EL SECRETO DEL «HIEROS GAMOS» ENCERRADO EN UNA NOVELA QUE NADIE LEE.

     

      Hace algún tiempo publiqué en este blog una reseña del primer volumen de “El cáliz y la espada” que llevaba como título “De repente esa luz” en la cual manifesté mi perplejidad ante ciertos aspectos curiosos de esta novela. Más tarde surgió el segundo volumen titulado “Aunque camine por el valle de sombra de muerte” en referencia al salmo 23 en que figura este versículo: “Aunque camine por el valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estás conmigo; tu vara y tu cayado me infunden aliento.” En esta segunda parte continúa haciéndose referencia a la llamada “Mesa de Salomón”, conocida también con los nombres de Tabla o Espejo de Salomón–, una leyenda que cuenta cómo el rey Salomón escribió todo el conocimiento del Universo, la fórmula de la creación y el nombre verdadero de Dios: el Shem ha-meforash, que no puede escribirse jamás y sólo debe pronunciarse para provocar el acto de crear, supuestamente depositada en el segundo templo de Jerusalén, trasladada luego a Roma cuando Tito lo destruyó en el año 70 y guardada primero en el templo de Júpiter Capitolino y después en los palacios imperiales. Cuando los godos saquearon Roma en el año 410, fue llevada a Carcasona, como parte del «Tesoro Antiguo», y luego a Rávena, para salvarla de los ataques francos. En 526 la reclamó el rey Amalarico, y Teodorico, rey de los ostrogodos, se la devuelve. Cuando Alarico II tuvo que abandonar Tolosa, la capital de los visigodos, en el año 507, perseguido por los francos, para refugiarse en España, la llevó consigo. Se supone que, tras el asesinato del rey en Barcelona, la Mesa fue trasladada con el resto del tesoro, que se instaló en Toledo (nueva capital), concretamente en las llamadas Cuevas de Hércules. Parece lógico suponer que, ante la posibilidad de que cayera en manos de los conquistadores musulmanes, sus custodios le hicieran emprender un viaje hacia el norte, hacia Oviedo, en un primer momento, y quizá más tarde hacia Francia o cualquier otro reino cristiano, al abrigo de tal amenaza. Este tema de la Mesa ha sido frecuentemente puesto en relación con las leyendas del Santo Grial y con las del ciclo artúrico, en las que, como es de dominio público, se menciona la Tabla redonda, que podría no ser como se la suele imaginar.

   Éste sería, en apariencia, el tema principal de la novela pues, de hecho, los personajes de la obra, representantes de las principales facciones políticas de la época, se enfrentan, bajo la atenta mirada de Carlomagno, para apoderarse de tan importante objeto. Sin embargo, tras el tema de la Mesa, se oculta otro no menos misterioso y cargado de connotaciones e implicaciones místicas: el del “hieros gamos”, del griego antiguo hieros, sagrado, y gamos, unión o relación sexual, designando en la mitología una unión sagrada entre dos divinidades, o entre un dios y un ser humano. La hierogamia se sitúa en un cuadro simbólico, a menudo ritual, que asigna a la actividad sexual un significado místico, la unión sexual de los dos principios divinos, el masculino y el femenino. Trazas de tal visión se encuentran en la mitología celta y germánica, así como en el gnosticismo que atribuye a la reunión del principio masculino y el femenino uno de los más altos fines de la existencia espiritual del ser humano. En el Evangelio según Tomás, apócrifo cristiano surgido de la biblioteca de Nag Hammadi, leemos (logión número 7): “¿Iremos nosotros al Reino? Jesús les dice: Cuando hagáis el dos Uno… a fin de hacer el macho y la hembra en uno solo.”

   Carl Gustav Jung, en su obra “Cuatro arquetipos”, cuando habla de los aspectos positivos del complejo de la madre, escribe lo siguiente: “No hay conciencia sin discriminación de los opósitos… Nada puede existir sin su opuesto; los dos fueron uno en el principio y serán uno de nuevo al final… Conflicto engendra fuego, el fuego de los afectos y emociones, el cual, como cualquier otro fuego, tiene dos aspectos, el de la combustión y el de la creación de luz. Por una parte, la emoción es el fuego alquímico cuyo calor trae todo a la existencia y cuyo ardor quema lo superfluo y lo convierte en cenizas. Pero por otra parte, emoción es el momento en que el acero se encuentra con la piedra y surge la chispa, por eso la emoción es la principal fuente de la conciencia. No hay cambio de la oscuridad a la luz, o de la inercia al movimiento, sin emoción… Lo que parece una convulsión sin sentido se convierte en proceso de purificación… La conciencia la transforma (a la mujer) en liberadora y redentora.”

   He aquí el verdadero tema, secreto, o más bien sepultado por palabras, de la novela. Cuantos tratan de pronunciar el nombre de la divinidad inscrito en la Mesa, fracasan y mueren. Sin embargo, los iniciados en el misterio, recogen los beneficios, pues lo pronuncian a dos y son un hombre y una mujer.

   Tal vez el misterioso autor-narrador quiera sugerirnos que toda plegaria, toda fórmula mágica, debe ser pronunciada de este modo para que haya verdadera creación. Aunque, después de todo, sólo se trata de una novela, es decir, una obra de ficción, que, si acicateado por la curiosidad desea leer, puede encontrarla aquí:

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