¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Adónde vamos? Mario Roso de Luna, uno de los teósofos y ateneístas más brillantes e iconoclastas de España, nos sumerge en una de sus obras cumbre; un tratado donde la ciencia de vanguardia de su época, la filosofía trascendental y el ocultismo se dan la mano para desafiar el mayor de los temores humanos: la finitud de la vida.
A través de estas páginas, el autor nos desvela el misterio de los Jinas (o djins), seres astrales, mitológicos y elementales que habitan las entrañas de la Tierra o los lugares más apartados de la presencia humana. Estas entidades, poseedoras de una «cuarta dimensión etérea» que al ser humano ordinario le está vedada, custodian los secretos de la inmortalidad, la juventud eterna y los saberes perdidos de civilizaciones antiguas como la persa, la azteca y la inca.
El libro que mata la muerte no es un simple texto de lectura, sino una guía iniciática. Roso de Luna sostiene que la muerte no es un final, sino una ilusión que puede ser «muerta» o vencida a través del verdadero conocimiento y la evolución del alma hacia esferas inmateriales. Un viaje fascinante por la hipergeometría, el misticismo oriental y las tradiciones mágicas que promete transformar al lector de un simple espectador del mundo a un verdadero conocedor de los misterios eternos.
Puntos clave de la obra:
- El Mundo de los Jinas: Explora la existencia de seres etéreos y dimensiones ocultas que interactúan en secreto con nuestra realidad.
- Rompiendo el velo del materialismo: Una crítica a la ciencia materialista, proponiendo en su lugar una «ciencia integral» y espiritual capaz de responder al enigma de la Esfinge.
- Mitología Comparada: El autor rastrea el mito de la inmortalidad a través de los Tuatha de Irlanda, los magos persas, los secretos aztecas y los orígenes solares de los incas.
Sobre el Autor:
Mario Roso de Luna (1872–1931) fue un célebre astrónomo, periodista, escritor, masón y teósofo español. Conocido popularmente como el «Mago de Logrosán», destacó por sus profundos estudios esotéricos y por traducir al castellano las complejas obras de H. P. Blavatsky, fundadora de la Sociedad Teosófica. Su mente brillante combinó el rigor científico —llegando a descubrir un cometa inscrito por la Academia de Ciencias de París— con una insaciable búsqueda de las verdades ocultas de la naturaleza.
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