El confabulador de Ginebra: la novela que revela lo que nadie se atreve a contar

¿Hasta dónde estarías dispuesto a llegar para descubrir la verdad? El confabulador de Ginebra no es sólo una novela: es un viaje al corazón mismo de las conspiraciones que marcaron la historia reciente de Francia. los casos Clearstream, elf, las fragatas de Taiwán o rhodia dejaron tras de sí un rastro de intrigas políticas, maniobras financieras y escándalos que aún hoy siguen resonando en los tribunales y en los titulares.

Inspirándose en ese magma real, la novela construye un thriller implacable en el que banqueros, ministros y ejecutivos juegan una partida sin reglas. Paul Reitzenstein, heredero de una dinastía financiera, se convierte en el epicentro de una lucha feroz donde nada es lo que parece y cada alianza encubre una traición. Reuniones secretas a medianoche, expedientes desaparecidos, fortunas que cambian de manos en cuestión de horas: el lector avanza página tras página con la sensación de asistir a un secreto prohibido.

Lo que diferencia a El confabulador de Ginebra de otras novelas del género es su estilo. Con imágenes poderosas y un ritmo que combina la tensión del thriller con la densidad literaria, el autor logra que el lago de Ginebra, los despachos alfombrados y las mansiones vigiladas se conviertan en personajes por derecho propio. No es sólo una historia de poder: es una experiencia sensorial que envuelve al lector en un ambiente de sospecha constante.

Si disfrutas de novelas donde el suspense político se mezcla con el retrato psicológico de personajes complejos, El confabulador de Ginebra es tu próxima lectura imprescindible. Una obra que nos recuerda que, en la frontera entre la verdad y la mentira, siempre hay alguien dispuesto a mover los hilos.

¿Estás preparado para adentrarte en la conspiración?

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Un cadáver en Sajará: literatura, misterio y crítica social en una novela singular

En el pequeño y ficticio municipio de Sajará, próximo al Mediterráneo, se abre un relato que se mueve entre la novela policíaca, la reflexión literaria y la crítica social. La historia comienza con un hallazgo inquietante: un escritor, especialista autodidacta en literatura del siglo XVIII, aparece muerto en su despacho. Es la empleada de la limpieza quien descubre el cadáver.

El inspector Néstor Páramo se hace cargo de la investigación. Todo apunta, según el equipo forense, a un suicidio. Sin embargo, la rutina del protocolo policial exige que no se dé nada por sentado. A través de Páramo, el lector conocerá poco a poco tanto al escritor fallecido como a una joven rusa de extraordinaria belleza, encargada de la limpieza, cuya figura se convertirá en clave del relato.

Una vida entre la erudición y el aislamiento

El difunto no era un académico al uso. Nunca asistió a la universidad, ni concedió entrevistas, ni participó en congresos. Fue un autodidacta radical y solitario, que, desde la clausura de un vetusto caserón familiar, se abrió paso hasta convertirse en una referencia internacional en el estudio de la Ilustración hispánica. Su misantropía y su reclusión extrema lo hicieron un personaje enigmático, casi fantasmal.

En los capítulos centrales, un flashback devuelve la voz al propio escritor. El lector descubre entonces una existencia marcada por dos cargas: una deformidad física visible y, más inquietante todavía, la convicción —sostenida por hechos perturbadores— de ser portador de un “mal de ojo” fulminante, que golpea con la muerte a quienes lo hieren o lo rechazan. Para un hombre culto, racionalista y conocedor de la Ilustración, admitir semejante superstición es inaceptable; pero la acumulación de sucesos parece apuntar a lo contrario.

El choque con la belleza

El equilibrio precario de su mundo interior se rompe con la llegada inesperada de Lizavetta, una joven rusa que sustituye temporalmente a la vieja ama de llaves enferma. La muchacha, dotada de una belleza excepcional, encarna para él tanto la amenaza como la atracción.

El escritor sabe que, si ella llegara a manifestar el menor gesto de repugnancia hacia su figura, podría ser su sentencia de muerte. De ahí nace un dilema obsesivo: protegerla significa ocultarse a toda costa. El relato se convierte entonces en un juego de luz y sombra dentro del caserón, donde cada encuentro frustrado incrementa la tensión narrativa.

Una ciudad, un caserón, una atmósfera

La casa familiar en ruinas, descrita como un buque varado en la sombra, se convierte en un escenario cargado de simbolismo. Es un espacio dual: por un lado, oscuro, lúgubre y clausurado; por otro, atravesado fugazmente por destellos de luz que encarnan la posibilidad de redención.

El pueblo de Sajará, con sus supersticiones, su jerarquía social basada en la tierra y un trasfondo ideológico todavía arcaico se erige como un microcosmos crítico de la provincia profunda española, donde persisten estructuras de poder y mentalidades tradicionales.

El regreso del inspector

El último capítulo devuelve al lector al presente de la investigación. El inspector Páramo, siempre atento a las apariencias, alberga dudas sobre Lizavetta. Sin embargo, la irrupción de un notario cambia el rumbo del caso. No obstante, el verdadero desenlace se halla unas líneas más abajo, en un final abierto que interpela directamente al lector.

La obra no cierra con respuestas definitivas, sino con la exigencia de que el propio receptor se convierta en juez, completando el sentido del relato.

Una novela para leer con calma

Esta novela no es únicamente una intriga policíaca. Es también una exploración psicológica y social, una meditación sobre la soledad, la deformidad, el poder devastador de la superstición y la violencia latente en comunidades cerradas.

Su estilo privilegia el mostrar antes que contar, con abundancia de diálogos tensos y escenas cargadas de atmósfera. La narración alterna perspectivas —el inspector, el escritor, la joven rusa— para ofrecer al lector un mosaico rico y sugestivo.

Por qué leerla

  • Porque combina lo mejor de la novela negra con la introspección literaria.
  • Porque cuestiona la frontera entre razón ilustrada y superstición ancestral.
  • Porque presenta personajes profundamente humanos, contradictorios y memorables.
  • Porque, al cerrar el libro, el lector se queda con la pregunta final, obligado a reflexionar y reconstruir la trama en su mente.

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«EL MISTERIOSO CANDOR DE LOS TRENES» (lectura recomendada)

   En una suntuosa mansión colgada de un acantilado, sobre el mar Mediterráneo, aparecen dos cadáveres. Son marido y mujer. Están sentados ante una mesa espléndida, con mantel y servilletas de un blanco impecable, sin que falten los candelabros, los más delicados manjares, vinos y champán. Se habían vestido de punta en blanco para lo que tenía todo el aspecto de una cena romántica. Sin embargo, se habían envenenado el uno al otro. ¿Por qué no de común acuerdo o mediante la intervención de un tercero? Pues porque en ambos casos lo más lógico habría sido utilizar un solo veneno para los dos. Y allí se habían utilizado dos tósigos distintos y dificilísimos de obtener, tanto el uno como el otro. Pero ello planteaba una dificultad: la coincidencia temporal en el paso al acto. ¿Cómo, sin previo acuerdo, se les ocurrió a los dos hacer lo mismo, en el mismo momento? Al inspector Páramo sólo se le ocurría una pista: la noche anterior se había producido el fenómeno conocido como luna roja.

   Interviene un flashback y un cambio de espacio radical. Nos trasladamos a Buenos Aires donde un joven detective da sus primeros pasos en la investigación criminal bajo la tutela del inspector Esteban Mendoza, el cual, por primera vez en su vida, se halla en un callejón sin salida pues, con toda su ciencia y experiencia, no es capaz de echar el guante a un asesino en serie que suele actuar en los alrededores de la Estación de Retiro. Este asesino parece pasar por debajo de todos los radares. Y hay otra cosa que desconcierta particularmente a Mendoza. Las víctimas son atrozmente mutiladas en lugares donde mucha gente debía haber escuchado sus gritos y no fue así.

   Paralelamente, se desarrolla otra acción. Una abuela de la Plaza de Mayo investiga todavía sobre el paradero de sus hijos, los padres de Donato, el nieto que la policía le permitió conservar. La compañera de Donato se obsesiona porque cree conocer la identidad del asesino de Retiro. Según ella, es su vecino de arriba, Mario Aventino.

   Todo va a concluir en la lujosa mansión del principio, habitada ahora por otra pareja.

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Desentrañando la Novela Negra en el Laberinto Postmoderno Literario.

La novela negra, género literario que se sumerge en los misterios oscuros y las tramas intrincadas, ha encontrado un terreno fértil en el complejo paisaje del postmodernismo. En este artículo, exploraremos la fusión única de elementos de suspense, crimen y metaficción que caracteriza a la novela negra dentro del contexto postmoderno.

El postmodernismo, con sus raíces en la segunda mitad del siglo XX, desafía las convenciones narrativas establecidas y cuestiona la naturaleza misma de la realidad. En este contexto, la novela negra no sólo adopta los elementos clásicos de detectives y crímenes, sino que también juega con la naturaleza misma de la narrativa y la verdad.

Así pues, asistimos durante este período a un intento de deconstrucción del género y a la introducción del fenómeno de la metaficción en la novela negra. Uno de los aspectos más intrigantes de la novela negra postmoderna es su tendencia a desmantelar las expectativas del lector. Autores como Paul Auster en «La Trilogía de Nueva York» o Jorge Luis Borges con sus relatos detectivescos experimentan con narradores poco confiables, tramas entrelazadas y la noción de que la verdad es subjetiva. Cabe mencionar otros ejemplos significativos, los cuales comparten, por cierto, un rasgo común, el caos en la ciudad o en la comunidad en que transcurre la acción del relato:

1. «El nombre de la rosa» de Umberto Eco

Esta obra maestra postmoderna combina elementos de novela histórica, thriller y misterio. Eco teje una trama detectivesca en un monasterio medieval, desafiando no solo las normas del género sino también explorando conceptos filosóficos profundos.

2. «El Gran Vidrio» de Sergio Pitol

Pitol, maestro del relato corto y la novela negra, incorpora elementos de la cultura popular y la crítica literaria en su obra. «El Gran Vidrio» es una amalgama de misterio, cultura pop y experimentación narrativa.

3. «Blanco Nocturno» de Ricardo Piglia

Piglia, en su novela «Blanco Nocturno», desdibuja las líneas entre el género policial y la reflexión posmoderna. La historia de un crimen en una pequeña ciudad argentina se convierte en una exploración de las capas de la historia y la memoria.

La novela negra, dentro del paradigma postmoderno, se convierte así en un fascinante laberinto literario. Los autores desafían las normas, juegan con las expectativas del lector y exploran las complejidades de la verdad. En este cruce de géneros y realidades, la novela negra postmoderna ofrece una experiencia única que invita a los lectores a cuestionar no sólo quién cometió el crimen, sino también la naturaleza misma de la realidad en la que se comete. En este sentido no podemos dejar de mencionar el caso de “Crónica de una muerte anunciada”, de Gabriel García Márquez en el que sabemos desde el principio quiénes son los asesinos y cómo cometieron el crimen, ahora bien, el interés de la novela se halla justamente en el análisis de la realidad en que se comete el asesinato, lo que no impide que constituya una obra maestra del género negro y que se devore con fruición.

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El Enfrentamiento Secreto entre la Iglesia y la Masonería: Un Velado Conflicto a lo Largo de la Historia.

El enfrentamiento histórico entre la Iglesia y la Masonería ha sido un tema oculto bajo capas de misterio y especulación. A medida que exploramos este enfrentamiento secreto, nos adentramos en un mundo donde las sombras danzan entre las piedras antiguas de catedrales y los salones de logias masónicas.

Los masones se consideran los Guardianes de la Luz o Arquitectos del Secreto. La Masonería, una sociedad fraternal que se remonta a los gremios de constructores de la Edad Media, ha sido envuelta en misterio y teorías de conspiración. Sus rituales secretos y símbolos enigmáticos han alimentado las sospechas de la Iglesia a lo largo del tiempo.

Desde los primeros días de la Masonería, la Iglesia expresó desconfianza. Las ideas ilustradas y el deseo de libertad individual promovidos por la Masonería entraron en conflicto con la autoridad eclesiástica. El caso de los Illuminati en el siglo XVIII avivó las llamas de la paranoia, llevando a la Iglesia a condenar a la Masonería.

A lo largo de la historia, la Iglesia emitió edictos y bulas papales contra la Masonería. En 1738, el Papa Clemente XII emitió la primera condena formal. La Inquisición también desempeñó un papel, persiguiendo a aquellos que eran sospechosos de tener vínculos masónicos.

Durante la Revolución Francesa, la Masonería fue vista como una fuerza impulsora detrás de los cambios sociales y políticos. La Iglesia condenó estos movimientos, considerándolos amenazas a su poder e influencia.

En el siglo XX, algunos líderes eclesiásticos adoptaron posturas más conciliatorias. El Concilio Vaticano II (1962-1965) expresó una actitud más abierta hacia otras religiones y organizaciones, incluida la Masonería. Sin embargo, la desconfianza persistió entre algunos sectores conservadores de la Iglesia.

Enfrentamiento Actual entre la Iglesia Católica y la Masonería: Entre Dogmas y Secretos

El enfrentamiento entre la Iglesia Católica y la Masonería ha evolucionado a lo largo de la historia, y en el contexto actual, ciertos sectores de la Iglesia mantienen una postura de desconfianza hacia la Masonería. Este enfrentamiento no solo está arraigado en las diferencias históricas, sino que también se nutre de percepciones contemporáneas y de la tensión entre dogmas religiosos y secretos masónicos.

En el siglo XXI, la Masonería sigue siendo vista por algunos sectores de la Iglesia como una entidad incompatible con la ortodoxia católica. La divergencia en términos filosóficos y dogmáticos sigue siendo un punto de conflicto. La promoción de la libertad individual y la búsqueda de la verdad por parte de la Masonería choca con la autoridad doctrinal y dogmática de la Iglesia.

A pesar de ciertos esfuerzos de reconciliación, algunos sectores conservadores de la Iglesia continúan emitiendo declaraciones oficiales desaconsejando la participación de católicos en la Masonería. La excomunión automática de los católicos que se unen a logias masónicas sigue siendo una realidad en algunos lugares.

En la Iglesia, las posturas conservadoras a menudo consideran a la Masonería como una fuerza secular que promueve valores contrarios a la fe católica. La falta de transparencia en las ceremonias masónicas y la percepción de secretismo alimentan la desconfianza.

La Iglesia católica busca preservar y promover su doctrina, manteniendo la fidelidad a los dogmas y ejerciendo influencia moral en la sociedad. Cualquier entidad que represente una amenaza perceptible contra estos objetivos es vista con sospecha.

La Masonería, por otro lado, aboga por principios de fraternidad, igualdad y libertad individual. Su enfoque en la iluminación personal y el pensamiento crítico choca a veces con la estructura doctrinal y la autoridad de la Iglesia. Sin embargo, su impermeabilidad, su elitismo, su secretismo, la posible pérdida de la independencia individual una vez se ha entrado en ella, la vasta red de influencias que utiliza, en cierto modo, como si fuera una mafia más y que le permite manejar la práctica totalidad de las instituciones, así como su compromiso político con la plutocracia, que ésta utiliza para afianzar su omnímodo poder, despiertan una desconfianza generalizada entre quienes todavía creen en la democracia y en la igualdad de oportunidades de todos los ciudadanos, sin distinción de medios y de clase social.

En un mundo que ha experimentado cambios significativos en términos de valores y percepciones, este enfrentamiento sigue siendo un recordatorio de las tensiones entre las instituciones que buscan preservar tradiciones centenarias y aquellas que abrazan ideales más contemporáneos.

El enfrentamiento actual entre ciertos sectores de la Iglesia Católica y la Masonería refleja las complejidades de reconciliar la fe arraigada en tradiciones con un mundo que abraza la diversidad de pensamiento y la exploración personal. A medida que ambos campos buscan avanzar sus objetivos, el choque de filosofías y valores persiste, dejando este enfrentamiento en constante evolución en el tejido de la historia religiosa y social.

Si bien la relación permanece tensa en el siglo XXI, lo cierto es que se han producido ciertos intentos de diálogo. La relación entre la Iglesia y la Masonería sigue siendo complicada. La excomunión automática de los católicos que se unen a logias masónicas no se derogó hasta 1983.

El enfrentamiento entre la Iglesia y la Masonería es tan antiguo como complejo. A medida que avanzamos en el siglo XXI, estas instituciones siguen siendo guardianes de sus respectivas tradiciones y secretos, las sombras del pasado perduran, y la naturaleza exacta de su relación permanece envuelta en misterio.

Este enfrentamiento secreto, una danza entre la luz y la oscuridad, continúa dejando su marca en la historia, recordándonos que incluso en el mundo de lo sagrado, las intrigas y los secretos pueden florecer.

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El Laberinto de la Falsificación en el Arte Contemporáneo: Entre la Creatividad y el Engaño.

El mundo del arte contemporáneo, fascinante y en constante evolución, se encuentra a menudo enredado en el intrincado laberinto de la falsificación. Este fenómeno, que se ha intensificado con la creciente valorización de obras maestras modernas, plantea preguntas críticas sobre la autenticidad, la originalidad y los límites de la creatividad.

En el arte contemporáneo, la pintura, en particular, se ha convertido en una frontera difusa entre la autenticidad y la imitación. Pintores sutiles, pero menos conocidos a menudo caen en el juego de imitar a los grandes maestros, mientras que los estafadores aprovechan esta oportunidad para crear falsificaciones hábilmente elaboradas.

Con los avances tecnológicos, la falsificación en el arte ha alcanzado nuevas alturas. Desde la replicación exacta de pinceladas hasta la imitación de texturas y papeles específicos, los falsificadores contemporáneos utilizan herramientas avanzadas para crear copias que desafían incluso a los ojos más agudos.

La línea entre el artista menos conocido y el estafador virtuoso a menudo se desvanece. Algunos artistas menos destacados recurren a la falsificación como un medio para obtener reconocimiento, mientras que los estafadores hábiles se sumergen en el mundo del arte, estudiando estilos y técnicas para engañar incluso a los expertos más avezados.

El mercado del arte contemporáneo, con su voracidad por las obras maestras, a veces se convierte en cómplice de este juego peligroso. La alta demanda y los precios exorbitantes pueden cegar a los compradores y a los mismos intermediarios, permitiendo que obras falsificadas entren en colecciones prestigiosas.

La autenticación de obras de arte contemporáneo se ha convertido en una tarea monumental para los museos y expertos. Los desafíos radican en la sofisticación de las falsificaciones y la presión constante para adquirir nuevas piezas. El debate sobre qué es más importante, la autenticidad o el valor artístico, sigue siendo un tema candente.

El arte contemporáneo, con su enfoque en la innovación y la experimentación, se enfrenta a un desafío significativo en el creciente problema de la falsificación. Navegar por el laberinto de la falsificación no solo requiere vigilancia por parte de los compradores y expertos, sino también una reflexión más profunda sobre los valores que impulsan el mercado del arte contemporáneo. ¿Es la autenticidad la única medida del valor artístico, o debemos reconsiderar nuestra definición de lo auténtico en este apasionante mundo creativo?

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«La araña negra»: Una mirada crítica hacia los jesuitas y el maquiavelismo eclesiástico.

  

   En la vasta obra literaria de Vicente Blasco Ibáñez, encontramos una novela que destaca por su carácter polémico y provocador: «La araña negra». Esta obra, escrita con una pluma afilada y provocativa, expone abiertamente el anti jesuitismo y el anticlericalismo del autor, al tiempo que nos sumerge en un mundo donde el maquiavelismo y la intriga eclesiástica son los protagonistas. A través de los personajes principales, especialmente el padre Claudio, Blasco Ibáñez nos confronta con las sombras ocultas detrás del poder eclesiástico y sus siniestras manipulaciones.

   En «La araña negra», la crítica hacia los jesuitas se hace evidente desde las primeras páginas. Blasco Ibáñez, con su estilo incisivo, nos presenta a estos religiosos como figuras maquiavélicas y manipuladoras, cuyo único objetivo parece ser el afianzamiento y la expansión de su poder. El autor expone los métodos y estrategias utilizados por los jesuitas para alcanzar sus fines, revelando una imagen turbia y oscura de la orden religiosa.

   Uno de los protagonistas principales de la novela, el padre Claudio, encarna la perfidia y la duplicidad en sus formas más despiadadas. Este personaje se presenta, bajo una máscara de mirífica bondad, como un hombre ambicioso y sin escrúpulos, dispuesto a utilizar cualquier medio para alcanzar sus objetivos. Blasco Ibáñez nos sumerge en la mente retorcida del padre Claudio, mostrándonos cómo manipula a las personas a su alrededor y cómo teje una red de engaños y maquinaciones para asegurar su influencia y poder dentro de la Iglesia y, sobre todo, dentro de la sociedad.

   A lo largo de la trama, el autor nos confronta con la corrupción moral y espiritual que permea el mundo religioso representado en la novela. Los jesuitas son presentados como una orden que se mueve en las sombras, utilizando su poder e influencia para maniobrar los acontecimientos en beneficio propio. Blasco Ibáñez desafía abiertamente las figuras sagradas y nos muestra el lado oscuro del clero, denunciando la hipocresía y el abuso de poder presentes en la institución eclesiástica.

   «La araña negra» se alza como una obra literaria que revela la visión crítica y provocadora de Vicente Blasco Ibáñez hacia los jesuitas y el poder eclesiástico. A través de su pluma afilada, el autor pone en tela de juicio la moralidad y la ética de quienes, al amparo de una sotana y de los más sublimes principios, no dudan en apropiarse de las fortunas ajenas a mayor gloria de Dios.

   El autor nos invita en las páginas de esta obra a reflexionar sobre la manipulación y la corrupción allí donde menos se la espera, en el ámbito religioso, tan proclive a la lección moral, al tiempo que nos muestra la faceta más oscura de los jesuitas y su influencia en la sociedad. Mediante el personaje del padre Claudio, el autor nos sumerge en un mundo de intrigas y engaños, confrontándonos con las sombras ocultas detrás de la fachada de la Iglesia.

   En última instancia, «La araña negra» nos incita a cuestionar el poder y la autoridad en todas sus formas, a examinar críticamente las instituciones y a no aceptar ciegamente las apariencias. Blasco Ibáñez nos reta a explorar los claroscuros del poder eclesiástico y a mantener una mirada vigilante sobre las manipulaciones y los intereses ocultos que pueden socavar los principios fundamentales de la fe y la moralidad.

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LA NOVELA NEGRA FRANCESA

En síntesis: la novela negra francesa evoluciona desde la recepción del hard-boiled estadounidense hacia una tradición propia, marcada por el polar y la crítica social.

Historia y rasgos del polar francés

La novela negra es un género literario que ha cobrado mucha importancia en la literatura francesa en los últimos años. Con su enfoque en la investigación y el misterio, la novela negra ha capturado la atención de los lectores y ha demostrado ser un medio efectivo para explorar temas profundos y relevantes en la sociedad francesa.

Además de ser entretenidas, las novelas negras ofrecen una visión críptica de la sociedad y la política francesa, y muestran la complejidad y la ambigüedad de los problemas sociales y políticos actuales, que no son pocos. La literatura negra es, en efecto, un medio excepcional para examinar las preocupaciones contemporáneas, incluyendo la corrupción, la justicia social, el racismo y la identidad cultural.

Otro aspecto importante de la novela negra francesa es su capacidad para combinar elementos de misterio y suspense con una narrativa robusta y personajes complejos. Los autores franceses son conocidos por su habilidad para crear tramas intrincadas y personajes densos y cautivadores, lo que les permite explorar temas profundos de manera accesible y atractiva para los lectores.

El género negro también ha sido un importante medio de influir en la cultura popular y el pensamiento político en Francia. Muchas novelas negras han sido adaptadas a películas y series de televisión, y han contribuido a la formación de opiniones y debates públicos sobre temas importantes.

La novela negra cuenta en este país con una larga y rica historia que se remonta a la década de 1920. Durante este período, los escritores de dicha nacionalidad comenzaron a experimentar con el género, creando tramas complejas y personajes enigmáticos que capturaron la imaginación de los lectores.

Uno de los primeros exponentes de la novela negra francesa fue Georges Simenon, cuyas obras, protagonizadas por el famoso detective Jules Maigret, establecieron las bases para el género en Francia. Simenon se destacó por su habilidad para crear tramas intrigantes y personajes oscuros, y su influencia en la literatura negra francesa es innegable.

A lo largo de las décadas de 1950 y 1960, la novela negra francesa experimentó un renacimiento, con escritores como Frédéric Dard y Michel Zévaco, produciendo obras influyentes en el género. En particular, la obra de Dard, conocido como el «maestro de la novela negra francesa», introdujo elementos de humor y sátira en el género y estableció un nuevo estándar en la literatura negra francesa.

Desde entonces, la novela negra ha seguido evolucionando y creciendo, con autores como Jean-Claude Izzo, Michel Bussi y Fred Vargas produciendo obras sobresalientes en el género. En la actualidad, la novela negra francesa es un género muy respetado y apreciado, con una gran cantidad de autores y obras que han sido traducidos y difundidos en todo el mundo.

Además, la influencia de la novela negra se ha extendido en este país más allá de las fronteras literarias, con muchas obras siendo adaptadas a películas, series de televisión y teatro. Estas adaptaciones han ayudado a aumentar la popularidad de la novela negra y han contribuido a su evolución y crecimiento.

En resumen, la historia de la novela negra francesa es una historia de evolución y crecimiento, con una larga lista de autores y obras influyentes que han contribuido a su desarrollo y aumento de popularidad. Desde sus orígenes hasta la actualidad, la novela negra francesa ha sido un medio importante para la exploración de temas relevantes en la sociedad y ha capturado la imaginación de los lectores de todo el mundo. Su larga y rica historia ha sido moldeada por muchos de los más grandes escritores de la literatura en esta lengua, que han dejado un legado duradero y han establecido las bases para el género en Francia. A continuación, se presentan algunos de los autores más importantes e influyentes.

Georges Simenon es, como ya se ha apuntado, uno de los primeros y más importantes exponentes. Conocido por su personaje detectivesco Jules Maigret, Simenon ocupa un lugar de honor entre los más grandes escritores de la novela negra de todos los tiempos. Su estilo único y su habilidad para crear tramas enrevesadas y personajes complejos lo han convertido en una figura clave en la historia de la novela negra del país galo, marcando la pauta para su evolución.

Frédéric Dard es otro autor clásico del género que nos ocupa. Conocido como el «maestro de la novela negra francesa», Dard se destacó por su habilidad para introducir elementos de humor y sátira en el género, combinados con una particular habilidad para los aguafuertes, con lo que logró establecer un nuevo estándar en la literatura negra francesa, una patente inconfundible. Sus obras, protagonizadas por el detective San Antonio, han sido traducidas y apreciadas en todo el mundo.

Michel Zévaco es un escritor clásico de la novela negra francesa que tuvo una gran influencia en el género durante las décadas de 1950 y 1960. Conocido igualmente por sus tramas elaboradas y personajes complejos, con los que se inscribe en la más marcada tendencia nacional, Zévaco se ha ganado el respeto y la admiración de los lectores y de la crítica. Su obra ha sido igualmente traducida y apreciada en todo el mundo.

Estos son los autores clásicos de la novela negra que han dejado un legado duradero y establecido las bases para el género en Francia. Con sus tramas misteriosas, personajes enigmáticos, complejos, y estilos únicos, impregnados con una fuerte factura de técnica y experimentación, estos autores han subyugado la imaginación de los lectores y han constituido un medio importante para la exploración de temas relevantes en la sociedad.

Del polar a la investigación contemporánea, estas formas transforman la relación entre crimen y sociedad. La arquitectura del crimen ofrece un marco para analizarlas.

La novela negra ha experimentado una evolución significativa en el actual panorama literario francés. Aunque todavía mantiene algunos de los elementos clásicos del género, los escritores contemporáneos han introducido nuevas perspectivas y enfoques que han transformado el género y lo han llevado a nuevos niveles de complejidad y relevancia social.

Uno de los mayores cambios en la novela negra francesa es la inclusión de perspectivas y voces diversas. En la actualidad, es más común ver escritores que abordan temas sociales y políticos, incluyendo aspectos como la justicia social, la igualdad y la inmigración; los cuales, tratados con el instrumento de la novela negra, se revelan mucho más percucientes y acuciantes que a través de otros medios, a menudo más domesticados y abstractos.

Además, la evolución tecnológica ha tenido un impacto significativo en este género como en muchos otros. Los escritores contemporáneos se complacen en experimentar con nuevas formas de contar historias y utilizan las tecnologías de la información para crear experiencias de lectura únicas y enriquecedoras. Desde la incorporación de elementos de juego e interactividad hasta la utilización de narrativas transmedia, la tecnología está permitiendo a los escritores explorar nuevas formas para narrar de manera innovadora.

La técnica narrativa es, asimismo, un aspecto fundamental de la novela negra francesa y ha constituido una parte integral del género desde sus orígenes. Los autores franceses han utilizado una gran variedad de técnicas narrativas con el objetivo de magnificar el efecto de esas tramas particularmente elaboradas, personajes complejos y atmósferas tensas, que constituyen su marca de fábrica.

Una de las técnicas narrativas más comunes es el uso de múltiples narradores. Este enfoque permite a los autores explorar diferentes perspectivas y puntos de vista, lo que puede agregar profundidad y complejidad a la trama y los personajes. Además, el uso de múltiples narradores también puede asimismo crear tensión y sorpresa, ya que los lectores pueden formarse diferentes opiniones sobre los personajes y la trama.

Otra técnica narrativa importante es el uso de flashbacks y flash-forwards. Los autores galos a menudo utilizan esta técnica para proporcionar información sobre el pasado de los personajes y cómo influyen en su presente. Los flashbacks también pueden crear tensión y suspense al mostrar eventos críticos que pueden tener un impacto significativo en la trama.

El uso de un narrador omnisciente es igualmente una técnica narrativa común. Este enfoque permite a los autores contar la historia desde una perspectiva global y brindar una visión completa de los personajes y la trama. Sin embargo, el uso de un narrador omnisciente también puede crear distancia entre los personajes y los lectores, lo que puede afectar a la emoción y la inmersión en el tejido argumental.

La técnica narrativa es, por consiguiente, un aspecto crucial de la novela negra francesa y ha sido un factor clave en la evolución y éxito de este género literario. Hoy en día, la técnica continúa siendo un aspecto importante de la novela negra francesa y se espera que los autores continúen explorando y utilizando diferentes enfoques narrativos en el futuro, pues son, en general, dados a la innovación formal.

Los autores negros han creado también en esta tradición literaria una amplia gama de personajes memorables y complejos que son característicos del género. Uno de los más comunes en la novela negra de cualquier nacionalidad es, por supuesto, el detective privado o el inspector de policía. Tales individuos a menudo manifiestan una personalidad fuerte y suelen tener un pasado oscuro o una vida personal problemática que los hace aún más interesantes.

El asesino o el criminal también desempeña un papel clave en la novela negra francesa. Estos personajes a menudo son retratados como inteligentes y astutos, con lo que suelen erigirse como el principal obstáculo para el detective o el inspector de policía. También ellos son frecuentemente portadores de motivaciones complejas y pasados traumáticos que explican su comportamiento.

Otro personaje importante en esta modalidad de novela negra es el de víctima o testigo. Estos personajes suelen poseer información crucial sobre el crimen y pueden revelarse como la clave para resolver el misterio. Sin embargo, también pueden hallarse en peligro y ser un blanco para el asesino o el criminal.

Además de los personajes principales, también gustan los autores de presentar una amplia gama de personajes secundarios, como amigos, familiares, compañeros de trabajo y más. Éstos pueden ser, en ocasiones, igual de importantes para la trama y con frecuencia la narración se muestra prolija en su vida personal compleja, que esconde, eventualmente, secretos oscuros.

En conclusión, la novela negra ha sido un género popular y duradero en Francia y en todo el mundo durante muchos años. A pesar de que ha evolucionado con el tiempo, su éxito y su relevancia han permanecido constantes. Entonces, ¿qué podemos esperar del futuro de la novela negra francesa?

En primer lugar, es probable que la novela negra siga evolucionando en este país y adaptándose a los nuevos tiempos y a los cambios en la sociedad. Es probable que los autores continúen explorando nuevas tramas y temas relevantes, como la tecnología, la ciberseguridad y la globalización.

Además, es posible que la novela negra francesa siga explorando nuevos formatos y plataformas. Con el aumento de la popularidad de la literatura electrónica y los podcast, cabe la posibilidad que los autores galos utilicen estos medios para llegar a un público más amplio y diversificar así su alcance.

Otro aspecto importante a tener en cuenta es el impacto de la diversidad y la inclusión en la literatura en general y en la novela negra francesa en particular. Dada la multiplicidad de orígenes étnicos que constituye el tejido social de este país, es más que probable que sus autores sigan abordando temas como la diversidad racial, de género y cultural, y que creen personajes representativos de toda esta gran variedad de colectivos en sus tramas.

En suma, también en este país, y en esta lengua, porque Francia es mucho más que la Francia metropolitana y el mundo francófono incluye múltiples nacionalidades como consecuencia de su pasado colonial, la novela negra goza de una salud rozagante y su futuro es prometedor y está lleno de oportunidades. A medida que la sociedad y la tecnología continúan evolucionando, es probable que la novela negra francesa siga evolucionando y manteniendo su relevancia y su popularidad. Con la exploración de nuevos temas y formatos, así como la inclusión de más diversidad y representación, el futuro de la novela negra francesa se ve brillante.

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LA NOVELA NEGRA NORTEAMERICANA

En síntesis: la novela negra norteamericana nace del hard-boiled y convierte la ciudad, la corrupción y el detective vulnerable en elementos centrales.

El hard-boiled y la tradición norteamericana

La novela negra es un género literario que ha tenido un gran impacto en la literatura norteamericana. Se caracteriza por su enfoque en el crimen, la investigación y la justicia, y ha sido una fuente de inspiración para escritores de dicha nacionalidad desde hace más de un siglo.

La novela negra se originó en Estados Unidos en la década de 1920 con la publicación de «The Maltese Falcon» de Dashiell Hammett. Este libro estableció las bases del género al presentar al detective privado Sam Spade como el héroe que lucha contra el crimen en la ciudad de San Francisco. A medida que el género evolucionó, se desarrollaron nuevos subgéneros, como la novela negra psicológica y la novela negra urbana.

La novela negra ha sido importante en la literatura norteamericana por varias razones. En primer lugar, ha proporcionado una visión crítica de la sociedad estadounidense, mostrando los aspectos oscuros y desconocidos de la vida en las ciudades. En segundo lugar, ha proporcionado una forma de escapismo para los lectores, permitiéndoles sumergirse en un mundo lleno de intriga y suspense. En tercer lugar, ha inspirado a muchos escritores jóvenes a seguir adelante con sus propias carreras literarias.

La novela negra también ha tenido un impacto significativo en el cine y la televisión, con muchas películas y programas de televisión basados en libros de este género. Además, muchos de los escritores de novela negra más famosos, como Raymond Chandler, Dashiell Hammett y Ross McDonald, han sido adaptados para la pantalla grande y pequeña.

En la década de 1930, la novela negra experimentó un gran aumento de popularidad con la publicación de libros como «The Thin Man» de Dashiell Hammett y «The Big Sleep» de Raymond Chandler. Estos libros presentaron a los detectives privados como héroes sofisticados que luchaban contra el crimen en las ciudades de Estados Unidos.

En la década de 1940 y 1950, la novela negra continuó evolucionando con la introducción de nuevos subgéneros, como la novela negra de hard-boiled y la novela negra de procedimiento. Estos subgéneros presentaron a los detectives como héroes duros y cínicos que utilizaban métodos poco ortodoxos para resolver crímenes.

Para estudiar cómo el hard-boiled distribuye información, tensión y punto de vista, continúa con La arquitectura del crimen.

En la década de 1960, la novela negra experimentó un cambio significativo con la introducción de la novela negra de protesta. Estos libros presentaron a los detectives como héroes que luchaban contra la injusticia en la sociedad estadounidense. Además, en este periodo se destacaron escritores afroamericanos como Chester Himes o Walter Mosley, que aportaron una perspectiva diferente y una representación más diversa en el género.

En la década de 1970, la novela negra experimentó un cambio hacia un enfoque más realista y menos melodramático. En esta década se destacaron escritores como Michael Connelly, George Pelecanos, y Dennis Lehane, que aportaron una nueva perspectiva al género y continuaron desarrollando sus subgéneros.

Hasta la actualidad, la novela negra sigue siendo un género popular y en constante evolución.

La novela negra norteamericana ha sido influenciada por una serie de escritores clásicos que han establecido las bases del género y han dejado su marca en la literatura. A continuación, se presenta una lista de algunos de los autores clásicos más destacados de la novela negra norteamericana y una breve descripción de su obra.

  1. Dashiell Hammett: considerado el padre de la novela negra moderna, Hammett es conocido por su serie de libros protagonizados por el detective privado Sam Spade, incluyendo «The Maltese Falcon» (1930) y «The Thin Man» (1934). Sus historias son famosas por su realismo y su enfoque en la investigación y la justicia.
  2. Raymond Chandler: otro gran nombre en la novela negra norteamericana, Chandler es conocido por su serie de libros protagonizados por el detective privado Philip Marlowe, incluyendo «The Big Sleep» (1939) y «Farewell, My Lovely» (1940). Sus historias son famosas por su estilo marcadamente literario y su enfoque en el ambiente urbano.
  3. James M. Cain: autor de «The Postman Always Rings Twice» (1934), «Double Indemnity» (1936) y «Mildred Pierce» (1941), Cain es conocido por su estilo escéptico y su enfoque pasional del crimen. Sus historias son famosas por su realismo y su focalización en el lado oscuro de la humanidad.
  4. Ross Macdonald: autor de la serie de libros protagonizados por el detective privado Lew Archer, incluyendo «The Moving Target» (1949) y «The Drowning Pool» (1950), Macdonald es conocido por su enfoque en la psicología y la investigación. Sus historias son famosas por su realismo y su análisis de la vertiente oscura de la sociedad estadounidense.
  5. Chester Himes: autor de «For Love of Imabelle» (1957) y «Cotton Comes to Harlem» (1965), Himes es conocido por su orientación hacia la experiencia de los afroamericanos en Estados Unidos y su representación de personajes afroamericanos en la novela negra. Sus historias son famosas por su realismo y su hincapié en la justicia social.

Estos autores son sólo algunos de los más destacados de la novela negra norteamericana, y sus obras siguen siendo leídas y estudiadas en la actualidad. Han establecido las bases del género y han dejado una marca duradera en la literatura.

La novela negra norteamericana sigue siendo un género popular y relevante en la actualidad. A pesar de haber surgido a principios del siglo XX, todavía atrae a una gran cantidad de lectores y escritores, y se considera una de las formas más importantes de la literatura contemporánea.

Una de las principales razones por las que la novela negra norteamericana sigue siendo popular es por su capacidad para adaptarse a los cambios sociales y culturales. Los escritores de novela negra contemporáneos abordan temas actuales como la tecnología, la inmigración, el racismo y el feminismo, y ofrecen una perspectiva única y perspicaz sobre estos temas.

Además, la novela negra contemporánea también se ha expandido más allá del género tradicional, incorporando elementos de otros géneros como el suspense, la ciencia ficción y la fantasía. Esto ha llevado a una mayor variedad de historias y personajes, y ha atraído a una audiencia más amplia.

Algunos de los escritores de novela negra contemporáneos más destacados incluyen a Tana French, Karin Slaughter, Michael Connelly, Gillian Flynn y Paula Hawkins. Estos autores han ganado varios premios y han sido bestsellers internacionales, y sus obras han sido traducidas a varios idiomas.

La novela negra también ha encontrado una gran audiencia en formatos televisivos y cinematográficos, muchas series y películas basadas en libros de novela negra, han acaparado muchos éxitos en el último tiempo, como «Mindhunter», «The Killing» y «The Wire», y han ayudado a dar a conocer el género a una audiencia aún más amplia.

Los escritores contemporáneos están adaptando pues el género a los cambios sociales y culturales, ofreciendo una perspectiva única y perspicaz sobre los temas contemporáneos, y esto ha ayudado a mantener el interés en el género.

En cuanto a la factura, la novela negra norteamericana es conocida por su estilo narrativo único, que se caracteriza por una combinación de suspense, tensión y una fuerte atmósfera de misterio. Estas técnicas narrativas ayudan a atrapar al lector y a mantener su interés en la historia hasta el desenlace final.

Una de las técnicas narrativas más comunes en la novela negra norteamericana es el uso del narrador omnisciente. Este tipo de narrador es capaz de conocer los pensamientos y sentimientos de todos los personajes y, por lo tanto, puede proporcionar una visión completa de la historia. Esto ayuda a crear una sensación de misterio y suspense, ya que el lector sabe más que los personajes y puede anticipar los acontecimientos futuros.

Otra técnica narrativa común en la novela negra norteamericana es el uso de flashbacks. Los flashbacks son escenas que se sitúan en un momento anterior al de la historia principal y pueden proporcionar información crucial sobre el desarrollo de la trama y los personajes. Estos flashbacks son utilizados para proporcionar contexto y para ayudar al lector a comprender mejor la historia.

La novela negra también utiliza una técnica narrativa conocida como «no-linealidad», en la que la historia no se cuenta en orden cronológico, sino que se salta de un momento a otro, proporcionando pistas y detalles que ayudan al lector a construir el rompecabezas del caso detectivesco en cuestión.

Otra técnica narrativa importante en la novela negra norteamericana es el uso de un lenguaje preciso y detallado. Los escritores de novela negra utilizan este tipo de lenguaje para crear una sensación de realismo y para ayudar al lector a sumergirse en la historia. Además, el lenguaje minucioso ayuda a crear una atmósfera de misterio y tensión, y aumenta la sensación de suspense.

Los personajes en la novela negra norteamericana son un elemento esencial para crear una historia emocionante y atractiva. Estos personajes son a menudo complejos y llenos de matices, y juegan un papel importante en la creación de la tensión y el suspense que caracterizan este género literario.

El personaje principal en la novela negra suele ser el detective o el investigador. Este personaje es el encargado de resolver el crimen o el misterio en el centro de la historia. A menudo, el detective es un personaje solitario, con un pasado complicado y una personalidad difícil. Es un tipo inteligente, astuto y con un gran sentido de la justicia, pero también puede ser cínico, desconfiado y a veces incluso violento.

El sospechoso o el asesino es otro personaje clave en la novela negra. Es el responsable del crimen o el misterio, y su papel es mantener al lector adicto a la historia mientras se desvela su verdadera identidad. El sospechoso o el asesino puede ser cualquiera, desde un vecino hasta un amigo cercano, y suele tener una personalidad compleja y retorcida.

Los personajes secundarios también son fundamentales en la novela negra. Estos personajes pueden ser víctimas, testigos, familiares o amigos del detective, y pueden proporcionar información crucial sobre el crimen o el misterio, pueden tener un papel importante en la trama y ayudar a desarrollar la historia.

Además, en la novela negra norteamericana, los personajes femeninos son cada vez más comunes y diversos, ya que se están rompiendo estereotipos y se está mostrando a mujeres fuertes, independientes y capaces de tomar decisiones importantes.

Estamos hablando de un género literario con una larga historia y un gran legado, y su futuro parece prometedor. En los últimos años ha experimentado un resurgimiento en popularidad, y se espera que esta tendencia continúe.

Una de las razones del resurgimiento de la novela negra es el aumento del interés en las historias de crimen y misterio. Los programas de televisión y las películas de género negro han sido muy populares en los últimos años, y esto ha llevado a un aumento en la demanda de novelas negras. Además, los escritores de novela negra están empezando a explorar nuevos temas, como la inmigración, el racismo y la corrupción, lo que atrae a un público cada vez más diverso.

Otra tendencia en el futuro de la novela negra norteamericana es la incorporación de elementos de otros géneros literarios. Los escritores están combinando elementos de la ciencia ficción, la fantasía y el terror con la tradicional novela negra, creando historias únicas e intrigantes.

También hay una creciente diversidad en los escritores de novela negra. Los escritores de color, las mujeres y los escritores LGBT+ están ganando cada vez más terreno en el mundo de la novela negra y están aportando una perspectiva fresca y diversa al género.

En cuanto a las tecnologías emergentes, las novelas negras están aprovechando las ventajas de la tecnología para ampliar el alcance de su público y mejorar la experiencia de lectura. El aumento de la disponibilidad de libros electrónicos y la popularidad de las aplicaciones de lectura, están permitiendo a los escritores llegar a un público más amplio y a los lectores acceder a una mayor variedad de títulos.

En resumen, el futuro de la novela negra norteamericana parece prometedor. Con un aumento en la popularidad del género, una mayor diversidad en los escritores y una incorporación de elementos de otros géneros literarios, así como el uso de tecnología para mejorar la experiencia del lector, la novela negra seguirá siendo una forma atractiva, vigorosa y emocionante de contar historias.

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NOVELA NEGRA, DEFINICIÓN

En síntesis: la novela negra es una narrativa criminal centrada no solo en la resolución de un delito, sino también en la violencia, la corrupción, el poder y los conflictos sociales que lo rodean.

Definición y rasgos de la novela negra

La novela negra es un género literario que se caracteriza por su contenido oscuro y tramas criminales. A menudo se centra en temas como el asesinato, la corrupción y la venganza, y suele tener una atmósfera tensa y sombría.

Una de las características más distintivas de la novela negra es su protagonista, el detective o investigador privado, que a menudo es un personaje cínico y cargado de problemas personales, pero a la vez es una persona inteligente y perspicaz, capaz de resolver los crímenes más complejos.

Otra peculiaridad importante es la ambientación, que suele ser urbana y se desarrolla en un entorno hostil y peligroso, donde la violencia y la delincuencia son constantes. La novela negra suele ser un reflejo de la sociedad en la que se escribe, y por ello, suele incluir temas sociales y políticos.

En cuanto al lenguaje, la novela negra se caracteriza por su estilo directo y conciso, que busca mantener al lector en tensión y emocionado hasta el final.

En resumen, la novela negra es un género literario que se caracteriza por sus tramas criminales, su protagonista detective, su ambientación urbana y hostil, y su estilo directo y conciso. Es un género que ha tenido un gran impacto en la literatura y en la cultura popular.

Para profundizar en cómo el género organiza crimen, indicios y conocimiento, continúa con La arquitectura del crimen.

Tiene sus raíces en la literatura popular del siglo XIX, con escritores como Edgar Allan Poe y Arthur Conan Doyle. Sin embargo, fue en la década de 1920 cuando el género comenzó a desarrollarse de manera independiente, con la aparición de autores como Dashiell Hammett y Raymond Chandler.

En la década de 1930 y 1940, la novela negra se convirtió en un fenómeno de masas, y en la década de 1950 y 1960, se expandió a Europa, con la aparición de escritores como Georges Simenon y Agatha Christie.

En las décadas siguientes, el género ha evolucionado y se ha diversificado, incluyendo subgéneros como la novela negra histórica, la novela negra de suspense psicológico, y la novela negra de procedimiento.

En definitiva, la novela negra debe reunir las siguientes características:

  • Ambiente oscuro y cargado de suspense: La novela negra se caracteriza por un ambiente oscuro y misterioso que crea una sensación de suspenso y tensión en el lector.
  • Personajes complejos: Los personajes en una novela negra suelen ser complejos y tener motivaciones ocultas. El personaje principal a menudo es un detective o investigador que intenta resolver el crimen.
  • Descripciones detalladas: La novela negra es un género muy descriptivo, por lo que es importante incluir descripciones detalladas de los personajes, lugares y eventos.
  • Final inesperado: Uno de los elementos clave de la novela negra es el giro inesperado en la trama, que puede cambiar radicalmente la dirección de la historia.
  • Lenguaje y estilo: El lenguaje y el estilo de la novela negra suelen ser precisos, con una gran atención a los detalles.
  • Contexto social o político: Muchas novelas negras se desarrollan en un contexto social o político específico, como el aumento de la delincuencia en una ciudad o la corrupción en una institución.
  • Temas morales y éticos: La novela negra se caracteriza por tratar temas morales y éticos complejos, como la justicia, la culpabilidad y la moralidad.
  • Establecer una trama intrigante: Una trama intrigante es esencial para mantener al lector interesado en la historia. Debe haber un misterio o un crimen que el personaje principal debe resolver.
  • Conclusión satisfactoria: Es importante que la historia tenga una conclusión satisfactoria, donde se resuelve el misterio o se atrapa al criminal.

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EL TRASFONDO POLÍTICO Y SOCIAL DE LA SERIE ALBA LONGA.

   Las Antillas francesas se inflaman. Las imágenes que nos llegan son estremecedoras: coches y edificios ardiendo, piquetes filtrando la circulación en las redondas y disparando con balas reales a la policía, vehículos blindados patrullando por las calles, los molinetes de los helicópteros zumbando en el cielo nocturno y el gobierno que envía fuerzas especiales y unidades antiterroristas para cercenar, según el modo de hacer para el que están entrenados, la rebelión.

   En la metrópoli, periodistas, comentadores, polemistas y demás agentes de la autoridad se precipitan, cortándose los unos a los otros la palabra, para declarar que la situación de esos departamentos ultramarinos no corre el riesgo de transmitirse a la Francia metropolitana. ¿No? ¿Acaso no hemos visto durante tres años consecutivos imágenes similares en esta orilla del Atlántico? ¿No se han inflamado, sábado tras sábado, los Campos Elíseos? ¿No han inflamado de coches y motos ardiendo las avenidas principales de todas las ciudades francesas de cierta importancia? ¿No han dejado tales acontecimientos una triste secuela de tuertos y mancos, como consecuencia de las órdenes terribles que los dos gobiernos de Macron han dado a la policía encargada de la represión?

   ¿Han desaparecido las razones que empujaban a la gente a echarse a la calle? Ni mucho menos. La inflación de los últimos meses, el aumento de los precios del gas, la electricidad, la leña, el pan, por no decir que lo que ha aumentado es todo menos los sueldos, constituyen elementos que nos permiten suputar que la cólera social no solamente no va a disminuir, sino que irá en progresivo aumento, dado que el gobierno no ha hecho absolutamente nada para paliar la situación precaria de la mayoría. Con la excepción de dar marcha atrás en la nefasta reforma de las pensiones, aunque no ocultan en absoluto que se trata únicamente de un aplazamiento, que no renuncian de ninguna manera a ella y que, en cuanto Macron sea reelegido, la implantarán sin el menor remilgo, porque en realidad ya estaba aprobada y tan sólo la llegada de la pandemia paró in extremis el hacha ya levantada por la mano del verdugo.

   La crisis sanitaria atenuó la manifestación del malestar social, pero no lo hizo desaparecer. A pesar de las restricciones y los obstáculos al libre movimiento de las personas, en ningún momento cesaron los tumultos y demostraciones de agravio contra ese poder altivo e hipócrita, manipulador y despreciativo, lobo disfrazado de cordero para mejor sorprender y devorar al pueblo llano, que, por cierto, fue él junto con sus predecesores del mismo palo, quien cortó las asignaciones al hospital público hasta dejarlo exangüe.  

   Dicha crisis sanitaria es, ciertamente, con razón o sin ella, una excusa más para lanzar la máquina del descontento contra la otra máquina de la tiranía, que se sustenta con la propaganda y las armas, sofisticadas, de la policía antidisturbios. Pero no sólo eso, y es que ¿cómo confiar en quienes han perdido todo vestigio de vergüenza y sentido de la honradez, justicia y lealtad? La gente imagina cosas y, a estas alturas, ¿cómo se les puede reprochar que lo hagan?

   En el análisis que hicimos del contexto político francés actual en la serie Alba Longa, particularmente en sus dos últimas entregas, La mansión de enfrente y Las máscaras siempre hablan con acento inglés, creemos no habernos equivocado en el diagnóstico, que, por cierto, no cesa de confirmarse. Macron fue elegido por la élite financiera (Francia entera fue empapelada con la publicidad de ese individuo y ello, ni se hizo gratis, ni constituyó una gratia gratis data), para que hiciera, contra viento y marea, la política ad hominem que los partidos tradicionales, representantes de los derechos de dicha élite oligárquica, se habían revelado incapaces de llevar a cabo. El riesgo era la explosión social en un depósito de gasolina. Y no les tembló el pulso para hacerlo. Ahora bien, las consecuencias podrían ser imprevisibles. Lo que sucede en las Antillas, ni es ciertamente el principio, ni probablemente constituya el final.

   La única solución, a mi entender, es que vuelva el rostro, como el sabio, y mire lo que hizo su predecesor al final de su mandato.

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GABINETE RESERVADO

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DILEMA

   Mauricio de Sully fue, solo, la noche del lunes, a verificar si Fabrice había vuelto. Aun así, incumpliendo la palabra dada a John Temple Graves, no llamó a la policía. Bastantes escándalos envolvían, durante los últimos tiempos, a la Iglesia como para cometer un error por una precipitación no del todo justificada y en relación con un simple sacristán. Si le ha pasado algo al pelagatos este, merecido se lo tiene, porque en el fondo no es más que un capullo. Con tanto tiempo que ha tenido desde que está aquí para hacernos la astracanada de marras y se le ocurre llevarla a cabo justamente en este momento crucial e incluso osaría decir que dramático. Menuda chacota que nos ha preparado el pelafustán. Días antes de lo que va a ocurrir en esta misma catedral, que pondrá al mundo patas arriba, y he aquí que nos manda a la policía, nada menos, a la policía, para que meta las narices en todos los rincones del edificio buscando a este pelaire que Dios confunda. No, si hay gente que tiene definitivamente el don de la oportunidad.

   Irritado, el arcipreste rector se retiró a sus aposentos y, a pesar de todo, durmió sobre las dos orejas.

   Al día siguiente se levantó renovado y sin pensar en lo más mínimo en el asunto. Tras lavarse la complicada cara que era de su propiedad, fue al comedor en busca del desayuno y de los periódicos de la mañana. Como de costumbre, todo estaba ya dispuesto. Se sirvió hasta los mismos bordes un vaso de zumo de naranja recién exprimido y lo bebió de un solo trago. Lo volvió a llenar, pero esta vez, antes de dar buena cuenta de él, como solía, con celeridad y determinación, alargó la mano y echó un vistazo a los titulares del primer periódico. Se quedó blanco. Los globos oculares parecían querer salírsele de sus cuencas y caer, como pelotas de pingpong, sobre la mesa. Todos los diarios llevaban los mismos titulares o parecidos. “Ola de desapariciones en París intramuros. Se han registrado no menos de media docena en veinticuatro horas y la policía sospecha que habrá más.” Luego leyó los detalles: “Según medios oficiales, las desapariciones se han producido todas dentro del radio de acción indicado, aunque en los escenarios más heterogéneos, la calle, el metro, un cine e incluso el interior de una casa particular. Jamás en la historia del crimen se ha registrado una actividad semejante. Toda la policía de París se halla en estado de alerta máxima y se recomienda encarecidamente la mayor precaución, evitando, por ejemplo, desplazarse solo, por lugares apartados y solitarios. Las víctimas no tienen un perfil preciso. Cualquiera puede considerarse en peligro.”

   Monseñor de Sully se quedó anonadado. No por ello dejó de beberse de un trago, como siempre, el vaso de zumo y ponerse entre pecho y espalda el entero desayuno, sin desperdiciar una sola miga.

   Seguidamente fue a buscar la llave del apartamento sacristanesco y efectuar una última verificación.

   Como se lo temía, se hallaba vacío y la cama tan hecha como el día anterior. No ha vuelto, el grandísimo cabrón. Como me haga llamar a la policía y luego no le haya pasado nada, le voy a pegar uno de esos puros… Un puro que ni Fidel Castro habría podido soñar que le fabricaran en el mismísimo país de los puros. Un habano que no lo va a poder sostener con las dos manos el danzante de sacristán que nos ha tocado. Se va a pasar un año tocando las campanas de la catedral, manualmente, a la antigua.

   Regresó al comedor y se puso el móvil delante, sobre el blanco mantel. Negro sobre blanco. Así estaba él de escindido. Si llamo, pongo en peligro algo muy gordo, una operación inaudita y corro incluso el riesgo de atraerme la ira del Inveterado Enemigo, quien podría acusarme de traición. Por otra parte, el plan de la Verdadera Iglesia podría venirse abajo. Y todo por un sacristán. No, si la cosa tiene huevos. Vaya que los tiene.

   En el otro platillo de la balanza está que, si no llamo, dadas las circunstancias, podría incluso verme en el banquillo de los acusados por no prestar auxilio a persona en peligro. Más aún, si el plan, a pesar de todo, sigue su curso y llega a culminarse, tal actitud podría levantar las sospechas de la policía, la que llevaría el caso desde el campo y la perspectiva oficial.

   Mal si ando y mal si no ando. ¿Qué hacer? Porque, cualquiera que sean las circunstancias, siempre hay que actuar, máxime cuando alguien detenta algún tipo de autoridad. Autoridad es responsabilidad. Y ¿a dónde irá el buey que no are?

   Alargó la mano izquierda hacia el móvil. Se iluminó la pantalla y marcó el código de acceso al aparato. A la policía sí, habrá que llamar, pero no a cualquiera. Buscó en su repertorio a la persona adecuada. Dejó caer con cuidado la ancha yema de su dedo índice que podría llamar, si eso fuera posible, a tres contactos contiguos a la vez. El nombre correcto apareció en la pantalla y, a la tercera señal, emergió una voz de bajo profundo.

-Comisario Esteban de Velasco, a sus órdenes, Monseñor.

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FRAGMENTO DE «LAS MÁSCARAS HABLAN SIEMPRE CON ACENTO INGLÉS.»

VIII

   A Bemoz y sus lugartenientes, así como a su equipo operacional y demás miembros de su séquito, se les había asignado como domicilio un palacete en las afueras de París, mientras duraran las operaciones en esa capital.

   Sentado solo, en el porche de su residencia temporal, ante una mesa pantagruélica recubierta de un mantel cegador de tan blanco, devoraba el almuerzo que su cocinero personal, quien le acompañaba en todos sus desplazamientos por los cinco continentes, le había preparado ese domingo. Los camareros acudían periódicamente a retirar los platos vacíos, así como las montañas de espinas y huesos, absolutamente mondos, que el coloso iba dejando a un lado.

   En el perfecto silencio de la mansión, sólo se toleraba la orquesta canora de los alados pobladores de la espesa selva constituida por el jardín que rodeaba el edificio principal.

   De tanto en tanto, se acercaba un criado en librea y rellenaba la copa que nunca debía mostrarse vacía. Entre viaje y viaje, el sirviente se ocupaba en descorchar las diferentes botellas, de vino blanco o tinto, siempre de los mejores y más costosos caldos, en función del programa establecido. Para terminar, una botella de champagne, cuyo valor superaba el salario mensual de un obrero, se enfriaba en la nevera, esperando ser abierta en el momento justo del sofisticado postre.

   Mientras las potentes mandíbulas de Bemoz masticaban los distintos manjares con el poderío y la suficiencia de una máquina hidráulica, su cerebro rumiaba los últimos acontecimientos.

   La idea de aprovechar la aversión notoria del arcipreste rector, Mauricio de Sully, por Viollet-le-Duc se había revelado genial. El resultado producido era algo insólito, impensable, en apariencia contradictorio, y altamente rentable. Los inveterados y enconados enemigos colaborando en una causa común. Eso sí, de manera puntual y transitoria, absolutamente excepcional.

   El arcipreste se había mostrado un negociador intransigente, había regateado en corto, tanto respecto al compromiso formal del Estado para reconstruir con arreglo a un plan preciso, como con relación a la reacción posterior de la Iglesia, colaborativa, sí, pero sólo hasta cierto punto y con limitación en el tiempo. Lo esencial, sin embargo, había sido conseguido, a saber, que no pusiera el grito en el cielo y no llamara, en caliente, a una cruzada. De todos modos, la cabeza principal de la bestia, aunque no la única, la controlamos. Si decidieran incumplir parte de las condiciones, no irían muy lejos.

   Ahora todo está dispuesto. Hacía falta un combustible especial para hacer arder esas vigas milenarias, casi fosilizadas. Agni dispone ya en su tabuco de uno hecho a base de oxígeno líquido y sabe cómo utilizarlo. En pocos minutos, el techo arderá como una tea, iluminando el cielo de París al atardecer. Las estatuas de Viollet-le-Duc han sido retiradas con la doble excusa de ser restauradas y limpiadas, para el vulgo, y la de evitar que causen, con su peso, males mayores al desplomarse, para el arcipreste. Ha hecho falta prometer que no serán repuestas jamás.  

   Los símbolos, no solamente de París, sino de Francia entera, son la Tour Eiffel y Notre-Dame. Cuando los franceses vean esta última envuelta en llamas, se producirá una conmoción nacional equivalente a una declaración de guerra. El país entero se quedará sin respiración y todas las demás preocupaciones y desavenencias pasarán a un segundo plano. El cuerpo social quedará unido como una piña esperando las consignas del jefe de Estado. Adiós al hebdomadario carnaval de los chalecos amarillos. La revuelta será arrancada de raíz, pues nadie sale a berrear por las calles cuando se tiene la respiración cortada. El resto dependerá de la habilidad de los políticos, los cuales, por cierto, recibirán instrucciones sobre la manera de comportarse en su debido momento.

   Asfixiada la revolución en Francia, se extinguirá de inmediato en el resto del mundo. De una vez por todas, sus Amos deberán reconocer lo mucho que vale, lo merecido que se tiene el pan que le dan de comer y los pocos, aunque costosos, caprichos que le conceden.  

   Era la primera vez que Bemoz iba a utilizar su nuevo juguete y, dadas las especiales características de su bautismo de fuego, le había atribuido el nombre de Agni. Y Agni se le quedará para siempre, decidió. Hay algo inefable en el indio que inspira, incluso a él, la bestia surgida de la tierra, un terror sagrado. Desde el principio había intuido que le sería de una gran utilidad. Bajo su férula, no le faltarán las misiones. Habría sido un intolerable desperdicio que se perdiera un individuo así.

   Una vez cumplida su misión, se escapará por las alcantarillas como la rata inmunda y gigantesca que es, sin que nadie lo vea salir de la catedral. Posteriormente, un equipo lo recuperará y lo traerá aquí, donde lo pondré en su funda hasta la nueva operación. Ahora bien, habrá que darle, de vez en cuando, el alimento que necesita, sin lo cual, no se podrá disponer de su lealtad. Para ello existen lugares mucho más apartados que éste y enemigos merecedores de sus cuidados y atención.

   Tras rebañar el hueso de la última pata de cordero, lo chupó ruidosamente y lo dejó sobre el mantel, como si fuera un cuchillo más, un desaforado cuchillo de matarife, agarró una servilleta y la desplegó, secándose con ella primero la boca y la barbilla, alcanzando hasta parte de las mejillas, todo lo cual había acumulado enorme cantidad de grasa y relucía como si la piel estuviera iluminada desde el interior, luego las manos, igualmente pringosas. Tras ello, agarró la copa, que semejaba un cáliz de misa y la vació de un trago.

   Inmediatamente acudió el camarero con las bandejas de los pasteles y el escanciador con el champagne. Bemoz los engullía enteros y bebía más que un saludador. Tras ese camarero vino otro y luego otro y finalmente uno más, hasta que un eructo formidable, atronador, digno del gigante Gargantúa, puso un repentino fin a todo ese ballet de libreas y bandejas y cubiertos de plata y de oro, cesando el ajetreo hasta la noche.    Todos sabían que el ogro se iría a dormir la siesta durante horas y que entonces podrían desabrocharse los últimos botones de las camisas y respirar a pleno pulmón. Mientras el entero cuerpo del edificio temblara con sus ronquidos, podrían disfrutar de un lapso de serenidad. Después todo debía recomenzar para la cena.

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PRIMER CAPÍTULO DE «LAS MÁSCARAS SIEMPRE HABLAN CON ACENTO INGLÉS.» (UNA IMAGEN DE LA FRANCIA DE AHORA MISMO).

I

   Año segundo del reinado de Macron. Tal como habíamos previsto en el libro anterior, Francia se halla bajo el signo del caos y la desolación. Por veinteavo sábado consecutivo, las calles de París y de las principales ciudades de la nación son el escenario de un enfrentamiento, violento y sin concesiones, entre un pueblo y una policía que se ha puesto incondicionalmente a las órdenes de una élite; la cual, mediante un procedimiento antidemocrático y corruptor de un sistema político, ya de por sí defectuoso, ha copado ilegítimamente todos los órganos de poder y no está dispuesta a ceder un ápice ante las masivas protestas de un entero cuerpo social, cuyo nivel de vida ha sido peligrosamente degradado por los distintos gobiernos anteriores,  en los que ella ya dominaba, aunque no con la arrogancia, con la prepotencia, con el desprecio absoluto y sin fisuras que ahora, completamente desinhibida de todo sentimiento humanitario, manifiesta en relación con quienes no tienen más remedio que vivir de un trabajo asalariado.

   La confianza de un pueblo hacia sus instituciones se ha roto irremisiblemente y, en el mejor de los casos, tardará decenios, tal vez generaciones, en recomponerse. La realidad que, hace tan sólo unos meses, las masas no veían, o no querían ver, actualmente aparece con unos contornos tan nítidos y tan deslumbrantes que hieren la vista del contemplador y sólo con una dosis desmesurada, desaforada, de hipocresía y desvergüenza, los medios de comunicación, también bajo la férula de dicha élite que los financia y los posee, creen poder paliar los efectos de tan percuciente, poderosa, revelación; pero con ello no consiguen sino alargar y profundizar el foso que separa al grueso de las masas populares de las fuentes oficiales de información, de toda modalidad de discurso que emane del poder establecido, excepto del que propagan, más o menos libremente, los nuevos instrumentos de comunicación, a través de Internet y la tecnología de última hornada. Por esta razón, muchos periodistas son expulsados violentamente de las manifestaciones.

   Cada sábado, el corazón de las grandes metrópolis francesas, incluida París, se envuelve con el velo de los gases lacrimógenos, del humo de coches y edificios ardiendo; resuenan con el estallido de granadas de dispersión, disparos de LBD, proclamas, consignas, insultos, desafíos, provocaciones; se adorna con los variopintos colores de las más diversas y opuestas banderas, de las garabateadas pancartas y del amarillo colza que, una vez, esas mismas élites, tuvieron la desgracia de imponer, según la astuta patente de corso consistente en efectuar un exhaustivo catálogo de buenas intenciones, con objeto de explotarlas industrialmente y hacer un lucrativo y privativo negocio con ellas. Hoy en día, todo el mundo posee uno de esos chalecos amarillos, por obligación, “per opus”, por necesidad. Y pintan las ciudades de una primavera ácida, color limón o amarillo colza.

   La policía antidisturbios ha recibido la orden de apuntar a la cara de los manifestantes, con el objetivo evidente de sembrar el terror, de acabar con las protestas mediante el arma del espanto y del horror. Ya se contabilizan una veintena de tuertos, a causa de esas balas de goma, varios pies y manos arrancados, por explosión de las granadas lacrimógenas. Y los mandos policiales llevarán ante la historia la inconmensurable responsabilidad de haber acatado semejantes órdenes provenientes de una exigua minoría dirigente que, para salvar sus privilegios, no duda en deshonrar la Nación ante el mundo, en mutilar, en golpear, en humillar a los mismos ciudadanos que tiene la obligación de proteger y gobernar. Infinidad de testimonios gráficos muestran a policías apuntando, sin necesidad alguna, hacia lo alto, hacia la cara de quienes se encuentran allí, en la calle que es de todos, para defender el pan y el futuro de sus hijos.

   Tras los antidisturbios se concentran las hordas de la BAC, dispuestas a la razzia por sorpresa, a la fulgurante embestida que golpea con las porras, con las manos, que empuja y derriba con sus cuerpos acorazados por todo tipo de protecciones, que elige a una víctima, sea varón, hembra o adolescente, para echarla al suelo de cualquier manera, con tirón, con zancadilla, de los pelos si se trata de una mujer y ofrece ahí mejor presa, y acto seguido la arrastran por el suelo, la cubren, la esconden de los ojos y los objetivos de los curiosos, le golpean la cabeza contra el suelo, la sujetan con la rodilla, con todo el peso de sus cuerpos, en plural. Finalmente, rodean a los núcleos de manifestantes, los cercan y lanzan las granadas lacrimógenas en medio de ellos.

   Pero hoy en día, una dictadura no puede durar mucho tiempo, aunque se vista con los solemnes ropajes de una pseudodemocracia, de un grosero sucedáneo de democracia, aunque se dote de un formidable y todopoderoso aparato de propaganda, porque existe Internet y unos teléfonos móviles que filman y difunden, en el acto, las escenas que captan, a la ciudad y al mundo.

   La oligarquía, que había creído en el fin de la historia, razón por la cual dejó caer progresivamente una parte de la máscara, algún que otro velo pío que disimulaba su fealdad moral, se ve ahora amenazada en su corazón, en su médula, en el entero templo donde se venera el dios de la falsedad, la propaganda, el mito huero y el egoísmo, de modo que, ante la emergencia, no le importa dejar caer el resto de la careta y hacer un uso abierto y sin tapujos de la violencia mientras conserve el dominio de la fuerza.

   Sin embargo, la culpa de todo ese desacato, de todo ese desorden superlativo, no puede tenerla un solo hombre. Si bien ese hombre, Macron, ha contribuido, con una eficacia temible, mediante fórmulas discursivas absolutamente delirantes, formidables en su irresponsabilidad, mediante una actitud gratuitamente provocadora cuya arrogancia desmesurada sólo puede ser comparada, según declara un periódico británico, con su incompetencia, a echar, no aceite sobre el fuego, por emplear una expresión francesa, sino gasolina, queroseno, sobre una entera sociedad en llamas, sobre una nación que arde por sus cuatro costados, sobre un pueblo inflamado por una razón altamente combustible, precisamente a causa de su elevado grado de verdad y de justicia en sus reivindicaciones.

   No, no basta con un solo hombre para generar tal dimensión en el caos, en la exasperación generalizada, en el enfrentamiento de todos los cuerpos y capas de la sociedad e incluso de sus instituciones. Era menester, además, que estuviera rodeado, como diría un gran escritor latino, de la más espectacular cáfila de mampolones que imaginarse pueda. Jamás en la vida del mundo se ha visto semejante hato de incompetentes acaparar por completo todos los puestos de responsabilidad de una de las grandes naciones del planeta. Se diría que, en razón a la ausencia de un verdadero partido político de solera tras este gobierno, la absoluta totalidad de las altas funciones del Estado, incluidas los ministerios, ha sido acordada a los escolares que, durante las últimas elecciones presidenciales, llamaban a las puertas de las casas para hacer la propaganda electoral por su candidato. De ese candidato que rehusó participar en las primarias de un partido en que jamás había militado y en el que jamás había creído, pero que era útil para medrar y también para enredar. Todo ese pelotón de imberbes, bisoños en política, niñatos malcriados por una cuna de privilegiado, se encontraron, de la noche a la mañana, sin comérselo ni bebérselo, ministros con tal o cual cartera, subsecretarios de esto o de lo otro, consejeros de lo de más allá. Y entre todos han creado, en cuestión de unos meses, la mayor de las crisis que ha estallado en el mundo occidental después de la Segunda Guerra Mundial.

   Lo peor de todo es que están ellos a primera fila para solucionar lo que un hombre de las tripas de un De Gaulle o un Mitterrand quizá no hubiera bastado.

   Cuando esto acabe, ¿cómo no pedir responsabilidades, no ya a este hato de colegiales, sino a las altas instancias de las finanzas y de los medios de comunicación que hicieron posible, a fuerza de millones y de propaganda, que esto llegara a suceder?

   Paralelamente, en las instancias de la Unión Europea, jamás los vientos adversos habían soplado con tanta furia y las elecciones previstas para el 26 de mayo amenazan con desencadenar una tormenta sin precedentes. Los británicos no han podido salir todavía. Se hallan con un pie dentro y otro fuera, en una incómoda situación transitoria que genera una frustración cuyo contorno desborda el de las islas y se propaga al continente. Sin embargo, peor sería que consiguieran al cabo irse y no pasara absolutamente nada. Si bien, la verdadera puñalada trapera, la auténtica catástrofe disgregadora, la constituiría el hecho de que, no solamente no pasara nada, sino que, por el contrario, les fuera bien. Y no digamos si acaso les fuera mejor.

   Los países del Este europeo no toleran ya la inmigración salvaje. Las clases medias del Sur están hartas de pagar impuestos, de no ver los beneficios de los mismos y de empobrecerse a ojos vista. Sólo le va bien a Alemania, a Holanda, Dinamarca y a los países que se han reconvertido en paraísos fiscales. Pero un hombre es un voto y las melopeas, letanías y demás cantinelas de lo políticamente correcto no son tan eficaces como lo fueron antaño, antes de la Revolución del 2018.

La situación es grave.

 

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LAS MÁSCARAS SIEMPRE HABLAN CON ACENTO INGLÉS

PRESENTACIÓN

   Clara Bardés, nieta de un famoso pintor ya fallecido, ha sido contratada para restaurar una serie de cuadros, datando algunos de ellos de la Edad Media, que se conservan en la catedral Notre-Dame de París. Durante una visita que efectúa en solitario a la parte alta del edificio, cuando ya los turistas se han marchado, advierte allí la deforme silueta de Ergaster, un perverso torturador al que creía muerto y de quien hubiera podido ser una víctima más, junto con el profesor Alba Longa, a no ser porque, en el último instante, intervino el comisario Tynianov. La catedral se cerró tras ella y el criminal, que al parecer no la había visto, quedó dentro. Ya en su apartamento, aterrorizada, llamó a Alba Longa y éste se puso en contacto con Tynianov. Entre los tres, tirando del hilo de la presencia en la catedral de este asesino, especialista en la llamada “muerte de los mil cortes,” descubren una terrible conspiración, cuyas funestas consecuencias se prevén para los próximos días.

FRAGMENTO

   El Gran Batracio había comenzado a comprender de qué pasta estaba hecho el huésped que tenía alojado bajo su propio techo. Lleno de cólera, había tomado el teléfono para dar parte a Bemoz de la extrema contrariedad que tales sucesos le habían procurado. Ambos sabían que sus teléfonos no se hallaban intervenidos. Y si por ventura lo estaban, ello no cambiaba en nada la situación. De modo que podían hablarse con toda franqueza e incluso cantarse las cuarenta, si lo consideraban oportuno.

   Bemoz repuso que lo ocurrido no entraba en sus planes y que, en efecto, Agni se les había ido un poco de las manos, había cedido a sus pulsiones a pesar de sus reiterados juramentos de que no lo haría. Sin embargo, la situación se hallaba ahora bajo control. Él personalmente había puesto remedio, de tal manera, que tenía plena convicción de que semejante comportamiento no se volvería a reproducir ni una sola vez. En ese aspecto podía dormir sobre sus dos orejas.

   Por otra parte, no convenía detener el proyecto, tan provechoso para ambas partes, por una cuestión de detalle. Sobre todo, teniendo en cuenta el estado avanzado en que se encontraba. Concretamente en su fase final. Máxime, cuando la dicha cuestión de detalle ya no tiene remedio. Lo único que podía hacerse era atajarla y ya estaba hecho.

   -¿No cree?

   Monseñor Batracio no pudo sino admitir que ello era así.

   -¿Entonces adelante con los faroles -inquirió Bemoz-?

   -Adelante – confirmó el prelado y colgó el teléfono. –

   Sin embargo, su irritación no disminuía. ¿Qué clase de esbirros emplea esta gente? Su Leviatán maneja el garrote, el puñal y el veneno mejor que nadie, pero nunca gratuitamente. Para que él mueva el dedo meñique, tiene que haber una razón y ésta ser pesada con una balanza de precisión. Aparte de que sólo actúa obedeciendo órdenes. Y jamás, que yo sepa, movido por la venganza o acicateado por una provocación. Se trata de un profesional como la copa de un pino. A pesar de su fuerza hercúlea, telúrica diría yo, dudo que sea un animal de sangre caliente. El fluido que corre por sus venas debe ser más frío que el de un caimán.

   Por una vez que se hace una operación conjunta, se ha rozado la catástrofe. Afortunadamente, de Velasco estaba ahí para parar el golpe. Si lo único que hay que lamentar es la muerte de Fabrice, todavía podremos levantar el dedo.

   Después de todo, la pérdida no ha sido muy grande. No era mala persona, pero hay que reconocer que era también un bendito. Por el mismo precio y unas botas, tendremos otro. No hace falta ser una lumbrera para desempeñar ese oficio. Eso sí, es preciso que sea discreto. No importa, al nuevo candidato se le pone a prueba durante tres meses y ya está. Aquí paz y allá gloria.

   Lo que importa es que la causa de la Iglesia avance. Y, ¿por qué no decirlo? La causa de quienes la sirven con devoción y buen sentido. Ni qué decir tiene que el ejemplo idóneo de tal raza de hombres era él, sin ir más lejos.

   Por lo pronto tendrá que pensar en escoger a un cardenal, entre los cardenales adictos a la causa, y bastante entrado en años, para que se siente en el solio de Pedro por un tiempo no muy largo, sólo hasta que este cura, se dijo con toda campechanía, se halle en condiciones de poner sus propias posaderas en él, cosa que, una vez cumplimentado esa especie de golpe de Estado que planea, no tardará en suceder. Al artífice de semejante golpe de timón, que devolverá el poder a sus partidarios, los verdaderos hombres de Iglesia, no le será difícil obtener, en un primer momento, la púrpura cardenalicia y, en un segundo movimiento, la tiara papal. Con Leviatán y la organización que dirige a mi lado, será un juego de niños. Habrá, eso sí, víctimas colaterales, es inevitable, pero París bien vale una misa. En fin, Roma. Aunque sea negra, rio el Batracio con ganas.

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RESEÑA DE «EL CÁLIZ Y LA ESPADA” “DE REPENTE ESA LUZ”.

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   La fecha de publicación de esta novela en amazon es 26 de febrero de 2020 y en e-Book estuvo disponible de inmediato. Hoy es sólo dos días más tarde y confieso que he devorado esta obra, su lado bueno y su lado menos bueno, todo me lo he zampado en unas cuantas horas. Y no he resistido la tentación de escribir una reseña, porque las cosas que he encontrado quizá me ayuden en mi propia labor de escritor.

   Empecemos por el aspecto menos positivo. Nos encontramos ante una escritura que llama la atención por su facilidad. He comprobado, en el propio amazon, que la anterior obra de este autor, la única publicada hasta ahora, llevaba fecha del 30 de noviembre 2019. Quizá me equivoque, pero apostaría a que esta novela no le ha llevado a su autor más de tres meses para escribirla. Ello no quiere decir que la calidad de la prosa sea mala, antes al contrario, sintáctica y léxicamente posee una corrección absoluta. Más aún, muchos pasajes no se contentan con la corrección, sino que alzan el vuelo hasta una consistencia textual considerable. Pero se nota que el texto ha sido escrito a gran velocidad, lo cual nos da la medida de lo que hubiera podido ser en caso de haber sido elaborado con más parsimonia y acendramiento.

   Otro aspecto que llama la atención es lo que yo considero como una experimentación en relación con un elemento respecto al cual nadie ha experimentado con esa magnitud, me refiero a la noción de autor. No hablo de narrador, sobre el que se ha experimentado a saciedad, sino de autor. Porque aquí no se trata de un simple uso de seudónimo. El libro viene firmado por Bernardo de Worms, mediante una fórmula particular, y como fecha lleva únicamente el año de 2020. Ahora bien, el narrador y protagonista es igualmente Bernardo de Worms quien, en el año 797 de nuestra era tenía 9 años. Nació pues en 788, según lo cual en el momento de publicar su libro tendría la friolera de 1232 años. Esto, obviamente, no se lo cree nadie. Pero claro, la literatura no es una ciencia numérica y exacta. La literatura es esencialmente sugestión y no hay duda de que un tal autor sugiere.

   En tercer lugar, quisiera comentar la extraordinaria potencia y personalidad que adquiere en muchos pasajes la voz narrativa. Una voz, digámoslo enseguida, compleja, pues es la que surge de una conciencia de 9 años, pasada por el tamiz de otra de 1232 años, o los que sea. Esta última emerge a menudo previniendo que cierto comentario no se le debe atribuir al joven Bernardo, sino a un anciano, más viejo de la cuenta. Así, en pasajes como el destinado a ponderar el efecto anímico que produce en el oyente el canto gregoriano en latín, dicha voz se hace gruesa, se eleva, adquiere potencia y poder, como el propio canto que amenaza con hacer estallar las mismas bóvedas de la iglesia. También, justo al final, cuando se describe, con portentosa economía de medios, el estado de los cuerpos de los tres ajusticiados, al día siguiente de la ejecución. Aquí es claramente el viejo, el anciano de los días, el que habla.

   Esa misma potencia expresiva, en estilo directo, aparece cuando se le otorga la palabra a algún personaje en circunstancias particularmente dramáticas, como puede ser el momento en que el abad, exasperado por la cadena de asesinatos, apostrofa con vehemencia la entera comunidad porque, claro está, el asesino o asesinos se hallan mezclados entre esa grey, que es la suya.

   Cabe, asimismo, aclarar que no se trata de una novela policíaca ambientada en el período medieval, al estilo de “El nombre de la rosa.” Allí, Guillermo de Baskerville, era un Sherlock Holmes del siglo XIV. En esta obra sólo hay conatos de lo policíaco cuando, por ejemplo, el guarda de la abadía, Waldo, utiliza un método racional para averiguar quién pudo ser el testigo de la acción con que culminó el episodio de la rata y que era también su objetivo. A partir de ese momento, si Waldo posee o no las cualidades de un buen detective, no se presenta ocasión de saberlo, pues los acontecimientos se van a producir a una velocidad tal que apenas le dan el tiempo suficiente para seguirlos, siempre un movimiento después. Waldo es más bien el “strong silent man”, el hombre que, a base de tenacidad, de puñetazos dados y recibidos, acaba haciéndose con la verdad en un ambiente malsano o tétrico. Es decir, que nos hallamos, de pleno, en el género de novela negra.

   Sin embargo, hay algo más en esta obra. Me refiero a la poderosa revelación mística que produce. Nos hallamos en el sendero abierto por “El código Da Vinci”, pero hemos sido propulsados mucho más allá hasta un terreno pantanoso, ciertamente complicado. Avanzar por él podría reportar consecuencias imprevisibles.

   La descripción del objeto por el que se mata en esa abadía aparece en la Biblia, el viejo Ramiro la recita de memoria y nos dice dónde se encuentra, en qué libro, en qué capítulo y en qué versículos. Se sabe que fue elaborado para permanecer en el Templo de Salomón, y que cuando éste fue derruido fue a parar a Roma, donde engrosó el tesoro del Imperio. Finalmente, los visigodos, tras saquear la Ciudad Eterna, lo trajeron a Toledo. De allí, ante la amenaza musulmana, tuvieron que llevarlo hacia el norte, para que permaneciera en territorio cristiano. De todo ello hay trazas documentales y también leyendas.

   Ese objeto, esa obra de arte, pero también de espiritualidad, parece ser que llevaba grabado el nombre inefable de Dios. Nombre de Poder. La novela no nos dice cuál es ese nombre, pero sí se nos da cierta información sobre el modo correcto de pronunciarlo. Más aún, del modo correcto de pronunciar cualquier texto religioso o mágico. Ahí está la revolución.

   Ahora bien, los que somos curiosos, solemos ir siempre más allá. Si este objeto pertenece a la tradición judía, concretamente a la de la mística judía o cábala, entonces la autoridad suprema es Gershom Scholem. Según este estudioso, el nombre secreto e inefable de Dios es el Tetragama Y.H.V.H y la Torá, para los cristianos los cinco primeros libros del Antiguo Testamento, constituye su exégesis. Pero la tradición prohíbe terminantemente pronunciar ese nombre, por eso se dice que es inefable, o tal vez porque nadie conoce las vocales sobre las que apoyar esas consonantes. En cualquier caso, en la novela esto no basta. Hace falta algo más y ahí está la madre del cordero.

http://bit.ly/3Tnj6k0

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