadro a otro como una veleta en un día tormentoso. Al cabo, visiblemente desconcertado, exclamó:
-Yo diría que ambos son el “Baño de Quirón”.
-Pero usted sólo pintó uno.
-Naturalmente.
-Difícil determinar cuál es el verdadero y cuál el falso, incluso para usted, que es el autor.
Bardés parecía su futura estatua de cera. Pero todavía no se daba por vencido. Se lanzó a verificar un detalle, que enseguida iba a cotejar en el cuadro frontero y así iba de uno a otro como va una abeja de flor en flor. Al final tuvo que rendirse.
-Los dos son iguales. No sabría decir cuál de los dos es el mío.
-Estamos ante un falsificador genial –concluyó Schluter.-
Luego añadió:
-Y prolífico. Desgraciadamente.
Poco después, en un compartimento especial del banco, ambos especialistas se volcaron en un examen particularmente riguroso del boceto de “Night-time” que duró cerca de una hora. Tras el cual llegaron a la conclusión compartida de que nada había en él que permitiera alimentar una objeción seria a la atribución del mismo a Brik. Pero, ¿quién sabe?

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