De vuelta al punto, novela de la memoria, la disidencia y la forma

   En un panorama literario saturado de relatos de fácil consumo, De vuelta al punto, de José Alemany Puig, irrumpe como una obra exigente, lúcida y hondamente moral. Tercer volumen del ciclo Crónicas de Sajará, esta novela confirma que todavía es posible narrar la memoria colectiva desde la inteligencia formal y la intensidad ética. Con un estilo que remite a los grandes exploradores del lenguaje narrativo —Rafael Chirbes, Juan Benet o Almudena Grandes—, Alemany construye una ficción donde la verdad no se proclama: se indaga.

   La novela alterna tres registros narrativos: los cuadernos manuscritos del padre y del abuelo Colliure, y una voz externa que, desde la distancia justa, organiza los fragmentos. Este juego polifónico no busca alardes estructurales, sino poner a prueba las distintas versiones de la historia. En De vuelta al punto, cada testimonio se confronta con otro, y cada memoria privada se mide con la colectiva. Así, la verdad se convierte en un proceso, no en un dogma.

   La trama se sitúa en una pequeña ciudad de provincias, donde José Colliure vuelve a ganarse la vida como taxista tras rechazar los favores del régimen franquista. En los cafés y casinos locales, su oposición pública lo enfrenta a viejos amigos, a la sospecha y, finalmente, al aislamiento. Su resistencia no es heroica ni panfletaria: es civil, cotidiana, articulada en gestos y silencios. En esa mirada moral sin retórica reside gran parte de la fuerza de la novela.

   Sobre esa base realista se superpone una trama de intriga. El asesinato de Rosendo Palacios y las pesquisas del sargento Calatayud introducen una dimensión de novela negra que funciona como motor ético: cada crimen es una pregunta sobre la responsabilidad. La investigación desplaza continuamente las hipótesis —¿venganza política o pasión amorosa? — y, con ello, desnuda los mecanismos de la verdad manipulada. Lo que parece un “caso resuelto” se revela como una escenificación calculada por Santiago Palau, hijo del antiguo alcalde republicano ajusticiado: un hombre que, en su afán de justicia, termina construyendo un teatro del engaño.

   En el fragmento final, el lector asiste al desenlace de esta maquinaria narrativa: los cuerpos, las cartas, los informes, las lluvias y los silencios se encadenan con una precisión casi forense. Cuando la verdad por fin emerge, lo hace demasiado tarde. La claridad llega con el cese de la lluvia, bajo un cielo estrellado que más que iluminar, sentencia.

   Nada en la escritura de Alemany es accesorio. Su prosa, densa pero respirable, está hecha de frases largas, minuciosas, que combinan la elegancia con la exactitud. Los espacios —el casino “La Linterna”, el marjal, las calles encharcadas— actúan como testigos de la conciencia. La lluvia persistente, que empapa el relato de principio a fin, es metáfora de una España que aún no ha secado sus heridas. La novela demuestra que el estilo puede ser una forma de ética: escribir con precisión es también resistir a la mentira.

   De vuelta al punto es, además, una novela de herencias cruzadas. Tres generaciones —abuelo, padre e hijo— narran, recuerdan y corrigen el pasado. Esa estructura coral transforma la saga familiar en espejo de la historia del país: cada voz reescribe la anterior, y en esa relectura se articula la posibilidad de una verdad compartida. La memoria, aquí, no es una acumulación de recuerdos, sino un acto de responsabilidad.

   Lejos de las reconstrucciones nostálgicas o de los discursos de revancha, Alemany propone una literatura que observa y razona. La presencia de diarios, cartas y confesiones no es un recurso estético, sino una declaración de principios: si la sociedad se edifica sobre silencios, la literatura debe ser el lugar donde esos silencios se rompen. Como señala Paul Ricœur, recordar es también interpretar; y esta novela se mueve justo en ese territorio donde la memoria se vuelve conocimiento.

   En tiempos de polarización y de relatos fáciles, De vuelta al punto defiende que la memoria sigue siendo un espacio de inteligencia. Releer la posguerra no implica abrir viejas heridas, sino aprender a mirarlas sin temor. Alemany Puig convierte la narrativa en un laboratorio moral: un lugar donde la verdad se busca con el rigor del historiador, la sensibilidad del poeta y la paciencia del juez.

   En definitiva, De vuelta al punto no solo continúa una saga literaria; reivindica una tradición: la de los escritores que entienden que narrar no es adoctrinar, sino pensar. Y en esa apuesta por la memoria como forma de lucidez, José Alemany Puig firma una de las novelas más sólidas y necesarias del presente panorama español.

https://books2read.com/ap/nlkMyA/JA-Puig


Descubre más desde ALBA LONGA

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario